
Voces que dejan huella
En 26 Personas para salvar el mundo (Sudamericana), Jorge Lanata pasa al papel las entrevistas que nutrieron la serie televisiva homónima. Aquí, el encuentro con el pensador Zygmunt Bauman
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Zygmunt Bauman: Estoy sorprendido por su título 26 personas para salvar al mundo. No tengo idea sobre cómo se salva al mundo. Aunque creo que es un momento muy propicio para hacerse esa pregunta.Pero me cuesta pensar en una respuesta apropiada, ya que la única certeza que tenemos es la constancia de la incertidumbre. Nos encontramos en ese punto, y es por eso que estoy convencido de que cualquier esfuerzo por predecir el futuro es una pérdida de tiempo. Y esto es así por varias razones. En primer lugar, nos encontramos en un punto especial de la historia. Cuando yo era joven, hace como cincuenta años, la principal pregunta me parece que era ¿qué es lo que debemos hacer para salvar al mundo? Pero hoy, la pregunta central, en mi opinión, no es qué es lo que debemos hacer, porque sobre ese asunto podemos juntarnos todos a discutirlo, podemos llegar a cierto de tipo de consenso. Hoy la pregunta es: ¿quién es la persona que lo hará? Es una pregunta sobre el instrumento, sobre la acción colectiva, las herramientas que la acción colectiva utilizará, la acción colectiva en sí misma. Y esto es lo que, en verdad, no está presente. Es por este motivo que yo llamo a nuestro período el período de "interregnum". "Interregnum" es un concepto romano antiguo, de la ley romana, y fue proclamado desde el primer Rey de Roma hasta Tarquinio el Soberbio. Cuando él murió, el primer "interregnum" fue anunciado hasta que el próximo rey fuera seleccionado, o designado o llegara al poder, lo que fuera que sucediera. Durante ese período todas las leyes fueron suspendidas porque las leyes anteriores, proclamadas por Tarquinio, dejaron de ser válidas. Nadie sabía cuál sería la voluntad y la imaginación del nuevo rey sobre las leyes públicas y el Estado. Pero, por supuesto, estoy utilizando esta noción de "interregnum" como una metáfora, no se trata de cambiar los reyes, los presidentes o los primeros ministros. Las viejas herramientas para la acción que nosotros tenemos ya no funcionan de manera apropiada. Las nuevas formas de actuar no han sido todavía inventadas o aplicadas correctamente. Por lo tanto, lo viejo no funciona y lo nuevo no ha sido establecido aún. Es un período de transición interino.
Jorge Lanata: En su opinión, ¿el hecho de que exista esta crisis tiene que ver con que la izquierda no pudo reformularse filosóficamente?
Bauman: Bueno, yo no creo que sea una crisis. Se trata de un período de transición y es por eso que comencé diciendo que debíamos extrapolarnos de la situación actual. Es un momento riesgoso y difícil y poco aconsejable. Porque no puedo señalar a ninguna institución, a ningún tipo de acción colectiva que esté aquí para quedarse. Constantemente me sorprenden nuevos acontecimientos. Por ejemplo, la ola de rebeliones populares, donde vemos masas manifestándose en las plazas, rehusándose a irse a sus casas. Es un hecho completamente nuevo que nunca habíamos visto, y está sucediendo ahora y en los lugares menos pensados. El mundo árabe, con sus monarquías y todas las fortalezas de estabilidad a través de la tradición, era irrompible. Y ahora, de repente, vemos lo que está ocurriendo. Una forma completamente nueva de actos populares, sobrepasando a las instituciones políticas establecidas, las formas políticas, las jerarquías de poder. Ese es un ejemplo. Pero si este fuera el único problema, no sería realmente fatal. Este problema es indicador de un fenómeno mayor. Todo el mundo, hoy en día, utiliza el término "globalización". La globalización quiere decir que todos somos, ahora, dependientes el uno del otro. El desastre que sucede en un país afecta a todo el resto. Y debes tener en cuenta cómo repercutirá en otras naciones cualquier cosa que tú quieras hacer en tu propio país. Es decir, básicamente, el poder que influye en el presente, el poder que condiciona nuestra prosperidad, funciona en un nivel global. Pero las herramientas con las que podemos trabajar, con las que podemos controlar este poder, son aún locales, como lo eran originalmente. Incluso los países muy poderosos, grandes países, opulentos, como los Estados Unidos de América, Gran Bretaña, Francia, Brasil, China, India, no pueden avanzar por sí solos. Cualquier cosa que hagan está condicionada y sujeta a la situación de ser lugares muy lejanos. Y lo que estoy diciendo no está relacionado únicamente con el espacio y las distancias que debemos superar. La interdependencia va mucho más allá de las fronteras espaciales de un país. También me refiero a las fronteras del tiempo. Hoy ya estamos influyendo en las condiciones de vida de nuestros hijos, de nuestros nietos y de nuestros bisnietos. Inclusive, en las generaciones que aún no han nacido.
