Tradición barrial: tres heladerías que suman 170 años de historia
Nacieron en las décadas de 1950 y 1960. Están ubicadas en los barrios, lejos de los grandes focos y polos gastronómicos, pero muy cerca del amor y fidelidad de sus clientes habituales. Son heladerías clásicas porteñas, nacidas de manos de inmigrantes italianos (o hijos de aquellos inmigrantes), que cada día y sin pausa sirven infinitos vasitos y cucuruchos rellenos con deliciosos sabores caseros. Lugares que no cuentan con grandes presupuestos de marketing para comunicar lo que hacen, y que apuestan en cambio a la calidad en ingredientes utilizados, en la atención al público, con constancia a lo largo del tiempo pero aún así sumando la innovación que aportan los nuevos maestros heladeros a cargo. Una herencia que atraviesa generaciones, demostrando que para los argentinos el helado es mucho más que un postre o una golosina. Es parte de un saber cultural y de una gastronomía propia. Hasta el 28 de noviembre, Buenos Aires festeja la Semana del Helado Artesanal, con distintas promociones: entre ellas, un código de acceso a un show exclusivo por streaming de Coti en vivo para quienes compren un kilo de helado en los lugares participantes. Una buena excusa para visitar estas tres heladerías históricas y barriales que, entre ellas, suman más de 170 años de vida.
Coco tostado y chocolate amargo en Napoli
"Napoli la abrió mi papá, José Saladino, en 1954. Papá era el último de diez hermanos, algunos nacieron en Italia pero él ya nació acá", cuenta María José, a cargo de esta heladería del barrio de San Cristóbal. "Estudié Diseño de Indumentaria en la UBA, pero cuando papá decidió jubilarse en 2004 le pedí que me espere dos años para aprender y continuar con el local", explica. No le fue difícil acostumbrarse a estar allí: de chica María José había pasado buena parte de su infancia entre las máquinas de helado, los freezers y las cremas. Uno de sus mejores recuerdos de la infancia es cuando todo su grado de la primaria iba allí para festejar el fin de año. "Es un helado tradicional, como el que me enseñó papá, pero con innovaciones y sabores nuevos. Lo que no cambia nunca es el uso de materias primas de primeras marcas y frutas naturales que compro en el mercado. Para nosotros, colorante y saborizante son malas palabras", cuenta.

Entre las especialidades de la casa está el chocolate Napoli, con nutella y avellanas. Los más vendidos son el dulce de leche granizado, el sambayón y el chocolate amargo. Y, como gran novedad, este año presentaron sabores veganos a base de leches de coco y de avena que elaboran de manera casera. "Tenemos de canela y nuez, coco tostado, chocolate amargo, limón con jengibre, frutilla al agua y caramelo y maní salado. Dan mucho trabajo, pero la respuesta de los clientes fue increíble", asegura María José. "Amo esta heladería. Mi nena del medio, la de siete años, ya se está postulando para trabajar acá. Creo que se viene una nueva generación de maestras heladeras mujeres", culmina.
Dirección: Av. Entre Ríos 1167. Instagram: @heladerianapoli
Vainilla en El Ciervo
Francisco Maccarrone es uno de los grandes protagonistas del helado artesanal en Argentina. Es vicepresidente de la Asociación de Fabricantes Artesanales de Helados y Afines, y es también el fundador de El Ciervo, una heladería de culto en el oeste porteño.

"Nací en Calabria. Hoy, como argentino y también como italiano, estoy muy dolido por la muerte de Maradona. En el fútbol nadie puede discutirle que fue el mejor", dice a pocas horas de enterarse de la noticia. "Abrí El Ciervo en 1967, yo tenía 19 o 20 años. No tenía edad suficiente para alquilar... El contrato lo tuvo que firmar mi papá", recuerda. "Vinimos de Italia, eramos siete hermanos, una familia que huía de un continente sumido en guerras y pobreza. Acá mis hermanos mayores consiguieron trabajo enseguida; para nosotros este país fue un paraíso". Después de 53 años sigue allí la sucursal original en Liniers y se suma una segunda en Villa Luro, con un precioso patio al fondo donde disfrutar los helados de la casa.

Vale la pena probar el pistacho, de color verde tenue sin colorantes. Y una increíble vainilla, diferente a todas. "Es un gusto muy simple, elaborado con huevo, leche, azúcar y chaucha de vainilla de Madagascar. En esa simpleza está su secreto", afirma. También durante esta semana vale la pena pedir uno de los dos sabores reconocidos como los más originales en la edición de la Coppa del Mondo della Gelateria 2020, donde el equipo argentino se consagró con el tercer puesto: el Refragola (frutilla y remolacha a la crema) y el Café Fellini, con café, chocolate con leche y anís estrellado. Tradición y modernidad bien entendidas.
Dirección: Albariño 115 (Villa Luro) y Carhue 124 (Liniers). Instagram: @heladeriaelciervo
Sambayón y café al cognac en Tino
Al fondo del local unas gigantografías recuperan dos artículos aparecidos en antiguos diarios del año 1965. "Parque Centenario de fiesta", decía LA NACION en aquella época. "A dos semanas de su apertura, sigue siendo el lugar más elegido por el público", afirmaba La Prensa. Ambos textos refieren a la Heladería Tino, que mantiene desde hace 55 años el mismo local sobre la Av. Díaz Velez. "El lugar lo fundó el padre de Dante Granata, luego lo manejó él hasta que estuvo muy enfermo. Yo era del barrio, me hice amigo de Dante y compré la heladería en 1999, hace más de 20 años", cuenta Marcelo Bracken, actual dueño de Tino.

"En estas décadas las heladerías cambiaron mucho. Cuando Tino abrió, acá era una zona de casas bajas, no estaban los edificios que se ven ahora, el Parque Centenario era como un campo y las heladerías funcionaban como lugares de encuentro. En el piso de arriba, donde hoy tengo la elaboración, había un reservado con sillones y mesitas. Ahí iban las parejas a tomar copas heladas. En esta cuadra había un Registro Civil, y luego de los casamientos, muchos pasaban por acá para festejar con un helado", recuerda. Con varios colegios cerca Tino mantiene la lógica barrial, generando un sentido de pertenencia entre distintas generaciones de clientes, que llegan en búsqueda del sambayón de la casa. "Lo hago tal como enseñó Dante: en una olla a baño de María va la mezcla de huevo, crema, azúcar y vino marsala. Nada más, sin colorantes ni estabilizantes". Otros sabores recomendados: el pistacho ("lo hacíamos antes, luego lo dejamos de hacer y ahora se puso de vuelta de moda") y el café al cognac, con un sabor tan vintage como delicioso.
Dirección: Av. Diaz Velez 4520 Instagram:@helados_tino
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