Una chica difícil

A los 14 años le robó el auto a su padre y se escapó de su casa. Ya mayor de edad, fue encarcelada en varias oportunidades por hurtos y hasta llegó a pegarle a su esposo. Ahora, convertida en una de las estrellas más calientes de la música internacional, la cantante confiesa ser una mujer problemática y lo cuenta todo en su nuevo disco: The Trouble With Being Myself (El problema de ser yo misma)
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9 de mayo de 2003  

LAS VEGAS, EE.UU.- Con apariencia desgarbada, luciendo un simple equipo deportivo de nylon, zapatillas de lona a medida y un anillo de diamantes del tamaño de un ojo en el dedo índice, uno podría no darse cuenta de que Macy Gray está tendida sobre uno de los discos más calientes del año. Pero es así. Aunque acaba de aterrizar en Las Vegas desde Los Angeles para probar el material nuevo por primera vez, luce más fresca que una lechuga, también a pesar de que la aerolínea se las ingenió para perder la mayoría del vestuario que luce en el escenario. Dice que está nerviosa, pero si no se le toca el pulso no hay forma de saberlo.

También hay que tener en cuenta que vive todo esto como algo normal. Vendió ocho millones de copias de sus discos On How Life Is y The ID , que le hicieron ganar un Grammy, un Brit Award y un premio MTV. Se convirtió de la noche a la mañana en una superestrella y en una artista aclamada.

Macy, que se había iniciado cantando clásicos de jazz en el lobby de un hotel en Los Angeles (si bien empezó a hacer música con la idea de atraer al sexo opuesto), pronto se encontró grabando un álbum. Pero como el álbum inicial incluía una rara mezcla de rock y el aporte de su voz no tradicional, no tuvo éxito comercial y Gray fue enviada de nuevo a su casa, donde vivía con su esposo Michael Hines, un cobrador de hipotecas, y sus dos hijos.

Hasta que mientras estaba embarazada por tercera vez de su hija Happy recibió un llamado del sello discográfico Epic que le cambiaría todo. Pero en ese entonces ya se había mudado a casa de su madre en la ciudad de Canton, estado de Ohio, luego de vivir incontables problemas conyugales, y decidió que esperaría a que Happy naciera antes de tratar con otra compañía discográfica.

Y entonces llegó el álbum, con ese tema simple, I Try , que se mantendría en los charts y ganaría un reconocimiento que por lo general los artistas sólo consiguen luego de décadas de trabajo. Con su tercer trabajo, The Trouble with Being Myself (El problema de ser yo misma), Macy demuestra que no había logrado el éxito por casualidad.

-¿Hace cuánto tiempo que vivís en Los Angeles?

-Me mudé en 1995. Los Angeles es una ciudad donde es fácil vivir: tiene un aire sensual. Canton, Ohio, de donde provengo, es exactamente lo opuesto. Hay muy poco atractivo, todo es igual y chato, hay granjas y en realidad no es una ciudad, se parece más a un pequeño pueblito.

-¿Estabas deseando romper con ese pasado?

-Me escapé cuando tenía 14 años. Me la había pasado peleando con mi familia, quería vivir en California y no podía esperar hasta terminar la escuela. Entonces robé el auto de papá para escaparme, pero me atraparon en Kansas y me llevaron de vuelta.

-¿Eras difícil cuando eras chica?

-Mi madre manejó bastante bien la situación. Ella y mi padre aman la vida, pero les gusta meterse en problemas. Y es posible que no se hayan dado cuenta, pero me divertí mucho durante mi infancia.

-¿Eras la traviesa de la familia?

-En realidad era curiosa y siempre fui diferente, no encajaba con el resto. Parecía que veía las cosas de forma diferente y creo que por eso fui un gran desafío para mis padres.

-¿Te gustaba ser diferente?

-Cuando era joven, esto me hacía sentir muy infeliz. Pensaba que algo andaba mal conmigo. Era muy aceptada gracias a mi familia, ellos son muy queridos. Bueno, es una ciudad pequeña y la nuestra es una familia grande, por lo que todos conocen a los Fish, mi apellido materno. Mi abuelo tuvo 21 hijos y por eso todos somos parientes de alguna manera.

