Vende toda la producción. Fabrica combustible con aceite vegetal usado que recolecta de las freidoras de los restaurantes de su ciudad
Bruno Busconi tiene 22 años y usa aceite de los restaurantes de Córdoba capital para generar energía usada para la industria agrícola
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Lo que para la gente común es inservible, para Bruno Busconi es negocio. En 2019 fundó un exitoso emprendimiento de recolección de aceite vegetal usado (lo llama por sus iniciales, “AVU”) que luego convierte en combustible: hace biodiesel. En otras palabras, mientras que el país se paraliza por la escasez de la energía, él la obtiene del aceite de cocina. De las freidoras. Comenzó a recolectarlo de los restaurantes en su pueblo, Mi granja, aunque luego continuó su “cosecha” por locales de Córdoba capital y un sin número de lolcalidades a lo largo de la provincia. “Hoy tenemos alrededor de 250 clientes en la capital, pero también trabajamos con varios municipios de la sierra de Córdoba. Ahora estamos analizando otros horizontes”, contó Busconi a LA NACION.

Bruno Busconi vive en un pequeño pueblo cordobés llamado Mi Granja. El último censo, de 2010, contó 2456 migranjenses. Cada día, de lunes a viernes, viaja 17 kilómetros hasta Córdoba capital para estudiar Ambiente y Desarrollo Sustentable en la Universidad Siglo 21. Todavía le faltan cuatro materias para obtener la licenciatura. A los 19 años, cuando recién comenzaba la facultad, fundó Arquea junto a su compañero, Ignacio Paiva.
En un principio, la empresa iba por otro rumbo: “Mi compañero tenía un biodigestor muy grande, así que producíamos biogás”, reconoce Busconi. En algunas partes del campo, sobre todo en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, este tipo de gas está cobrando mayor importancia porque se procesa a partir del mismo desperdicio que el campo genera. Para producirlo se necesitan unas cámaras gigantes que captan ese gas y que suelen requerir una inversión importante. La elaboración del biodiesel, en cambio, necesita menos capital. “En un momento, Nacho puso su energía en otros temas, lo del gas se cayó y le pedí el nombre para empezar el proyecto del biodiesel”, contó.

Negocios de familia
La idea de producir biodiesel surgió de su padre, Víctor Busconi. Unos años antes había empezado a comprar aceite usado de grades depósitos para producir combustible. Para Bruno, su padre es un modelo.
-¿Qué profesión tiene tu padre?
-Su profesión es “arriesgado”. Es emprendedor, mi viejo... y también es un visionario.
-¿Por qué lo decís?
-Y porque él, sin estudios ni nada, tuvo la visión, aprendió y logró hacer su propio combustible.

La idea de Bruno Busconi, con 19 años, era multiplicar el negocio de su padre. Empezó a hablar con varias aceiteras grandes pero, una tras otra, le cerraron las puertas. “Entonces me enojé. Estaba caliente y dije ‘ya fue, voy a hacer la recolección acá en el pueblo donde vivo’, que es la zona de Mi Granja y Monte Cristo”, recuerda. En lugar de ir por las “grandes aceiteras” optó por los restaurantes de su pueblo, que lo conocían de toda la vida. Poco tiempo después comenzó a viajar a Córdoba capital para buscar más clientes.
En un principio, era un trabajo de todos los días. Manejaba su camioneta -que también funciona a base de biodiesel- cargada con 40 bidones verdes con el logo de Arquea impreso. Recorría primero los boliches de su pueblo y luego viajaba a la ciudad. Se presentaba en los locales gastronómicos de la manera más directa: “Hola, estoy juntando aceite vegetal usado. Quería saber si me lo podés guardar y te lo voy a retirar cada vez que me pidas”, decía. “Si no juntaba 500 litros de aceite en el día, no volvía a casa”, precisa Bruno.

El primer cliente grande que consiguió fue El Club de la Milanesa, una cadena que tiene más de 50 locales en el país, cinco en su provincia. “De ellos recibimos 400 litros de aceite por mes. Gracias a Dios que tuvieron esa visión a largo plazo de ayudarme. Gracias a ellos puedo ir a otros locales y mostrar que trabajamos en serio. Genera confianza estar relacionado con empresas de ese nivel”, cuenta Busconi.
Llegó en un momento idóneo. El Club de la Milanesa llevaba un tiempo desarrollando estrategias para reducir la contaminación que genera. Y el programa de Busconi vino a reforzar eso. Sin embargo, lograr el “acuerdo de partes” no fue fácil: “Para estar a la altura del cliente certifiqué la empresa, planillas de seguimiento, tuve que hacer algo más profesional”, explicó.

