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Destinos inesperados

Vivir en Nanjing: "Miran con atrevimiento, te señalan y te sentís diferente"

Carina Durn
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22 de enero de 2020  • 00:59

De niño, Diego Trenado fantaseaba con ingresar a un estadio de fútbol por el pasillo de los jugadores y sentir el fervor de la hinchada aclamándolo. En aquellos tiempos de ensoñación su cuerpo era capaz de percibir la adrenalina tal como si estuviera allí, rodeado de una masa apasionada, unida por el equipo amado. "Algún día lo lograré", se decía con firmeza, convencido de que con empeño los sueños podían convertirse en realidad.

Para Diego, un cordobés orgulloso de su país y su provincia, Talleres - el equipo tatuado en su alma - siempre había formado parte de sus metas y su identidad. Fue así que, durante su infancia y adolescencia, dedicó sus días a un deporte que le significaba mucho más que una actividad popular: equivalía a ardor, pasión, felicidad extrema, lágrimas compartidas y un espacio de esfuerzo incansable.

Los años pasaron, y aunque su sueño no había perecido, el joven tuvo que afrontar ciertas dificultades propias de la vida, piedras que suelen entorpecer el camino y que desafían al humano al punto de hacerlo dudar, e incluso flaquear hasta rendirse a una existencia alejada de sus más íntimos deseos. Pero Diego no quería conformarse con menos, ¿por qué hacerlo?

"La situación económica en Argentina y las posibilidades de desarrollo profesional estaban muy limitadas e imaginé que España podría darme las oportunidades laborales y personales que mi tierra de origen no podía", rememora, "Hasta entonces irme no estaba en mis planes, aunque tenía hermanos viviendo allí. Pero comprendí que el exilio también estaba en mi sangre, y en mí creció una certeza: necesitaba descubrir el mundo más allá de la cancha de mi barrio. Pienso que, en cierto modo, también esperaba recuperar los pasos de mi padre, Joan, de familia catalana exiliada por la guerra civil y la dictadura, o bien de mi madre, Teresa, de familia italiana".

Diego despertó una mañana convencido de que existían otros caminos capaces adaptar los grandes sueños a la realidad. Tal vez fuera tarde para convertirse en aquella estrella de fútbol de sus fantasías, pero no por ello debía resignarse. Ya no anhelaba convertirse en jugador y ante él emergió una nueva lucha, otra posibilidad: ser entrenador.

Emocionado ante el mundo que se abría ante él, el joven partió a Madrid, una ciudad que se convertiría en su segundo hogar y en la que creyó que se quedaría de forma permanente. Pero la vida tenía otros planes ajenos a su universo conocido, que incluían un destino absolutamente inesperado.

Un destino inesperado.
Un destino inesperado.

Hacia un nuevo hogar

Arribó a España ilusionado, aunque colmado de sensaciones contradictorias. La tristeza impregnada en su ser era una compañera inevitable, no sabía cuándo volvería ver a su amada Córdoba, a su madre y a sus amigos de toda la vida; el camino, de pronto, surgió vertiginoso.

"Pero el entusiasmo y las ganas pudieron vencer los miedos", cuenta con una sonrisa, "Cuando llegué a Madrid un horizonte inmenso abrió sus puertas. El primer impacto siempre es fuerte, pero aquel lugar tenía mucho más en común con Argentina de lo esperado, entonces rápidamente pude sentirme como en casa. Además, mis hermanos y sus amistades fueron de gran apoyo en esos primeros momentos".

Diego comenzó a ganarse la vida trabajando como personal de mantenimiento de hoteles, primero en un puesto ayudante y años más tarde, gracias a su capacidad de aprendizaje, en la posición de segundo jefe de mantenimiento para un reconocido hotel. Su pasión, sin embargo, era su prioridad y para mantenerla viva los fines de semana arbitraba en campeonatos municipales para jóvenes, y por las noches estudiaba de forma profesional el deporte, en la Federación Española de Fútbol (UEFA). Dos años más tarde recibió el título de entrenador y adquirió asimismo la especialización de entrenador de arqueros. Con cada paso que daba y cada logro conquistado, Diego se hallaba más cerca de cumplir aquellas ambiciones con las que soñaba desde niño. "Y en Madrid empecé a bailar en una pequeña academia en el barrio de Carabanchel. Allí conocí a la que se convertiría en mi esposa, Nerea".

