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Decoración

Una casa de inspiración mediterránea donde crecer rodeado de verde

Karina Contini
Gloria Montanaro
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10 de febrero de 2019  

Hace 13 años, cuando vivía en un departamento en Belgrano, la interiorista Cecilia Vassaro tuvo una visión que la incomodó: la de su hija Bianca –en ese entonces de solo 7 meses– creciendo en un entorno saturadamente urbano. Eso impulsó la búsqueda de un terreno donde construir una casa en la que ella pudiese crecer y disfrutar de la naturaleza. "Fue el primero que vi en Parque Leloir. Quedé deslumbrada por las calles con palmeras de más de 100 años. El lugar fue diseñado por Carlos Thays, y no tuve dudas de que era el indicado para este proyecto", dice hoy, más de una década después, y con la compañía de una segunda hija, Jazmín, y dos perros, Ulises y Rosa.

Sensación de descanso en una blanca morada del Mediterráneo es lo que busca transmitir el interiorismo de esta casa.
Sensación de descanso en una blanca morada del Mediterráneo es lo que busca transmitir el interiorismo de esta casa. Crédito: Daniel Karp

La arquitectura y el interiorismo fueron planteados íntegramente por Cecilia, que afrontó con éxito los desafíos que se propuso. Entre ellos, que los 180m2 cubiertos se desarrollaran en una sola planta, darles la mayor cantidad de luz natural posible y dejar de lado los revestimientos típicos.

"Tomé características de las casas mediterráneas, como los nichos en las paredes de un blanco incandescente. Mi hermano vive en Ibiza desde hace años y ese lugar me conmueve cada vez más".

Sobre la alfombra marroquí Beni Ouarain (Kasbah), mesa heredada con esfera de cerámica diseñada por Cecilia para Capricho #5. Lámpara de pie cromada (Iluminación Castelar) y diván antiguo Luis XV, restaurado (Lo de Fermín) y tapizado con lino blanco (Estudio Cecilia Vassaro).
Sobre la alfombra marroquí Beni Ouarain (Kasbah), mesa heredada con esfera de cerámica diseñada por Cecilia para Capricho #5. Lámpara de pie cromada (Iluminación Castelar) y diván antiguo Luis XV, restaurado (Lo de Fermín) y tapizado con lino blanco (Estudio Cecilia Vassaro). Crédito: Daniel Karp

Las puertas, diseño de Cecilia, esconden la tele: "El monolito de la modernidad. Lo detesto. Mi lema es: 'que esté, pero que no se note'"

Cecilia intervino lúdicamente la araña francesa de su abuela con ramas secas. En la chimenea, canasto (Falabella) y espejo redondo (Ignacio Gutiérrez Zaldívar).
Cecilia intervino lúdicamente la araña francesa de su abuela con ramas secas. En la chimenea, canasto (Falabella) y espejo redondo (Ignacio Gutiérrez Zaldívar). Crédito: Daniel Karp

Cecilia quería que el living le provocara ganas de zambullirse en los sofás, por eso eligió piezas grandes, como los negros de cuerpo y medio (Taller de Tapicería Ariel Villordo) con un género lavable y uno tipo camastro (Estudio Cecilia Vassaro) con funda de lino (Ángel Pérez).

Un espacio abierto en el que se suceden funciones y las mejores situaciones: living, comedor con puertas corredizas que lo hacen parte de la galería, y una parrilla interior.

Para evitar una reja clásica –que le daba una sensación sofocante–, la dueña optó por la disposición horizontal. Estas son rebatibles y dan acceso al jardín.
Para evitar una reja clásica –que le daba una sensación sofocante–, la dueña optó por la disposición horizontal. Estas son rebatibles y dan acceso al jardín. Crédito: Daniel Karp

Una lámpara colgante (Iluminación Castelar) sobre una mesa heredada. La zona de la parrilla se suavizó con fanales (Falabella), sillas y sillón de un cuerpo de cuero (Taller de Tapicería Ariel Villordo).

Lo que más me gusta de ser interiorista es lo que surge de la necesidad de cambio. Se trabaja con formas y colores, pero también con palabras y emociones, con la ilusión y el deseo de las personas
Cecilia

Una ampelopsis oficia de cortina natural de la galería.
Una ampelopsis oficia de cortina natural de la galería. Crédito: Daniel Karp

Una picada árabe (Marina Becher) pone de manifiesto la añoranza de la dueña por Marruecos, adonde viajó por primera vez a los 20 años y adonde regresó dos décadas después para decorar un riad.

Junto a la pileta, dos antiguos divanes de mimbre (El Chaniar). “Me conectan con algo de otro siglo, algo romántico y artesanal”.
Junto a la pileta, dos antiguos divanes de mimbre (El Chaniar). “Me conectan con algo de otro siglo, algo romántico y artesanal”. Crédito: Daniel Karp

Tati Provenzano fue la paisajista encargada de armar este horizonte verde que, si bien fue mutando de forma orgánica, tuvo un claro norte inicial: ser un jardín donde crecieran especies del Mediterráneo bien adaptadas a nuestro clima, como la Santa Rita, los laureles de jardín y todo tipo de jazmines, para alargar la época de floración.

