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Destinos inesperados

Vivir en Málaga: "Acá nadie deja ni un papelito o botella vacía en la playa"

Carina Durn
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13 de noviembre de 2019  • 00:10

Renacer, reinventarse, barajar y dar de nuevo las cartas de la vida, ¿cabía aquella posibilidad? La existencia de Josefina y Rodolfo no era despreciable: ambos tenían un trabajo medianamente satisfactorio, buenos amigos, y una familia amplia y muy unida. Pero, por sobre todo, ellos tenían hijos. ¿Cómo resultaría para los pequeños un volver a empezar lejos de los seres queridos, alejados de su colegio y sus rutinas? Parecía una locura y, sin embargo, aquella idea que había emergido tímida comenzó a florecer hasta instalarse en casi cada conversación de la pareja, alertándolos de que no se trataba de una simple fantasía; indicándoles que, tal vez, era tiempo de soltar los temores y animarse a volar.

Tenían varios puntos a favor que alentaban sus ansias de irse: el deseo por mejorar la calidad de vida, huir de la vorágine de una gran ciudad que siempre los sorprendía agitados, y la ventaja de tener la ciudadanía española en regla para toda la familia. "Pero el clic definitorio arribó con el nacimiento de nuestra tercera hija", asegura Josefina, "Su llegada nos abrió la cabeza, nos mostró que nuestras trabas suelen ser solo mentales; sentimos que era el momento de transitar un cambio y en unos pocos meses resolvimos todo y nos fuimos".

El matrimonio había posado su mirada en Málaga, un rincón de la tierra del que habían escuchado grandes bondades, que surgía ante ellos como un destino armonioso de una belleza peculiar y dispuesto a recibir a un par de nuevos extranjeros.

En los meses previos a la partida la pareja no se permitió instancias apegadas a intensos estados emocionales, opacados ante todo por el ajetreo de una gran mudanza a un nuevo país. "Con dos hijos pequeños y un bebé, los incontables trámites, las ventas de lo que teníamos y demás, no hubo tiempo para sentarse y meditar acerca de lo que estábamos haciendo", cuenta Jose, "Sí sentíamos ansiedad e incertidumbre por los chicos, pero, ante todo, mucho cansancio acompañado por un bienestar generado por la decisión que habíamos tomado".

Para el entorno, sin embargo, la noticia fue dura y predominaron los miedos y ciertas preocupaciones inevitables: ¿no era demasiado dejarlo todo con tres niños?, ¿Abandonar el trabajo, el colegio, las costumbres, la familia y los amigos? Pero ellos ya habían tomado la determinación y no estaban dispuestos a dejarse vencer.

Andalucía esperaba y era tiempo de partir.

Costa del Sol.
Costa del Sol.

Los primeros impactos de un nuevo hogar

Era invierno y, aun así, Málaga los recibió con su mejor semblante en un marco de días de soles espléndidos, una rambla de ensueño y la amabilidad de las personas, que les significó el mejor abrazo de bienvenida. "Fue una llegada mágica", rememora ella, "Sentí que finalmente había desembarcado en mi lugar en el mundo y que habíamos hecho lo correcto".

Su nuevo hogar los aguardaba en Mijas, un municipio de la provincia de Málaga situado en la Costa del Sol, una comunidad en donde solía predominar la pesca, pero que se había transformado en un punto de interés turístico de importancia internacional por sus bellas playas, su arquitectura de construcciones blancas recortadas en el azul del cielo, y su característico estilo andaluz, tan pintoresco.

"Lo primero que me sorprendió fue la calidez de la gente, un buen humor que es contagioso. Por otro lado, me impactó la cantidad de extranjeros que viven acá, sobre todo ingleses que vinieron a buscar calidad de vida al igual que nosotros. Me maravilló el orden, la limpieza y la prolijidad de las playas. Acá nadie deja un papel en la arena, ni una botella vacía, nada, así mismo, tienen baños, duchas y sillas públicas, todo para uso común y muy bien conservado".

Mijas Pueblo.
Mijas Pueblo.

Otros hábitos y costumbres

Con el paso de los meses aquellos anhelos con los que el matrimonio había fantaseado en épocas pasadas comenzaron a tomar forma, como el sueño de transitar una vida más calma y sentida. "Y, sin embargo, eso mismo puede ser que haya sido el punto más complejo en todo este proceso de cambio", confiesa Josefina, "Uno viene de Buenos Aires con un ritmo de vida muy acelerado y cuando llegás no es fácil parar, modificar el chip y adaptarse a una cultura que maneja otros tiempos. Al principio, puede resultar un poco frustrante porque las situaciones no se mueven a la velocidad esperada y la nueva dinámica cuesta", opina.

Esto, por ejemplo, aconteció a la hora de incorporar hábitos beneficiosos para el planeta. La diferencia en las costumbres comunitarias se develó notoria y el matrimonio debió iniciar un proceso de reeducación, algo que les resultó un gran desafío. "Sacar la basura es todo un evento y la gente se toma unos veinte minutos para ello. Hay que caminar unas cuadras con todo hasta el sector donde se hallan los distintos contenedores de diversas formas y colores que separan cada cosa imaginable: vidrio, plástico, papel, basura orgánica, reciclaje, ropa y más. Me costó aprenderlo y lo sigo haciendo, pero es algo importante a incorporar en nuestra conciencia para el bien de toda la humanidad".

Josefina.
Josefina.