Lanata: Usted hablaba de la palabra tecnología. La tecnología, en algún momento, tomó a la realidad de manera imprevista y empezó a cambiar las reglas, a poner reglas propias, a generar reacciones sociales propias, a democratizar lugares que eran inesperados.
Bauman: Sí, usted está en lo cierto. Yo estoy de acuerdo con su diagnóstico, pero debemos preguntarnos si la tecnología es una de las causas principales de la incertidumbre a la que me estoy refiriendo ahora. Por una razón muy simple, el pensador de ética Hans Jonas lo expuso de esta manera: "La tecnología en las décadas recientes se ha desarrollado enormemente y de tal forma que hoy, nosotros, los humanos, nos encontramos por primera vez en nuestra historia con la capacidad de destruir nuestro propio mundo". Y somos capaces de actuar sobre enormes distancias. Las guerras del futuro se desarrollarán sin ningún contacto cara a cara. Por ejemplo, lo que sucede alrededor del río Amazonas en Brasil probablemente está influyendo sobre el clima mundial, afectando a Siberia y a Australia. De manera que la tecnología nos permite causar efectos enormes. Por otro lado, siempre según Hans Jonas, nuestra imaginación moral no se ha desarrollado más allá de Adán y Eva. Aún nos encontramos en el mismo nivel. Vemos a todos nuestros vecinos, nuestra familia, nuestra tribu, vemos a nuestra nación, nuestro barrio, nuestra ciudad, y nuestra imaginación moral no trabaja más allá de esa frontera. Por lo tanto, allí hay una brecha. Una brecha entre nuestra capacidad para hacer cosas y la habilidad para planear las cosas y controlarlas. Lo repito, hay una brecha entre el poder y las políticas. El poder es la habilidad para hacer cosas. Y la política es la habilidad para decidir qué cosas debemos hacer. La política, como dije anteriormente, aún es muy local, está confinada, muchas veces, a una sola región, a una misma nación. Rara vez va más allá de eso. Después del Estado está el Lejano Oeste. Nos adentramos en una relación de poderes que son, yo diría, zonas libres de política. Las regiones internacionales, zonas libres de política. No tenemos ninguna herramienta para poder llevar adelante decisiones globales vinculantes. Y este es el gran problema.
Lanata: A ver si lo puedo reducir a un ejemplo: inventamos el teléfono pero no sabemos qué decir por él.
Bauman: Sí, pero sobre todo no tenemos nadie a quién llamar en el orden global. Fue el secretario de Estado Henry Kissinger, en los Estados Unidos, quien una vez dijo que cuando él tomaba decisiones, precisaba consultar con Europa. A él le hubiera gustado telefonear a Europa, pero no hay un número al que se pueda llamar. No hay un número de teléfono, ese es el problema. La discrepancia entre la enormidad de las tareas y la escasez, la pobreza de los instrumentos para la acción. Yo creo, profundamente, que nuestros problemas actuales son globales y que no existen soluciones locales a los problemas globales. Las respuestas a los problemas globales sólo pueden ser globales. Y ese es uno de los aspectos del "interregnum". Pero existe otro aspecto y es el de la sustentabilidad del planeta Tierra. No sé si usted lo notó pero dos días atrás hubo un anuncio oficial que pasó inadvertido. Afirmaba que el pico de la producción petrolera en el mundo fue alcanzado en el año 2006. Esto significa que hace ya cuatro años que estamos en una pendiente descendente. Y si aceleramos, habrá cada vez menos. Y al mismo tiempo, los nuevos poderes —China, India, Brasil— quieren más y más petróleo, porque quieren más y más vehículos. Sólo imagínese qué pasaría si China, que tiene dos mil millones de personas, quisiera tener tantos automóviles por cantidad de habitante como los Estados Unidos de América. Creo que los suministros de petróleo que existen en todo el planeta no serían suficientes para satisfacer la demanda. Enfrentamos una verdadera evolución en nuestra forma de vivir, pero estamos condenados a perecer si fracasamos. Tenemos la opción de juntarnos, sentarnos alrededor de la mesa e intentar encontrar soluciones aceptables para todos. O dejarnos golpear por una catástrofe tras otra. Los precios están subiendo, el costo de la energía sube, y en consecuencia, los precios de la comida suben. Quizá tengamos disturbios ocasionados por la falta de alimentos. Estos eran muy comunes durante el siglo XIX pero pensábamos que los habíamos dejado atrás. Ahora están regresando.
