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Vivir en Ginebra: “Acá los vecinos aman denunciar; hay multa para todo y todos”

Carina Durn
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11 de marzo de 2020  • 00:10

A Micaela Arias la idea de vivir en la ciudad elegida por Borges le resultaba atractiva. El escritor argentino le había dedicado hermosas palabras que despertaron sus deseos por saber más de ella y descubrirla: "De todas las ciudades del mundo, de todas las patrias íntimas que un hombre busca merecer a lo largo de sus viajes, es Ginebra la que me parece la más propicia a la felicidad".

Mica se aferró a estas líneas como si se tratara de un tesoro invaluable. A través de ellas, y en un mecanismo inconsciente, supo hallar un lazo argentino capaz de sostenerla y convertir a su nuevo destino inesperado en un rincón de la tierra menos ajeno, más cercano.

Lo cierto era que Ginebra jamás había estado en sus planes. Casi quince años atrás, la mujer que por entonces tenía 30, se consideraba plenamente feliz en su suelo natal, Buenos Aires. En el 2005 trabajaba como Directora de Cuentas de una agencia de promoción y publicidad, disfrutaba de su empleo rodeada de personas a las que apreciaba mucho - y aún lo hace-, tenía amigos con los que compartía diferentes intereses, una familia en donde siempre primó el amor, y un novio madrileño, El Gallego, al que conoció en una noche porteña sin imaginar que le cambiaría la existencia de maneras impensadas.

"Si algo aprendí durante todo este tiempo es que en la vida poco podemos planificar, que el destino muchas veces se nos ríe en la cara y nos sorprende de formas asombrosas", afirma Micaela al recordar su pasado. "Finalizada la expatriación profesional de mi actual marido, su empresa con sede en Madrid le comunicó que era tiempo de retornar a la capital española. ¿Me pueden entender cuando digo que yo nunca había planeado dejar el país? ¿Que no quería hacerlo y que fue tema de muchas conversaciones de pareja? En Buenos Aires tenía todo, me encantaba mi vida y creía que era mi lugar, pero todos los argumentos me los daba la razón y del otro lado del ring estaba mi corazón, que me decía: con El Gallego vas hasta el infinito y más allá. Mi corazón ganó por knockout".

Se casaron en Buenos Aires en agosto de aquel año con la presencia de familiares y amigos del novio, que habían viajado desde Madrid. Aquella inolvidable noche, la joven celebró su boda y se despidió de su gente por tan solo un par de años. Su intención, sinceramente, era que fueran solo dos: "Pero el destino le regalaba a mis planes su primera carcajada. Fueron nueve años en Madrid, dos hijas, un hijo, cinco años en Londres y un nuevo rumbo insospechado: Ginebra, lugar en donde vivo hasta el día de hoy. Querido destino, ¡me debés una explicación!", exclama entre risas.

Los hijos de Micaela, días antes de partir a Ginebra.
Los hijos de Micaela, días antes de partir a Ginebra.

Micaela nunca sabrá la cantidad de lágrimas que derramaron sus padres al momento de su partida. La apoyaron, y en las semanas previas se mostraron enteros y positivos: "¡Tendremos que viajar más seguido para visitarte!", le decían, pero, aun así, la separación fue por demás difícil. "La distancia y la nostalgia se instalarían en nuestras vidas", rememora emocionada, "El hecho de pensar que a los dos años volvería a vivir al país sirvió de paliativo, pero el tiempo siguió pasando... y muchos momentos de sus vidas y de la mía se fueron compartiendo a través de fotos", continúa pensativa.

Madrid la había conquistado, esa era la verdad. Y luego llegó el traslado a Londres y los planes del regreso comenzaron a esfumarse en el horizonte; de pronto, habían quedado tan solo en un espejismo. Y justo allí, con las siluetas porteñas borrosas y en medio de una nueva estabilidad, arribó Ginebra y el inicio de otra aventura en la vida de Micaela y su familia.

Costumbres de un nuevo hogar

Organizaron la mudanza a una velocidad inaudita. Cuando quiso darse cuenta, Mica había amanecido en Ginebra con poca idea acerca de la ciudad y menos aún del idioma - francés - hablado por la mayoría. En su nuevo hogar descubrió a una ciudad con postales de ensueño y cuya pequeña superficie no representaba un impedimento para convertirla en una de las más cosmopolitas de Europa. Construida circundando el lago Leman, pronto se maravilló al comprobar que toda su vida giraba en torno a él; no solo al lago, también a una mesa compartida con la fondue en el centro y los largos tenedores sumergidos en una combinación de quesos, especias y vino. Entre charla y charla, Mica jamás imaginó que llegaría a comer tanto queso.

