Transformar por completo una construcción antigua y llenarla de luz: ése fue el desafío que una familia resolvió con francesa sofisticación y una cuota de audacia infantil
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Volúmenes soñados, aberturas enormes... ¡Potencial! Eso es lo que vieron el fotógrafo Pascal François y su mujer, Fanny, en esta fábrica de los suburbios de Lille que elaboraba las tradicionales obleas crocantes tan del gusto francés. Con la ayuda del estudio francés Bo Architectures, trabajaron durante tres años en la reforma de la antigua estructura. Demolieron casi todas las divisiones internas de la planta baja y dejaron cocina, comedor y living en relación directa, cosa de tener siempre cerca a sus hijos, Jules y Anouk. Para paliar el frío (piensen que los techos llegan en algunos ambientes hasta los cuatro metros de altura) instalaron una potente caldera, usaron triple vidrio en los ventanales y emplearon aislamiento natural con cal y virutas. La madera, en los muebles, en los revestimientos y en el piso de las habitaciones fue otro factor determinante para sumar calidez. Lo demás es inimitable. No hay colores o nombres propios que predominen: cada elemento parece haber sido elegido especialmente por esta pareja que tiene ojo experto para encontrar objetos en mercados de pulgas y darles un entorno que los haga volver a brillar.
Matías Erráuriz y Pascal François
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