Con ella, Diego supo que era tiempo de volver a la Argentina, necesitaba en el alma respirar por unos meses el aire cordobés y abrazar a su madre, a quien extrañaba mucho. Al retornar a España los planes a seguir parecían claros: su mujer comenzó a estudiar dos másteres y él se dispuso a retomar su antiguo trabajo en el sector hotelero. "Pero apenas aterricé en Madrid me llegó una oferta inesperada que me cambió la vida y, por extensión, la de Nerea. Me ofrecieron un puesto de trabajo como entrenador en una academia de fútbol en Nanjing, una ciudad al este de China totalmente desconocida para mí. Tras muchas dudas decidí aceptar la oferta".

Encuentro de culturas.
Encuentro de culturas.

Los primeros impactos de un mundo nuevo

Diego jamás hubiera imaginado que años más tarde se reencontraría con los primeros impactos del exilio. Similares sensaciones volvieron a inundarlo, aunque esta vez acompañado de su gran amor. En él emergió un irrefrenable deseo de explorar y descubrir aquel nuevo territorio, tan exótico y diferente. Todas las emociones vividas durante sus años en España y sus viajes por Europa, parecieron pequeñas en comparación a lo que le provocaba este gigante ubicado en un continente tan lejano en distancia y cultura.

Nanjing, la capital de la provincia de Jiangsu, amaneció extraña y atractiva, moderna y ancestral. Durante la dinastía Ming había sido la capital nacional, atmósfera perceptible a través de los varios monumentos y símbolos históricos, como la Puerta Zhonghua (la Puerta de China), un fragmento de la muralla que contuvo la antigua entrada sur de la ciudad.

Diego tuvo la sensación de transitar en un gran pueblo de más 8 millones de habitantes en el cual apenas fue capaz de encontrar algunos pocos occidentales. Le asombró observar como los niños, los adultos y los ancianos lo miraban con atrevimiento, señalándolo, sonriendo algunos. De pronto, experimentó en primera persona aquel sentimiento de ser un otro - totalmente divergente, como si viniera de otro planeta- inserto en un nosotros potente en el que desencajaba.

"Me sentía especial, sin dudas diferente, y me sentía como más despierto, más lleno de vida por estar experimentando ese mundo tan distinto y, al mismo tiempo, tan acogedor", asegura, "El choque cultural fue impresionante. Al comienzo, me cautivaban los carteles en un idioma y unos ideogramas desconocidos, la lengua indescifrable, los signos y una gestualidad totalmente foráneos. Todo me asombraba. De pronto, tuve sed de conocer más del nuevo entorno que me rodeaba".

Lengua extraña y calles pobladas.
Lengua extraña y calles pobladas.

Otros hábitos, otras costumbres

Con el paso de las semanas las miradas extrañadas en espacios como el subte, la calle o en los mercados, no cesaron. Diego asimiló con nitidez aquel rasgo tan humano de experimentar miedo a lo desconocido, y decidió optar por el camino de la aceptación hasta acostumbrarse a ser aquel objeto de curiosidad y, por momentos, hasta de desconfianza.

Ese, sin embargo, no fue su único desafío cultural. Los olores, tan fuertes, le resultaban impresionantes, así como los barrios atestados de gente comiendo en la calle a un ritmo peculiar y en situaciones de escaso contacto. "Para mí fue muy impactante observar sus movimientos corporales y la manera de saludarse. No lo hacen con la mano, y mucho menos con un beso, sino simplemente con la palabra y un sencillo gesto con la cara. El contacto físico casi no se ve, y menos cuando no hay confianza".

Por otro lado, tanto en Argentina como en España, Diego acostumbraba a manejar horarios distendidos, más bien tardíos, con pausas de mediodía y noches extendidas. Indudablemente, adaptarse a los nuevos hábitos en relación a los tiempos y las comidas en Nanjing significó otro reto titánico. "Las jornadas comienzan pronto, la hora del almuerzo es a las 11:30 y la cena a las 17:30. La dieta, todo un tema en sí mismo, también se manifestó compleja para mis costumbres alimentarias. La carne tiene una presencia muy simbólica en la gastronomía china, suplantada por tofu, seitán y mucha variedad de algas".

Cocina exótica.
Cocina exótica.

Calidad de vida, calidad humana

Los meses transcurrieron en un estado constante de puro crecimiento y aprendizaje. En su nuevo hogar, Diego descubrió que podían llevar una buena calidad de vida, sobre todo como extranjeros: los sueldos en China suelen ser más elevados para los que llegan de afuera que para los autóctonos.

"En sus ciudades más grandes y más cosmopolitas vivir es sencillo. Es seguro caminar por las calles, apenas hay delincuencia, y los medios de transporte y los mercados se encuentran bien organizados y hacen que la vida sea cómoda y confortable", afirma, "Por otro lado, es una república que se está abriendo al mundo y las personas calificadas tienen muchas oportunidades aunque, ahora mismo, los requisitos son más exigentes para los extranjeros. Aun así, las posibilidades son cada vez mayores, no solo en el ámbito de la educación (ya que a los chinos les interesa aprender español como segunda lengua), sino también en diferentes espacios profesionales deportivos, comercio internacional, eventos y medios de comunicación".

