
Viajes de estudio al exterior: ni estudiantes ni turistas, ahora se busca la experiencia
Algunos colegios empezaron a usar la modalidad de que los chicos se manejen con autonomía idiomática desde el primer día que arriban; al principio es complejo, pero con resultados óptimos
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Ni estudiantes ni turistas. Desde hace algunos años, los colegios con plan de enseñanza bilingüe tienen una nueva meta en sus viajes de estudio e intercambio. Porque más allá de los institutos de excelencia a los que los alumnos puedan aplicar, ya sea en Londres, Berlín, Auckland, Berkeley o Roma, la misión de esta nueva modalidad de aprendizaje intercultural es respirar el idioma a través de la vida cotidiana, de las propuestas artísticas, de los medios de transporte y, sobre todo, de los desafíos que impone una cultura diferente.
Con el lema "La ciudad es el aula", muchos grupos de estudiantes, todos mayores de 16 años, se preparan por estos días para vivir una experiencia única. Hace pocos días, padres y alumnos de cuarto año de la Nueva Escuela Argentina 2000 (NEA) tuvieron su segunda reunión previaje y, hoy, partirán rumbo a Londres. Según explica a la nacion María Mercere -profesora de inglés y creadora del programa Jóvenes en UK, que cuenta con el apoyo de la embajada británica-, la asombrosa ciudad europea se transformará en aula desde el primer instante en el que arriben. Y así, durante los 19 días de estancia, las clases podrán ser en Hampton Court, en el British Museum o en el South Bank.
"Ni estudiantes ni turistas, la intención es que vivan de la misma manera que lo hace un joven londinense, por eso la clase puede ser una tarde en el subte, donde uno de los chicos se transforma en líder para llevarnos a todos hasta el lugar indicado. Si nos perdemos en el camino, si nos pasamos de estación, no hay problema. No hay retos, más bien risas. Pero como responsable del grupo, él deberá preguntar y averiguar la mejor manera de llegar a destino -cuenta Mercere-. A otro le podrá tocar ser el guía en la National Gallery, o mientras volamos en el London Eye, por ejemplo, se organiza una competencia para descubrir los íconos emblemáticos de la ciudad y, por supuesto, el que lo hace deberá describirlos y contarnos a todos de qué se trata."
Durante su estada, los alumnos cambiarán sus aulas de la NEA por las del Wimbledon School of English -una escuela rankeada entre las diez mejores del Reino Unido por la English UK-, y todo lo que aprenden allí se pone en práctica fuera del curso. "La clase puede continuar en un museo, en un parque o con un reporte fotográfico por la ciudad -cuenta Luis Canevali, profesor de inglés del colegio porteño-, y una de las cuestiones donde hacemos más hincapié es en el every day language. Desde que se alojan en la casa de la familia que los recibe, ellos se manejan solos y cada día tienen una misión, lo que siempre implica tener que pedir ayuda a alguien y expresarse correctamente para solucionar un tema. Siempre les digo lo mismo: yo estoy pintado, y si en algún momento debo hacer de intérprete o guía es porque estamos en una emergencia. Suele pasar que uno de los chicos me llame por teléfono porque está perdido, y nervioso, entonces le digo que se quede tranquilo, que voy a buscarlo. Pero una vez que estoy ahí con él la responsabilidad vuelve a ser suya y tendrá que resolver cómo hacemos para llegar a destino."
Con una filosofía similar, pero bajo la modalidad de intercambio, los alumnos del colegio Pestalozzi -que en su proyecto incluye la enseñanza intensiva de dos lenguas extranjeras: alemán, con carácter bilingüe, e inglés- se preparan durante todo cuarto año para viajar tres meses a Alemania. Las ciudades a las que pueden postularse los alumnos son más de 30, pero desde hace poco tiempo el colegio incorporó un nuevo formato al adicionar al viaje una semana cultural en Berlín, una forma de acompañar al grupo durante el inicio del periplo, antes de que cada uno parta hacia la casa de la familia anfitriona que lo alojará por 90 días.
Ezequiel Yáñez es el coordinador intercultural del colegio y, según las historias y anécdotas recopiladas durante décadas, "el intercambio marca un antes y un después en la vida de los chicos; es una experiencia única".
Al finalizar la semana, el punto de encuentro (y de partida) es la estación central de trenes de Berlín, desde donde partirán hacia sus nuevas casas. Para Miranda Bauer, que cursa quinto año en el Pestalozzi, su viaje estuvo lleno de sorpresas.
"Una de las primeras sorpresas fue apenas llegué; me di cuenta enseguida de que me podía manejar con el idioma mucho mejor de lo que había imaginado, y poco a poco pude entender y hablar con fluidez." Para Miranda, el hecho de no conocer a nadie, ni a la familia que iba a recibirla ni a los compañeros de su nuevo colegio era una de las barreras que más temor le generaban. "La primera noche me fui a bañar y al salir me di cuenta de que había inundado todo el baño. Me quería morir, y la mamá de mi hermana alemana se rió, me dijo que no pasaba nada. Fue una manera poco tradicional de romper el hielo, pero funcionó." Como la anécdota de Miranda hay miles, y Yáñez confirma en cada una de estas historias la posibilidad de entrar en contacto directo con la cultura de otro país, creando vínculos reales con la gente que vive allí, con sus costumbres y sus tradiciones. "Los chicos nunca regresan habiéndose sentido turistas ni estudiantes. Es una experiencia de vida que excede al idioma, y ése es el mayor logro académico", concluye Yáñez.






