
Con adornos sintéticos y en colores poco usuales como el gris, el cobre y el negro, el clima festivo alcanza cada rincón de esta casa en Holanda
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La chimenea de basalto belga tiene frente antiguo y laterales hechos a medida para conservar su carácter señorial. En contraste, el espejo clásico se modernizó con una mano de pintura negra. Arriba, letras de madera que, por tener un diseño y mensaje que trascienden lo estrictamente navideño, pueden mantenerse después de las Fiestas.

Maaike van Haperen, la dueña de casa, tiene su propia línea de muebles y objetos antiguos, Pronck & Praal. Sobre la cajonera –su primera compra en un mercado de pulgas– vasija clásica que pintó en gris mate para darle un toque actual. El enrejado enmarcado (Van Goeden Huize) se usa en esta época para colgar esferas navideñas y pequeñas obras temáticas de su hija Fee. El gran árbol (natural y fresco, como es costumbre en el país) se completa con adornos heredados o hallados en ferias. Al lado, puf tejido (Loods 5) sobre el piso de roble francés desgastado.

Mesa vintage (Le Tresor) con ‘blend’ de sillas compradas en ferias y pintadas de blanco. Camino de mesa de lino y árbol portavelas con brazos móviles (Van Goeden Huize). Sobre el sofá gris grafito (Goossens), manta tejida (Goeden Huize). Como mesa ratona, un baúl antiguo que Maaike pintó exactamente en el mismo tono.

Sobre el mueble de madera que Maaike pintó de gris elefante, una vieja bolsa de estirada como un lienzo en un bastidor y una colección de flechas antiguas que su marido, Focco, compró en un viaje. La impronta navideña se sugiere con un gran candelabro plateado (Pol’s Potten), una estrella de corteza patinada (Van Goeden Huize) y dos portavelas hechos en casa.

Una puerta corrediza de vidrio separa el comedor de la cocina. Diseño de Martens & Dochters, se diagramó con una cómoda isla. Arriba, una estantería construida por el padre de Maaike sirve como exhibidor para su colección de utensilios de cocina, y se convierte en un cálido rincón navideño con una guirnalda de luces y letras sobre el estante. Debajo, muffins caseros y granola hechos y empaquetados por Maaike para regalar.

El piso del pasillo que separa la cocina-comedor de la oficina de Maaike se hizo con calcáreos rescatados de una antigua casa francesa. El banco, que viene de una capilla de la zona, y el maniquí, capricho traído de un viaje, fueron tomados por objetos navideños.


Agrupadas, una mesa angosta blanca, obra del padre de Maaike, y otra gris, comprada a una colega (Yvonne’s Brocante), forman la superficie de trabajo. La lámpara es un clásico diseño de Ingo Mauer comprado por internet (Markplaats).

El papá de Maaike también usó su talento carpintero para construir la cama. A los pies, un baúl antiguo rompe con el blanco. Cortinas de lino (Hennes & Maurits).

La cuna (Bambam) se pintó de blanco para continuar con la línea del piso y el revestimiento del techo a dos aguas. Colgadas, una corona con tul, un vestido y pequeñas zapatillas de ballet (Brocanterie Dèjá Vu) arman una elegante escenografía infantil. Como en el resto de la casa, la impronta navideña se cuela con discreción y naturalidad: un árbol rosa pálido con los adornos preferidos de Fee apoyado sobre las cajas antiguas (Pronck & Praal).

La base para el baño fueron los cerámicos vintage (Martens & Dochters). El estilo se acompañó con una escalera a modo de toallero y un revestimiento de madera en la bañera, realizado por el padre de Maaike. Como detalles de temporada, un pequeño árbol sobre el antiguo mueble de boticario y un velón en el piso. En el descanso de la escalera, dos baúles antiguos que se usan como espacio extra de guardado se vistieron con una guirnalda, un fanal (Van Goeden Huize) y el oso polar de porcelana que Focco compró en una feria.

Texto: Bárbara Orlando.
Features More y Peggy Janssen






