
The Oldest: coctelería de autor y tentempiés gourmet en Caballito
Para los vecinos de Caballito es un clásico, para el que pasa de casualidad, un hallazgo. Descubrí un lugar donde tomar y comer bien van de la mano.
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Pensar en Acoyte y Rivadavia es pensar en los puestos de Parque Rivadavia, en la eterna Galería París, en el hormiguero vertical del complejo de cines Village y, un poco más allá, en los encantos del Mercado de Primera Junta. Pero un poco más acá se ubica un bar que, hace 22 años, supo conquistar el corazón de Caballito y aún hoy es motivo de asombro para quienes llegan al salón por primera vez. No es el más viejo pero sí uno de los mejores aliados para rendir culto al buen beber, a la comida que sale rápido pero que se disfruta lento y a la complicidad de un equipo siempre listo para consentir al cliente. Una visita que vale la pena repetir una y otra vez.
Un pub para el encuentro
The Oldest vio la luz en 1985 de la mano de dos socios que habían dejado atrás un boliche bailable. "Esto empezó en Belgrano, en una casita inglesa. Después abrimos también en Caballito: en esa época la gente no salía por el barrio, se iba a otros lugares. Fue el primer bar que abrió en la zona", explicó uno de los dueños. La apertura en Caballito (1991) contaba con la consolidación del deseo de la dupla: "Lo que queríamos hacer era un lugar social, un club que en realidad no es club, pero en el que vos sabés con quién te vas a encontrar al llegar. El bar es eso: un lugar social", agregó.
Salvador, uno de los socios, bromea cuando le preguntamos por el nombre: "Se lo pusimos nosotros porque somos los más viejos" aunque, vale aclarar, estamos frente a un hombre de perfil bajo que debe estar en la mejor parte de la vida: la mitad. La verdadera historia es que, mientras hojeaban un libro de pubs ingleses, encontraron uno que les gustó mucho, que se llamaba The Oldest Inn. Buenos Aires venía alojando bares ingleses e irlandeses desde los tempranos 70 (aunque la década de mayor esplendor fue la de los 90), de modo que el nombre parecía el indicado.
Colección de piezas únicas
Como cualquier bar que se precie de su historia, The Oldest exhibe con orgullo trofeos, perlitas y obsequios de sus mejores momentos y sus más queridos habitués. Entre ellos están las toallas de marcas de cervezas y whiskies que cuelgan del techo de la barra, algunas de ellas regaladas por clientes, otras traídas de viajes hechos por los dueños. Otro souvenir que se ha ganado su lugar en el frente bar es la emblemática corbata negra que el periodista Daniel Malnatti les entregó luego de abandonar CQC. Los carteles y cuadros también son de la partida, aunque lo que más atrae de las paredes son los murales psicodélicos en los que se destacan los de Los Beatles. Ya en el primer piso, que habilitan los viernes y sábados para duplicar la capacidad del bar, se encuentra la que probablemente sea la más legendaria recompensa del lugar: una guitarra de Pappo. "Era amigo de un cliente. Le gustaba el bar. Un día vino con la guitarra y nos la regaló. Habrá sido en el 96". El testimonio le otorga más que un crédito a este también reducto del rock and roll.
Deudora de la imagen de los tradicionales pubs ingleses, la ambientación estuvo exclusivamente a cargo de los dos socios: la barra y el frente bar son dos de sus grandes atractivos y la madera copa cada uno de los rincones. El espacio inferior, dividido en distintos salones reducidos, tiene algo de ese club que comentaba Salvador: uno se siente en un lugar íntimo, rodeado de amigos, aún cuando buena parte de los que asistan sean perfectos desconocidos.
Coctelería de autor
Entre las muchas virtudes de The Oldest se encuentran los tragos de autor, algo que puede resonar a tendencia palermitana pero que acá, lejos de esos pagos, se sirve sin nombre ni apellido y con mucho talento para la mezcla y composición. Santiago, uno de los hacedores de estos mágicos brebajes, nos va mostrando de cerca todas las botellas que llaman nuestra atención: la de Zubrówka (vodka polaco saborizado) abrigada con una piel sintética que simula la del bisonte; la de Frangelico (licor italiano de avellanas silvestres tostadas) con cordón colgante y la de Bear Hug (ron norteamericano infusionado), entre muchas otras. Entre las preparaciones que no figuran en la carta (se usan para infusiones) nos cuenta acerca de los saborizados de la casa: vodka con pimienta de Jamaica o cardamomo y ron con canela o café.