"Y en verano hay fiestas y deportes náuticos, durante el año paseos, y siempre unas vistas maravillosas con el Mont Blanc como testigo imponente. El lago es el rey de la ciudad y la gente lo cuida y lo protege con mucho respeto", describe complacida. "Mis primeras impresiones al llegar fueron de lo más diversas. Me llamó la atención el silencio reinante, ¿acá nadie grita? ¿Nadie se ríe fuerte? ¿Nadie hace ruido? ¿Los perros no ladran? No, nada de eso. Acá ni los perros ladran, porque todo propietario está obligado a un curso de adiestramiento para educarlos y que cumplan con las normas de buena conducta vigentes para ellos también. En Suiza todo se hace respetar con considerables sanciones. Acá hay multa para todo y todos", asegura.

Una ciudad cosmopolita y majestuosa.
Una ciudad cosmopolita y majestuosa.

"El tránsito se gestiona a través de cámaras y radares que están ubicados por doquier, algunos hasta detectan diez infracciones diferentes, ¡pero algo aún más efectivo son los propios ciudadanos! Acá los vecinos aman denunciar. Bajo este sistema de denuncias y multas han logrado un máximo cumplimiento de normas y leyes".

Otra calidad de vida

En Ginebra, la argentina comenzó a percibir una sensación que nunca antes había experimentado, una "calidad de vida universal" que de inmediato pudo respirar en la atmósfera de las calles de la ciudad, en la actitud de las personas y su andar contento, tranquilo y seguro. "Cuando vivís en un entorno así, donde tu calidad de vida es buena pero la del resto también, es impresionante", expresa con una gran sonrisa, "Hasta la multa que siempre puede caer, se paga con más ganas".

A los pocos días de comenzar las clases, la familia vivió otra grata sorpresa. Su hija mayor olvidó el bolso de deporte con toda su ropa y zapatillas nuevas en el tren y fue consciente de su ausencia recién al regresar a su hogar. "Ante semejante panorama me resigné y lo di por perdido. Al día siguiente, para mi maravilla, llegó del cole con su bolso. El personal del tren lo había encontrado al finalizar el servicio y lo llevó a su escuela. Bienvenida a Suiza, pensé. ¡Y no es la única anécdota en ese medio de transporte que tengo!", dice divertida. "Un día me subí a un tren y comencé a caminar y caminar intentando dejar la primera clase. Finalmente comprendí que esos asientos cómodos e impecables, con luz individual de lectura, mesita, impoluta melanina y enchufe para el cargador pertenecían a los vagones comunes y que así se viajaba en un tren en Ginebra a diario".

Una vida en torno al agua.
Una vida en torno al agua.

Para Micaela y su familia las semanas transcurrieron entre los torbellinos emocionales del cambio y una rápida adaptación a la cotidianidad. Fue al poco tiempo que comenzaron a notar una alteración llamativa entre los días de semana y los fines de semana, en donde todo parecía sumirse repentinamente a un estado de extrema calma y aires de pueblo. "Resulta que son miles y miles de personas las que cruzan a diario la frontera para trabajar en Ginebra, pero que no viven allí", explica Mica. "Entonces, los sábados y domingos quedamos solo los que residimos. Esto sucede porque prefieren vivir en zonas más económicas, pero aun así percibir un sueldo suizo. Para nosotros significa una mayor paz en los días de descanso".

El colegio y las amistades

Para los hijos adaptarse al sistema escolar fue sencillo. En Londres solían asistir a un colegio que manejaba horarios similares, de 8:30 a 16, para luego encarar algunas actividades extracurriculares.

"A lo largo del día, y a través de un sistema intranet, tengo comunicación directa con cada profesor y ellos me envían los trabajos que hacen mis hijos en clase y videos de sus presentaciones. También me explican acerca de los temas que están tratando. Por mi lado, puedo enviarles mis comentarios de ánimo y felicitaciones", revela. "Acá en Suiza en todos los colegios la motivación en forma conjunta - el hogar y la escuela - es considerada fundamental, y se basa en potenciar al máximo a cada niño desde sus posibilidades de aprendizaje y desarrollo. Es una educación antideberes y los chicos realmente aprenden sin estudiar horas extras en los hogares".