La clave del negocio
Para transformar el aceite a biodiesel, Busconi usa la transesterificación, que es un proceso químico que separa el etanol (alcohol) y la grasa dentro del aceite. De ahí, en realidad salen dos productos: el combustible y un jabón a base de glicerina. “Al principio, el jabón lo regalaba a los restaurantes porque sirve mucho para limpiar la cocina, pero luego lo empecé a vender”, confesó el joven empresario cordobés. Así, este negocio tiene mínimas cantidades de residuos.
Todos los días, la camioneta Toyota blanca -la que tiene desde que empezó- ronda por la ciudad de Córdoba y cercanías recopilando los bidones llenos de aceite usado para luego llevarlos a una planta tratadora. “Además, les explico a los restauranteros como tienen darme el aceite. A veces los bidones tienen agua, que es nuestro enemigo porque la humedad impide que se haga el diésel. Yo les digo ‘yo compro aceite, no agua’”, explica Busconi.
Uno de los costos de producción que tiene el biodiesel producido a partir de AVU es el precio del aceite usado. Es un monto bajo, que se promedia con los litros que reciben como donación. “Algunos restaurantes lo regalan, porque tienen conciencia ambiental, pero la mayoría esperan pago”, comenta. Hoy en día, Bruno recopila alrededor de 2000 litros de aceite por semana. Y hace una semana rompieron su récord.
Hoy Bruno vende toda su producción de biodiesel a una cooperativa agrícola que luego la distribuye en diferentes campos de la provincia. El negocio tiene un sentido de economía circular: “Usamos aceite que viene del campo y luego regresa al campo en forma de combustible”, reflexiona.
Dice que los costos de producción son mínimos, que tanto la compra del aceite como el proceso químico requiere poca inversión. “Y el diésel lo vendemos a precio regular”, reconoce.
“Tenemos que ser transparentes en lo que hacemos”
Bruno Busconi dedica gran parte de su tiempo en explicar la importancia de los biocombustibles. “Doy charlas desde que arranqué. El espacio me lo da la facultad y de esta manera podemos mostrar mucho lo que hacemos. Estoy convencido de que gran parte del emprendimiento está ahí, en comunicar, en visibilizar y ser transparente en lo que hacemos”, agrega. Desde hace unos años participa de ferias y congresos sobre medio ambiente. Hace un mes participó en la Cumbre Mundial de Economía Circular, donde presentó la empresa junto a su hermano y a su padre.

La idea es mostrar los logros, pero también concientizar. Por eso visitan colegios técnicos y arman charlas vecinales para reducir el consumo de aceite y también para enseñar el manejo correcto de este tipo de residuo. Según la fundación internacional Aquae, dedicada al cuidado del agua, un litro de aceite usado contamina 1000 litros de agua. “La mayoría de la gente no sabe esto, pero si tirás demasiado aceite a la tierra la hace infértil. Así que la mejor forma de procesarlo es haciendo el combustible”, explicó Busconi.

“Me amenazaban por teléfono”
Busconi destaca dos problemas con Arquea. La primera es la competencia: “Es re mafiosa. Cuando arranqué me llamaban por teléfono para insultarme y amenazarme. Me han seguido con camiones”, cuenta. Parece ser que es solo una empresa, pero ha causado estragos en todo el sector. Sin embargo, Bruno no se muestra muy preocupado. “Siguen, pero no les doy bola. Entonces hablan mal de mí con los clientes, pero al final yo sigo bien”, insiste.
Por otro lado, ve con preocupación que ni el gobierno provincial, ni el nacional consideran al aceite como un residuo contaminante. “No hay ninguna obligación al respecto. Me parece un gran problema porque a la gente no le importa mucho y no existe nada que les impida tirarlo en la canilla”. Solo desde el lado de organizaciones ambientales, universidades y empresas como Arquea es que se impulsa la concientización y tratamiento del aceite. Por lo mismo, Busconi no se queda en el emprendimiento: “También soy coordinador de ambiente en la municipalidad de Mi Granja. Ahí hacemos ordenanzas y planes ambientales, y gestión de residuos”, asegura.
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