-¿También tuviste problemas en la escuela?

-Sí. Llegó un momento en que no me gustaba la escuela y faltaba mucho. Esperaba hasta que mamá se iba y fingía subir al colectivo. Luego volvía a casa y miraba películas todo el día.

-¿Eras inteligente?

-¿Inteligente? Por supuesto, siempre fui muy rápida. La cuestión es cómo está armado el sistema educativo; parece que lo pensaron para que fuera aburrido. La escuela está demasiado estructurada.

-¿Te ves reflejada en tus hijos? ¿Crees que vayan a responder, como vos, al modelo de chicos problemáticos?

-Sí, en ellos hay mucho de mí, pero su situación es distinta. Ellos son muy rápidos y muy conscientes de lo que tienen y del hecho de que la gente los reconoce porque son mis hijos. Aprendieron a sacar provecho de la situación. Por ejemplo, mi querida hija mayor me dijo un día que preferiría que yo no fuera Macy Gray, sin embargo lo superó rápido.

-Estuviste en una prisión, ¿no es cierto?

-No estuve en una prisión, estuve en la cárcel.

-¿Cuál es la diferencia?

-En los Estados Unidos, uno puede ir a la cárcel por un robo menor o por pegarle a alguien, pero la prisión implica más seguridad y ahí cada uno tiene su propia celda. Mientras que las cárceles cuentan con habitaciones grandes donde se vive con unas 30 mujeres más y cada una tiene una litera, como en el ejército.

-¿Cómo fue la experiencia?

-Fue realmente de terror, horrible. No puedo imaginarme pasar ahí más de una semana, eso fue lo más que tuve que estar ahí.

-¿Fue por robar nafta?

-Sí, y porque no me presenté ante el juez. Es horrible, es un lugar inmundo. Tenía miedo hasta de ducharme, tenía miedo de comer.

-Si la pasaste tan mal, ¿cómo fue que terminaste en la cárcel más de una vez?

-Por tonta. Un robo menor... robé un par de veces. Y en gran medida el problema fue que no comparecí ante el juez, se supone que te fijan una fecha y hay que presentarse y si no... perdiste. Es inevitable que te condenen, por tonta.

-Estuviste casada dos años. ¿Qué pasó?

-Nos peleábamos mucho. Y ninguno de los dos aceptaba callarse, ninguno era diplomático y por eso siempre las discusiones terminaban mal.

-¿Es cierto que alguna vez le pegaste un cachetazo a tu esposo?

-Sí, varias veces peleamos.

-¿Alguna vez él te dio miedo?

-No creo que le tuviera miedo a él. Simplemente me cansé de pelear, era muy agotador. Eramos jóvenes y nunca nos poníamos de acuerdo en nada. Nunca pensamos en "¿qué tal si dejamos de pelear?".

-Sin embargo, nunca terminaron en el hospital, ¿no?

-No. Sólo peléabamos. Pero creo que la gente tenía la impresión de que él me tiraba contra la pared y me pegaba hasta derribarme. Los dos peléabamos, si bien él era más grande.

-¿Y cómo te sentiste cuando terminaste y volviste a lo de tu mamá con tres hijos?

-Fue duro. Fue una época deprimente para mí: estaba con mi mamá, y con mis hijos y eso era bueno, pero yo me sentía en las últimas, no sabía qué iba a hacer, porque estaba de regreso en Canton y odiaba eso, y pensaba en ser maestra o algo por el estilo. No es que eso sea malo, pero nunca antes se me había ocurrido. Estaba allí sólo porque no tenía otro lugar a dónde ir.

-Se decía que estabas maníaco-depresiva...

-Según qué quiera decir. Ante todo, es probable que tenga un par de personalidades diferentes. Creé para mí misma unos alter egos diferentes.

- Y esos alter egos, ¿tienen nombres e identidades propias?

-Por supuesto. Porque en la vida siempre me gusta tener opciones. Si una está pasando un mal momento, siempre podés ser otra persona, y es probable que esa persona se sienta bien. Quizá sea un don que tengo.

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