Lanata: ¿Estamos a la altura de ese cambio? ¿Nuestra estructura política está a la altura de ese cambio?
Bauman: Estoy seguro de una sola cosa. Desafortunadamente, no voy a tener la oportunidad de descubrir si estoy en lo cierto o no porque soy un hombre viejo, y no lo veré. Pero la gente sentada a mi alrededor es toda muy joven. Mi predicción, para ustedes, es que desarrollarán su vida intentando cerrar la brecha entre el poder y las políticas. Deberán elevar sus medios para la acción al nivel de las tareas a las que se verán enfrentados. Y esta es una cuestión de vida o muerte. O lo logramos, o todos nos hundiremos en el mismo bote. Porque todos nos encontramos en el mismo bote. Todos nosotros. O navegamos todos juntos, o nos hundiremos todos juntos. Eso es lo que ocurrirá.
Lanata: Hablando del Holocausto, Woody Allen dijo una vez que lo que le extrañaba no era Hitler, sino que no volviera a suceder más seguido. ¿Qué pasa cuando las sociedades se vuelven locas y deciden matarse entre sí?
Bauman: Yo creo que una lección importante, perturbadora, del Holocausto es que sucedió, ¿no es cierto? Y esto es verdad, sucedió. Como dijo otro gran filósofo alemán, GüntherAnders: "El hecho de que haya sucedido algo horrible no hace decrecer la posibilidad de su repetición; al contrario, la hace más probable". Hiroshima fue una catástrofe, algo tremendo. Cien mil personas asesinadas por una sola bomba. Pero Nagasaki, que casi nadie recuerda, fue una repetición. Hiroshima hizo a Nagasaki viable. No sólo posible, sino viable. Y lo mismo se aplica con el Holocausto. El Holocausto fue horrible, fue atroz, fue aterrador porque podría volver a sucedernos. Mis miedos, inclusive, van más allá de eso. Porque creo que la lección más aterradora del Holocausto es que formó parte la gente común: buenos padres, buenos vecinos, gente agradable, gente con la que te gustaría pasar tu tiempo, ir a los bares, tomar una cerveza. Ellos participaron en este asesinato en masa. La liviandad, la facilidad con que la gente común puede participar a la hora de hacer el mal. Y no es el único ejemplo, porque se ha repetido una y otra, y otra vez en nuestra memoria reciente. Tomemos el escándalo de Abu Ghraib, esta prisión americana en Irak, que sólo fue descubierta porque uno de los soldados robó las fotografías y las llevó a los canales de noticias. De otra forma, nunca nos hubiéramos enterado. Pero una chica normal, un muchacho común del centro de los Estados Unidos, gente muy común, gente muy agradable, amados por sus vecinos, ellos hicieron esas aberraciones cuando fueron puestos en una posición especial. Por lo tanto, nos enfrentamos a situaciones críticas que pueden volver a suceder, porque a medida que nos acercamos a los límites de la sustentabilidad y de la durabilidad de nuestro planeta y a medida que se presenten nuevas circunstancias no lucharemos más por distinciones, por prestigio, por los últimos artefactos electrónicos, por las entradas para la primera función de un nuevo ícono de la moda. Cuando dejemos de luchar por este tipo de cosas, y comencemos a luchar por un pedazo de pan o por un vaso de agua. Nuestras potencialidades son aterradoras. Qué sucederá entonces es muy difícil de predecir.
Lanata: Cuando lo escuchaba hablar del mal en la vida cotidiana me acordaba de Hannah Arendt cuando reflexiona sobre la banalidad del mal; que cualquier persona común podría, en cualquier situación, matar, torturar o hacer cosas crueles. Así enfocado el mal, la pregunta es: ¿el problema es Hitler o el problema somos nosotros? Me parece que pensar que el problema es Hitler es reducirlo a una historia de buenos y malos, que sería fácil de solucionar, uno mata a Hitler y listo.