Y luego surgieron aquellos otros comportamientos en las calles a los cuales se supieron adaptar con gusto, y en donde les resultó inevitable maravillarse por el respeto al peatón. Aun así, descubrieron que se les dificultaba perder el miedo y simplemente confiar en las nuevas reglas de su cotidianidad. "Apenas uno se acerca a la esquina no necesita ni pisar la senda peatonal, que los autos ya frenan. Por eso la gente cruza sin mirar y eso me asusta, pero es que acá ni se les ocurre que alguien no respete el paso".

Para los hijos, dos de ellos en primaria, la adaptación en la escuela transcurrió sin inconvenientes. Allí sus padres también tuvieron que asimilar nuevas formas y tiempos alejados de su universo conocido. "Me llamó la atención que acá se trabaja por objetivos. Les enseñan lo usual, pero cada año eligen un tema central a tratar con mayor profundidad. Este, por ejemplo, se focaliza en las ciencias, entonces ahora están concentrados en el tema de la rotación de la tierra y el sistema solar en general. Los horarios también me impactaron: entran a las nueve y para los chicos fue un cambio significativo. Y acá en vez de timbre hay música (ponen muchas canciones de moda), lo que los mantiene de mejor humor y genera que no se sientan como si estuvieran en una cárcel. Se aprueba con cinco (de diez), pero menos de dicha calificación no significa desaprobado, les ponen `en proceso de adquisición de conocimientos´. Para niño el mensaje no es `desaprobé´, sino que es: `todavía estoy aprendiendo´. Como padres, nos gusta mucho esta metodología".

Rincones pintorescos.
Rincones pintorescos. Crédito: @expatriadaenlacostadelsol

Calidad de vida, calidad humana

Josefina y su familia arribaron a su nuevo lugar en el mundo en búsqueda de otras oportunidades para crecer y vivir tal como siempre lo habían soñado: en paz, un sentimiento que afloró sólido con la llegada de la estabilidad económica. A los tres meses, Rodolfo consiguió empleo en una empresa francesa abocada el sector comercial, un trabajo en el cual se sintió a gusto desde el comienzo.

Así mismo, en la atmósfera andaluza hallaron un entorno tranquilo, con un ritmo de pueblo inserto en una ciudad y, por sobre todo, una sensación de seguridad plena. "Por suerte todo aquello con lo que soñábamos se está cumpliendo, la calidad de vida acá está a tope, como dirían los españoles", ríe ella.

"En relación a la calidad humana, el andaluz es muy afectuoso y tiene un muy buen trato con el extranjero, algo que no es menor. Acá el 50 % de la población es extranjera, hay muchos rusos, finlandeses e ingleses, entre otras nacionalidades y siempre se escuchan varios idiomas en cada esquina, es algo muy llamativo, es muy enriquecedor convivir con personas de todas partes de la tierra. Acá uno no se siente extranjero, porque una gran parte lo es", continúa sonriente.

Pueblo blanco.
Pueblo blanco. Crédito: @expatriadaenlacostadelsol

Reencuentros y aprendizajes

Para Josefina Álvarez Kammerath volver a ver a la familia es una experiencia intensa, en especial por cómo lo viven sus hijos. Los primeros instantes del reencuentro con los abuelos, tíos y primos suelen transformarse en un mar de lágrimas, que se desbordan luego de tantas emociones inexplicables contenidas; sentimientos de amor incondicionales que permanecen inmutables a pesar del tiempo y la distancia.

"Y con las amistades lo que sucede hoy es que con las redes sociales la cotidianidad no se pierde. El contacto es permanente y sabemos en qué está cada uno, cómo es su rutina y su vida. Si bien estamos lejos, nos sentimos cerca siempre", afirma conmovida.

En un entorno de paz.
En un entorno de paz.

Hubo un tiempo en que para Rodolfo y Josefina barajar de nuevo y volver a empezar parecía una locura y, sin embargo, el deseo de un cambio de vida comenzó a ocupar todos sus pensamientos hasta el punto en que atenderlos se hizo inevitable. La idea de "patear el tablero", como solía decir ella, en vez de acercarlos al miedo trajo consigo un mensaje claro: era hora de reinventarse.

"Con nuestra experiencia entendí aquello de que es posible tener varias vidas en una misma vida, si uno lo anhela y trabaja por ello. El renacimiento fue nuestra gran enseñanza. Con mi marido aprendimos a volver a nacer siendo adultos, porque empezar una nueva vida lejos, sin familia, sin casa, sin colegio, sin trabajo te hace sentir como ese bebé en pañales que tiene que asimilar un mundo desconocido. Tener la oportunidad de reinventarse trae incertidumbre, pero al mismo tiempo es maravilloso", dice Josefina emocionada.

"Expatriarse no es para cualquiera, es difícil y es una decisión que afectará a cada uno de manera diferente, dependiendo de la personalidad y las formas de ver la vida. Pero cuando la meta es encontrar el propio lugar en este planeta, uno busca adaptarse y es esa misma predisposición lo que provoca que las circunstancias se acomoden. Al principio cuesta dejar el entorno al cual uno está acostumbrado -sucede en todos los aspectos de la vida- pero si allí donde uno se encuentra en su presente predomina la intranquilidad y la tensión, vale la pena barajar y dar de nuevo", concluye.

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Destinos Inesperados es una sección que invita a explorar diversos rincones del planeta para ampliar nuestra mirada sobre las culturas en el mundo. Propone ahondar en los motivos, sentimientos y las emociones de aquellos que deciden elegir un nuevo camino. Si querés compartir tu experiencia viviendo en tierras lejanas podés escribir a destinos.inesperados2019@gmail.com . Este correo NO brinda información turística, laboral, ni consular. Los testimonios narrados para esta sección son crónicas de vida que reflejan percepciones personales.

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