La carta se divide según el tipo de preparación: hay mezclas clásicas (aperitivos y coctails), batidos (Gancia, Tom Collins, Mojito, Pisco Sour, etc.), tragos Frozen (clásicos y de la casa en formato helado) y tragos de autor, los más buscados. El Maracaibo, por ejemplo, lleva maracuyá, naranja, menta, almíbar de jengibre y champagne, una combinación extra refrescante y muy amable para llegar hasta el fondo del vaso largo. El Kiwi Soul, en la misma sintonía frutal, tiene kiwi, jengibre, Torrontés, azúcar y hielo. Otra gran (y empalagosa) creación de The Oldest es el White Love, a base de Absolut vainilla, Amarula, licor amaretto, licor de chocolate blanco, crema de leche y chocolate rallado. El Deep Red, áspero e ideal para coronar una noche de copas, lleva frutos rojos, lima, Malamado Malbec, ron de café y azúcar. La enorme cantidad de cervezas importadas (Leffe, Amstel, Grolsch, Estrella Galicia, Schofferhofer, Boris, Negra Modelo, Kunstmann, etc.) es otra de las bondades etílicas de este bar.
Para acompañar
La cocina está a altura de la barra, no en vano continúa hacia el otro lado del bar. Para empezar, hay que mencionar la colosal hamburguesa, elegida en más de una oportunidad como la mejor de Buenos Aires. Sólo es posible terminarla si se llega con un hambre de más de 5 horas o si se tiene un espíritu comilón de gran capacidad: lechuga, tomate, huevo, queso cheddar y una enorme cantidad de carne sabrosa llegan apiladas dentro de un pan tibio con crocantes papas fritas de lado. Entres las tablas, una picada con historia es "De la banda de los Lunes", en honor a un grupo de 12 amigos que se encuentra en el bar una vez por semana religiosamente: de las tapas que iban pidiendo para acompañar los tragos o la cerveza, crearon una picada digna de una buena amistad: tortilla de papas, rabas, salchicha alemana, jamón crudo, bastones de muzzarella, berenjenas grilladas, montados (champigones gratinados sobre pan tostado) y pan. Entre las tapas, una imperdible es la Geisha de salmón ahumado, roll con topping de guacamole picante sobre limas. Sandwiches los hay de todas las latitudes ("California", "Alemán", "Mediterráneo", "Nórdigo") y calientes de pollo y lomo, además de algunas curiosidades como el "Manolito", de tortilla española en pan árabe (el clásico bocadillo español de tortilla). Para el fin de fiesta no se pueden dejar pasar las tortas caseras (manzana con crema o helado, cheesecake, mousse de chocolate), el postre The Oldest (brownie, helado de crema americana, charlotte o salsa de frambuesa y nuez) ni el banana split.
Despedida con promesa de regreso
Salvador cuenta que hay clientes de hace dos décadas que llegan al bar con sus hijos y otros que vuelven después de muchos años para revivir viejos tiempos. También están aquellos habitués que no necesitan pedir nada: los "oldests" conocen bien sus gustos, preferencias y caprichos. Santiago agrega: "Para mí lo más loco es que de repente llegan a la barra un hombre y una mujer. Vos los ves charlando y te los volvés a encontrar un mes después, pero juntos. Es lindo porque vos sos parte de la relación. Hay muchas historias, pero la confidencialidad de bartender no se puede quebrar". La campana dorada suena a la hora justa, la barra ofrece otra ronda y el bar promete una nueva historia…
Dónde: Juan Bautista Ambrosetti 31
Cuándo: Lunes a jueves de 17.00 a 4.00. Viernes y sábados de 17.00 a 6.00.
Más info:www.facebook.com/pages/The-Oldest
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