Nerea y Diego, felices por los logros.
Nerea y Diego, felices por los logros.

Nerea, al igual que Diego, había arribado ilusionada por la aventura, y también tuvo la enorme oportunidad de vivir su experiencia enriquecedora. La madrileña comenzó a trabajar en la Universidad de Nanjing como profesora de español, un empleo que le brindó la posibilidad de acercarse íntimamente a una comunidad que en sus comienzos le parecía pura incógnita. "Al principio las personas evitan hablarte, sobre todo por vergüenza, por no poder comunicarse con vos, por ello naturalmente aprecian que sepas hablar algo de chino", explica Diego, "Pero, en general, son agradables. Siempre que te dirijas a ellas con respeto y con una sonrisa van a terminar ayudándote, aun a pesar de que apenas hables su idioma y ellos no hablen inglés".

Los regresos y los aprendizajes

Para Diego, volver a la Argentina conlleva emociones inigualables. Los días previos, aquellos en donde predominan los preparativos, la ansiedad, y la ilusión de lo que vendrá, surgen como un tiempo especial en donde el viaje ya ha comenzado.

"Una vez allí, ese primer abrazo con tus seres queridos es indescriptible, de una felicidad extrema", sonríe conmovido, "Ese contacto te deja ver la necesidad de ese encuentro y te demuestra que no hay cansancio que lo pueda opacar, aun tras 35 horas de viaje".

Todas las estaciones en una tierra lejana.
Todas las estaciones en una tierra lejana.

Hoy, a sus 34 años, Diego recuerda con nitidez el espíritu de aquel chico de 19 que dejó atrás su amada Córdoba para perseguir un sueño de la infancia. Ya no se trataba de la misma fantasía de jugador aclamado, sino de un deseo transformado, aunque igual de potente. "No hay que resignarse, se pueden hallar los caminos alternativos relacionados a lo que nos apasiona a fin de adaptar nuestros sueños a la realidad".

Actualmente, luego de dos años en Nanjing, a Diego le llegó la oportunidad de dar un gran salto como entrenador en Pekin, lugar en el que residen. Nerea Hernández, por otro lado, trabaja como periodista para la Cadena de Televisión Pública de China (CCTV). La vida de ambos tomó rumbos inesperados, que les permitió descubrir universos que no habían imaginado y develar aprendizajes sobre las culturas, las emociones y el desarraigo.

"Vivir tan lejos es muy difícil. No es sencillo sentir la distancia ni en los buenos ni malos momentos", asegura Diego, "No es fácil estar en un país donde te cuesta la lengua y donde las costumbres son tan diferentes. Pero te enseña. Te enseña a valorar aún más tus raíces, a valorar ese abrazo, esa charla, esa calle, esa tienda y todo aquello que antes pasaba desapercibido. Te permite mirar desde otro lugar, con otras gafas, y mejorar el análisis de tus opiniones, de tus percepciones del mundo. Te enseña a incorporar nuevas ideas, proyectos, que uno desea transmitir en su lugar de origen, a fin de aportar algo nuevo, lleno de energía e ilusión", continúa.

Entrenador orgulloso.
Entrenador orgulloso.

"China nos ha enseñado a respetar y entender al otro. A aceptar a los demás, lo distinto. Nos ha abierto la mente, y también nos ha llenado de dudas, de interrogantes y de ganas de aprender y entender más. La cultura asiática y su percepción de la vida personal y colectiva te enseña mucho sobre cómo debemos cuidarnos, cómo entender al pueblo, y la fuerza y voluntad de lo colectivo. De igual modo, estamos aprendiendo a buscar ese equilibrio de energías, de cuerpo y mente, de calor y frío, que promulga la medicina tradicional china. Francamente es apasionante y muy enriquecedor porque te cambia, te hace crecer y te fortalece en la búsqueda de tus sueños. Quizás, quién sabe, pueda cumplir el mío con mi amado Talleres", concluye Diego con una gran sonrisa.

*

Destinos Inesperados es una sección que invita a explorar diversos rincones del planeta para ampliar nuestra mirada sobre las culturas en el mundo. Propone ahondar en los motivos, sentimientos y las emociones de aquellos que deciden elegir un nuevo camino. Si querés compartir tu experiencia viviendo en tierras lejanas podés escribir a destinos.inesperados2019@gmail.com . Este correo NO brinda información turística, laboral, ni consular. Los testimonios narrados para esta sección son crónicas de vida que reflejan percepciones personales.

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