En la cocina, un volumen de hormigón que no llega al techo para que el hall tenga luz envuelve la heladera. Detrás de sus pequeñas puertas se abren grandes receptáculos que sirven de despensa, bodega y escondite de microondas.
En la cocina, un volumen de hormigón que no llega al techo para que el hall tenga luz envuelve la heladera. Detrás de sus pequeñas puertas se abren grandes receptáculos que sirven de despensa, bodega y escondite de microondas. Crédito: Daniel Karp

"Se me ocurrió que hubiera una sola mesa y que la cocina dejara de ser simplemente cocina. Quería que todo tuviera las mismas terminaciones, sin diferencia de estatus entre ambientes sociales, de servicio y privados".

Las lámparas galponeras de gran tamaño, la mesa con tapa de mármol y las sillas –una de las incorporaciones más recientes, confeccionadas con un género lavable por Ariel Villordo– forman un conjunto teatral que hace que uno olvide que está en una cocina. Cada uno de los muebles fue diseñado especialmente por su estudio.

Consola de madera (El Chaniar) y canasto con manteles (Falabella). Mesada de mármol de Carrara (Estudio Cecilia Vassaro) y repasadores de lienzo (Philippa Deco Boutique).
Consola de madera (El Chaniar) y canasto con manteles (Falabella). Mesada de mármol de Carrara (Estudio Cecilia Vassaro) y repasadores de lienzo (Philippa Deco Boutique). Crédito: Daniel Karp

"Por lo general, tiendo a que la caja sea blanca; el mobiliario, blanco o negro, y que los colores los den los objetos con historia. Para mí es muy importante que al abrir la puerta te puedas dar cuenta de quién vive allí".

En la suite, antigua alfombra norteña (El Chaniar) y almohadones amarillos de lino y terciopelo (Capricho #5).
En la suite, antigua alfombra norteña (El Chaniar) y almohadones amarillos de lino y terciopelo (Capricho #5). Crédito: Daniel Karp

"En el dormitorio quería seguir respirando el clima mediterráneo. El amarillo vibrante de los almohadones te llena de energía, y su tamaño y textura te dan ganas de hundirte en la cama y relajar".

"Siempre trato de poner los cortinados pegados al techo. ‘Lo más alto posible’ es la frase clave. Como efecto visual resulta excelente porque el ojo lo recorre de punta a punta". En la cabecera de la cama, las opciones eran llenar la pared o ir por la imagen única: "Preferí que se viera más liviano", cuenta Cecilia.

Cuenco turquesa traído de un viaje a Marruecos y sobre de cuero hecho a mano (Punto Calma).
Cuenco turquesa traído de un viaje a Marruecos y sobre de cuero hecho a mano (Punto Calma). Crédito: Daniel Karp

"La mesa de noche era una especie de bar que mi padre tenía en su casa y luego mi madre usó en su taller. Tiene pintura aún, pero amo ese cromado desgastado". El respaldo remachado y la banqueta con capitoné, ambos de cuero, fueron diseñados por el estudio de Cecilia y tapizados por Ariel Villordo. Lámpara con pantalla de lino (Iluminación Castelar).

En el cuarto de las chicas, alfombras en color crudo (Punto Calma).
En el cuarto de las chicas, alfombras en color crudo (Punto Calma). Crédito: Daniel Karp

Una biblioteca central en MDF y un panel divisor le dan un dinamismo particular. Antes tenían el espacio de juego de un lado y del otro dormían juntas; ahora cada una tiene su sector.
Una biblioteca central en MDF y un panel divisor le dan un dinamismo particular. Antes tenían el espacio de juego de un lado y del otro dormían juntas; ahora cada una tiene su sector. Crédito: Daniel Karp

El tono azul ‘Agapanthus’ (Sherwin-Williams) de las paredes contrasta de manera amable con detalles en rosa, como la manta de piel sintética (Philippa Deco Boutique), los almohadones con pompones (Cas a Cas) y las lámparas de cobre (Iluminación Castelar). Las mesas de noche heredadas pintadas de blanco y un caballo de calesita de más de 100 años (El Chaniar) terminan de configurar una atmósfera de ensueño.

“Tener un árbol cerca de la casa causa un efecto precioso. Cambia la luz que entra, y la hace más fresca visual y térmicamente”.
“Tener un árbol cerca de la casa causa un efecto precioso. Cambia la luz que entra, y la hace más fresca visual y térmicamente”. Crédito: Daniel Karp

Con el tiempo, y ante la necesidad de crear una sombra natural, Cecilia plantó un fresno áureo frente a la galería: "Decidí que fuera un fresno porque crece muy rápido y que fuera áureo porque en otoño se pone increíblemente amarillo. Como es caduco, además, en invierno deja pasar todo el sol a la galería".

Esta nota forma parte de nuestro número de enero.
Esta nota forma parte de nuestro número de enero. Crédito: Daniel Karp

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