Bauman: Ese es el punto: tratar de recordar las catástrofes del siglo XX bajo la luz adecuada y sacar las conclusiones apropiadas. Yo no estudio la modernidad del Holocausto. Intento argumentar tan fuerte como puedo en contra de la idea de que todo este asunto fue un problema alemán, que Hitler y Himmler se conocieron y planearon una cosa tan horrenda. Eso no es cierto, porque lo que uno en realidad aprende, a través del estudio del Holocausto, no es que nos puede suceder a nosotros, sino que nosotros podemos volver a hacerlo. Yo podría hacerlo, tal como lo hicieron estos cientos de miles de personas corrientes que formaron parte del Holocausto. La enseñanza más espeluznante, la más terrible, que nos deja el estudio del Holocausto es lo fácil que es para la gente común llevar a cabo cosas horrendas. Hasta en sociedades normales, que funcionan normalmente, los trabajadores ferroviarios, gente común, llevó a otras personas a las cámaras de gas. Todos los oficiales sanitarios que ponían el veneno a través de la chimenea eran personas comunes, con capacidades comunes. No tenían capacidades especiales. No eran asesinos confesos. Ellos estaban haciendo su trabajo. Eran, por supuesto, situaciones extraordinarias en tiempos de guerra, donde sucedían cosas que no sucederían en tiempos de paz, eso es cierto. Pero nosotros estamos moviéndonos hacia tiempos extraordinarios. En realidad, ya estamos viviendo tiempos extraordinarios. Esto podría volver a suceder. Todo esto se suma a lo que veníamos hablando al comienzo. Vivimos en tiempos donde la única certeza que tenemos es la certeza de la incertidumbre. Existen muchos factores sobre los que tenemos muy poca influencia. Tomemos el caso de la globalización; analizando la globalización, nos damos cuenta de la interdependencia de todos como parte del mundo. Pero existe otro problema: hasta ahora hemos sido testigos de la globalización negativa. La globalización de poderes que ignora las costumbres locales, los intereses locales, las leyes locales. Se especializan en ignorar las fronteras entre los países, y van donde encuentran la mayor ganancia o el mayor interés monetario. Descienden sobre un país, explotan sus tierras vírgenes, y una vez que han sido aprovechadas, se retiran y dejan a los locales para recolectar los residuos, la basura que dejaron atrás. Argentina ha experimentado este tipo de explotación de primera mano. Tuvieron un colapso hace diez años, ¿verdad? En primer lugar los capitales descendieron, y luego se fugaron y ustedes se quedaron para reconstruir las ruinas. Y esto se repite una y otra vez. Luego de Argentina, el mismo desastre sucedió en Rusia, hace poco tiempo vimos lo mismo en Irlanda y en Grecia, anteriormente en Islandia. Y así es como funciona. Y todo esto sucede porque los poderes locales, los gobiernos, son incapaces, son impotentes a la hora de controlar los poderes que se mueven libremente, de un lado al otro, en el espacio global. Eso está más allá de su control. Si el gobierno intenta ser fuerte y limitar los capitales golondrina, y prevenir las desigualdades, la creciente desigualdad que crece a proporciones inmensas, si ellos lo hacen, entonces los capitales simplemente empacan sus valijas y se van a otro lado, a un país que sea más "hospitalario". La facilidad con la que se pueden transferir capitales de un país hacia otro es realmente sorprendente. Ni siquiera necesitas una computadora portátil; creo que se puede hacer con un teléfono celular. Y ni siquiera debes hablar, sólo tienes que usar tu dedo, apretar un botón y miles de millones viajan de un lugar a otro. En estas circunstancias, bajo este pacto implícito entre dos partes en conflicto, el contrato ha sido roto de forma unilateral. Los trabajadores siguen atados a su tierra, como lo han estado siempre, ellos no pueden moverse con facilidad, no como lo hacen los capitales. Repetiré lo que he dicho: hasta el momento la globalización es puramente negativa. La globalización está compuesta por poderes que ignoran los intereses locales. Como los capitales, los criminales del tráfico de drogas, del tráfico de armas. Actualmente, todos estos poderes son globales, se encuentran más allá del control de los poderes locales. Y están todos de acuerdo en un mismo punto: ellos no quieren introducir leyes vinculantes que puedan restringir su libertad de movimiento. Mientras, las políticas permanecen circunscriptas a lo local. Cien años atrás existía la Liga de las Naciones, en lugar de las Naciones Unidas, y sólo tenía 36 miembros. Solamente 36 unidades eran reconocidas como autosuficientes, o sea lo bastante fuertes para ser reconocidas como poderes soberanos. Y para tener soberanía debías tener autosuficiencia económica, autosuficiencia militar y autosuficiencia cultural. Yo le aseguro que ningún país en el mundo hoy en día puede afirmar que posee estas tres características.