Calles del casco histórico.
Calles del casco histórico.

Por otro lado, y como en cada país, a Micaela le tocó perder la vergüenza y animarse a llamar a algunos contactos locales referidos por amigos de otras tierras, para tomar un café y encarar la compleja misión de entablar nuevas amistades. "Hoy las redes sociales nos dan una gran mano a quienes vivimos afuera", opina. "Es increíble, pero cuando salís de tu zona de confort, esa en donde estás rodeado de tu familia y amigos de siempre, te enfrentás a grandes desafíos personales que te conducen hacia un desarrollo interno enorme. Todo cambia a un ritmo a veces demasiado vertiginoso y te sorprende la propia capacidad de atravesar obstáculos tan desconocidos e impensables. Asimismo, se convive con la soledad como aliada y también como enemiga".

Reencuentros

En cada regreso a Buenos Aires las emociones de Micaela Arias se desbordan como en ningún otro escenario. El reencuentro con su país y su gente le provoca sentimientos indescriptibles que la movilizan hasta las entrañas y que traen consigo sensaciones contradictorias, en donde predomina un amor inigualable.

"Las visitas, que cada vez se vuelven más esporádicas, se convierten en las inyecciones de felicidad más anheladas. Hasta entonces, con mi madre las llamadas y los chats son diarios. Ella siempre me da los buenos días, como cuando me levantaba para ir al cole de pequeña, solo que ahora es a la distancia y con cierta resignación. Creo que vivir afuera es duro para el que se va, pero mucho más para nuestros padres que nos ven partir", expresa profundamente conmovida, "A ella le toca soportar no poder estar como quisiera con sus nietos; las fotos y las llamadas vuelven a ser la reiterativa medicina paliativa", continúa.

Castillo de Chillón. Un bello paseo cercano.
Castillo de Chillón. Un bello paseo cercano.

"Y la vida sigue y poco le importa dónde podamos estar cuando quiere golpearnos con dureza. En mi caso me tocó ese llamado a deshora para recibir esas noticias que rogás que nunca lleguen. Porque volver a Buenos Aires no siempre fue una visita agradable, también me ha tocado volver con dolor, y abrazar a mi madre y hermanos para despedir a mi padre. Son esos sacudones que te mueven del eje y te obligan a replantearte si seguir o cómo seguir. Nunca olvidaré el día que mi papá me dijo: `Viviendo afuera estás bien. No vuelvas´. Su mirada era de tristeza profunda, pero su abrazo y sus palabras eran las de un padre que sentía que eso era lo que tenía que decir, porque creía que era lo mejor para mí y la familia que había formado".

Aprendizajes

Hoy, quince años después, Micaela todavía recuerda con clara nitidez aquellos días en los que eligió dejar atrás su tierra de origen para seguir a su corazón. Días vulnerables, días de fortaleza necesaria, días en los que jamás hubiera imaginado el camino inesperado que seguiría su destino. Agradecida por sus aprendizajes de vida y por todas las oportunidades que su existencia le ha obsequiado, hoy reflexiona acerca de su travesía y su identidad esencial.

Mica, en el lago.
Mica, en el lago.

"Siento que de nada me ha servido hacer planes y que, viva donde viva, mi corazón late más fuerte en Argentina. No cambio mi identidad por nada, me siento orgullosa de mi país y su gente, disfruto manteniendo las costumbres argentinas y adoptando las de mi nuevo lugar. Les trasmito a mis hijos el amor a mi patria y les inculco el amor a la suya. Aprendí que la nostalgia es parte de este juego que vale la pena jugar. El tiempo pasa y va dejando su rastro. Nuestra mirada es otra. El país también lo es. A veces cuesta estar preparado para ese cruce entre la expectativa y la realidad. Solo el abrazo de nuestra gente nos conecta desde lo más profundo de nuestro ser y nos carga de energía para seguir nuestro sueño. En cualquier lugar mundo", concluye emocionada.

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Destinos Inesperados es una sección que invita a explorar diversos rincones del planeta para ampliar nuestra mirada sobre las culturas en el mundo. Propone ahondar en los motivos, sentimientos y las emociones de aquellos que deciden elegir un nuevo camino. Si querés compartir tu experiencia viviendo en tierras lejanas podés escribir a destinos.inesperados2019@gmail.com . Este correo NO brinda información turística, laboral, ni consular. Los testimonios narrados para esta sección son crónicas de vida que reflejan percepciones personales.

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