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Cuando María Badaro se mudó a la casa donde vive actualmente, solo habitaban el jardín unas pocas flores en algunos canteros y la mayor parte de la superficie estaba cubierta de césped. Ese espacio despojado fue para María un lienzo que despertó en ella la curiosidad y las ganas de intervenirlo y, así, decidió contratar a la paisajista Clara Billoch. Clara interpretó las diversas necesidades de la familia y creó un diseño abierto al movimiento natural de las flores, atenta también al impulso que tomó la dueña de casa en sumar nuevas plantas. En esta nota, ambas describen el proceso de transformación y su mirada acerca de los resultados.
María Badaro, dueña de casa
-Breve descripción del jardín…
-Pienso mi lugar como una conjunción de algo alegre, descontracturado, colorido y diverso que genera sensaciones en la gente que lo habita y visita. Un instrumento para transmitir bienestar y estar más en contacto con la naturaleza, que tanto bien nos hace.


-¿Cuándo y por qué decidiste convocar a una paisajista profesional?
-En 2011, cuando nos mudamos a esta casa, el jardín era 80% césped y tenía algunos canteros en medialuna con iris y una rosa de Jericó en el medio. Hasta ese momento, para mí el jardín era el lugar donde tomar un respiro. Al año de vivir aquí sentí ese llamado de la naturaleza y empecé a ir a lo de Clara Billoch para aprender a cuidarlo. Empezaba un camino sin retorno. En ese entonces, no me animaba a intervenir en el diseño. A veces, es difícil que los argentinos entendamos que sacando superficie de césped y agregando otras (como canteros, caminos, granza) podemos ganar muchísimo. Entonces decidimos contratar a Clara para que diseñara el jardín.
-¿Cuál fue la propuesta?
-Salvo dos o tres requerimientos de mi marido, enseguida nos pusimos de acuerdo. El primer gran paso: la sectorización. En mi opinión, la clave de mi jardín. Con muchísimos buxus se enmarcó la requerida canchita de fútbol, dejando a ambos laterales sectores bien definidos: por un lado, un lugar de granza, donde están ubicados los canteros de pleno sol, y un espacio de sombra bajo el tilo; y por el otro, el sector donde ubicamos los juegos de madera y la cama elástica (que hoy no están más) seguido de un cantero de frutales. En un patio trasero se mantuvo la huerta existente a la salida de la cocina. Se dejaron varios rosales que estaban en la casa y se reubicaron, se agregaron salvias, lirios, verbenas y achileas. Algunas siguen y otras tuvieron que ceder su lugar.

-¿Cómo ves ahora el jardín?
-Es una responsabilidad intervenir en el diseño de otro. Pero como el jardín es movimiento, el mío empezó a moverse, transgrediendo los límites que los flejes imponían. Fue entonces que, solo por tener más superficie para seguir probando (me encanta hacer plantas), empecé a plantar en la granza y a dejar resembrar anuales libremente. Creo que eso es lo que más identidad le da. Muchas flores que van y vienen en el transcurso de las estaciones. Es interesante ver cómo algunos años las protagonistas son las espuelas, otros las amapolas, otros las escabiosas… Y de este vaivén de la naturaleza voy aprendiendo.


-¿Cuál es el mayor acierto?
-Probar. Creo que hay que probar. Un ejemplo de esto es el echium que me regaló mamá hace dos años y decidí plantar en el cantero de agapantos que, parece, florecerá pronto. Y como me encantó, hace poco planté en el mismo cantero otro para que se vaya desarrollando hasta que este desaparezca.

Clara Billoch, paisajista
-¿Cuál fue el pedido o necesidad del cliente?
-María quería un jardín con flores, pero con dos hijos varones chicos y futboleros, había que dejar un espacio libre para ellos.


-¿Cuál fue tu propuesta?
-Un jardín organizado, con un área central libre y despejada para que ellos pudieran jugar, delimitada por líneas de buxus en ambos lados, y un pasillo amplio de binder que conecta casa, parrilla, gimnasio, etc., donde las flores pueden crecer libremente en canteros y ahora en las piedritas también. Ese sector tiene el mejor sol de mañana y casi todo el día. En el otro lado, un poco más sombrío y con sol de la tarde, se ubicaban los juegos de los chicos y un acceso a la pileta también entre plantas.
-¿Qué especies elegiste y por qué?
-El lugar ya tenía algunos árboles que determinaban áreas de sombra y semisombra; allí se plantaron salvias, jazmines, buxus y hortensias. En las áreas más soleadas, donde está el cantero principal, se plantaron herbáceas perennes, gramíneas y bulbos. Todo lo que María fue recolectando en gajos y en su memoria del curso que había hecho el año anterior.


-¿Incorporaste algún elemento extravegetal?
-Me gustan los jardines naturales, donde las protagonistas son las plantas. Si hay elementos extravegetales serán los que sirven para el uso de los espacios, como bancos, fogones, juegos, etc.
-¿Cómo describirías el jardín?
-Un jardín con estructura, pero de contenido muy suelto, con todos los rincones necesarios para que María pueda divertirse, explorar y donde su personalidad se ve hoy muy reflejada, ya que el jardín fue mejorando año tras año gracias a sus intervenciones.

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