Lanata: Los problemas son globales pero las grietas entre los países siguen siendo insuperables. ¿Qué pasa con el tema cultural?, ¿con el concepto de la democracia?, ¿con el tema de la religión?
Bauman: Es un punto muy interesante. Europa Central y Europa del Este reaccionaron para ser liberados de la dependencia de Rusia mientras eran parte del bloque comunista. Su primer acto de independencia fue unirse a Europa y a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN. Y fue un paso muy astuto, porque nunca podrían haber sobrevivido por sí mismos. Es tan simple como eso. En términos de la cultura, tenemos estas autopistas de la información atravesando todo el planeta. La cultura se mueve, cambia su carácter. Pierre Bourdieu escribió, hace treinta años, un importantísimo libro donde intentó explicar que la cultura trata de fortificar las posiciones sociales. La elite está preocupada, principalmente, por los significados simbólicos, que sirven para subrayar y reforzar las posiciones previas de una sociedad. Todo eso se ha acabado en este momento. Las elites culturales están respondiendo al nuevo estado de los temas, y en lugar de preservar lo antiguo y un único gusto elevado, ahora están ocupadas con todos ellos: desde la cultura popular, incorporándola en todo o en parte, y también la alta cultura, pasando por la cultura media y extendida. La cultura, hoy en día, no es más un sistema de normas que obliga a la gente, y del cual las personas no se pueden desviar. Dependiendo de qué grupo, de qué estrato de la sociedad provenga la persona, la cultura es una colección, ofertas. Ofertas tentadoras que pueden ser probadas y disfrutadas de la misma forma que el resto de las mercancías disponibles en el mercado de consumo. La cultura ya no actúa como una regulación normativa, sino a través de la publicidad, a través de la seducción.
Lanata: Depende, me parece. Le voy a dar un ejemplo. En Bolivia, donde el gobierno está tratando de respetar los caracteres culturales de las etnias, hay tribus que castigan el adulterio con el asesinato. ¿Qué es lo que pasa en este caso, se aplica la ley de Bolivia o la ley internacional?
Bauman: Bueno, la ley internacional está ausente, no existe algo como la ley internacional. En primer lugar, lo internacional se refiere a relaciones entre gobiernos, porque ellos no se unen para establecer leyes, sino que los gobiernos lo hacen. No hay leyes globales, una vez que distingues entre la ley global y las leyes internacionales. O ley entre gobiernos. La ley global significaría… sería algo como la ley brasileña, o la ley argentina. Si existe un Parlamento en Brasil y estipula qué es la ley en Brasil, entonces todas las personas en el territorio de Brasil deben obedecer. No hay nada así a nivel global.
Lanata: Bajo el nombre de la ley internacional, Estados Unidos invadió Libia. Bajo el mismo nombre, invadió Irak.
Bauman: Sí, pero como yo le dije antes, yo estudié este asunto y pude ver que se trataba de una hipocresía. Es una hipocresía porque no existe una ley imparcial. Las alianzas son alianzas ad hoc. El ataque a Irak, el ataque a Afganistán, las acciones en Bosnia, las acciones en África, ni siquiera son llevadas a cabo en nombre de la ley internacional, se realizan en nombre de la comunidad internacional. Me resulta terriblemente difícil entender qué es la comunidad internacional. Yo estoy en la misma posición que Kissinger: me gustaría poder discutir con la comunidad internacional, pero ¿dónde está su número de teléfono? No existe tal cosa. Hay alianzas ad hoc, los países se unen y rápidamente se aburren, se separan nuevamente, luego, en otra ocasión, forman otra alianza, pero no hay ningún equivalente del sistema judicial a la escala global. O de un código legal. Las instituciones que nuestros padres y sus padres desarrollaron, que transforman el interés privado en asuntos públicos, o en representación pública, no existen a nivel global. Y es por eso que dije, hace pocos minutos, que la vida de la gente sentada a mi alrededor hoy, en este momento, está destinada a cerrar estas brechas. Entre los poderes globales y los instrumentos políticos locales. Ese es el principal problema que debemos enfrentar. Todos los demás problemas serán irrelevantes. Una vez le preguntaron al filósofo griego francés Cornelius Castoriadis: "Señor Castoriadis,¿de qué habla usted?, ¿usted quiere salvar al mundo?". Sin mencionar qué es la salvación o qué sería la perdición, él respondió: "Dios no lo permita, nunca se me ocurrió cambiar al mundo, lo que yo quiero es que los humanos se cambien a sí mismos como lo hicieron ya muchas veces en el pasado". Por lo tanto, yo soy optimista, y estoy teniendo en cuenta que tenemos los instrumentos disponibles para actuar. Le repito, el mayor problema, hoy en día, no es qué debemos hacer porque ya estamos de acuerdo en qué es lo que debemos hacer. El problema es: ¿quién es esa persona que lo hará? Y no veo a ninguna institución que sea capaz de sobrellevar esta tarea.
Lanata: ¿Cree usted en Dios? Recién lo mencionó.
Bauman: Yo no creo en Dios pero creo que hay gente que creerá en Dios por siempre; pero no soy uno de ellos. El sociólogo alemán Ulrich Beck recientemente publicó un libro llamado El Dios personal. El Dios privado. Y él dice que la religión está prosperando, está creciendo, alcanzando cada vez a más y más personas. El ateísmo no es más una moda, eso es muy importante, porque la cultura actúa a través de la pasión pero Dios ya no está más institucionalizado, es un Dios "a la carta". Hoy en día, cada uno de nosotros producimos, unimos las piezas de Dios con muchos tipos de elementos. Siguiendo la lógica de los desarrollos sociales actuales, se cree en Dios no para pretender que vaya a observar las leyes de la naturaleza, porque exista regularidad o un orden en el mundo. Todo lo contrario. Yo lo necesito para que haga milagros. Para que rompa las leyes, para que rompa la regularidad de la naturaleza. Para que me salve de la opresión, donde la naturaleza y la humanidad no pueden ayudarme, para salvarme a mí mismo. Entonces, la privatización de Dios siguió a la privatización del individuo, del ser humano dentro de la sociedad.
Lanata: ¿Creería en Dios si la muerte no existiera?
Bauman: No lo sé. Yo estuve en Jerusalén, en la tumba de Jesucristo, en una de las iglesias, es una iglesia cristiana ortodoxa. Vi colas enormes de personas esperando para entrar en esa pequeña cueva donde está la tumba. Yo estoy seguro de que Jesucristo no está allí. Pero luego llegué a la conclusión de que si durante más de mil años millones de personas han llegado allí para arrodillarse y rezar, no importa realmente si Él existe o no. Ya no es importante. Lo que sí importa es que Él es parte del resto y eso es muy importante. El sentimiento, la necesidad de ir y visitar este lugar y rezar. Yo soy sociólogo, no soy un teólogo, no estoy preocupado por la prueba de la existencia o de la inexistencia de Dios. Por lo que sí estoy preocupado es por la importancia de la religión y del creer en Dios en la totalidad de la humanidad. Y es en verdad una parte muy importante.
Lanata: ¿Qué edad tiene?
Bauman: Usted se sorprenderá, tengo 86 años. Yo sigo repitiendo que soy un dinosaurio de la edad antigua. Sí, en verdad tengo 86 años. He visto muchos regímenes, muchas revoluciones históricas, también cambios en el carácter humano, en las preferencias. Y es por esto que soy muy cauto a la hora de hacer predicciones. Todos los hechos importantes del siglo XX sucedieron de forma imprevista. Nadie esperaba que ocurrieran. Los grandes sucesos del siglo XXI repiten el mismo patrón. ¿Quién pudo predecir el reciente colapso del crédito? En nuestra cultura no se trata del aprendizaje o de recordar, sólo se trata de olvidar. Fíjese, existía una rama de la ciencia llamada "sovietología". Era la ciencia que más dinero tenía entre las ramas de las ciencias de la humanidad. Estaba repleta de fondos. Recuerdo que era la única rama de la ciencia que no presentaba problemas: organizaba congresos mundiales, creaba nuevos institutos, nuevos jefes, departamentos de investigación… El mundo estaba dividido en dos bloques, y ellos tenían ese dinero con la esperanza de que elaborarían todas las advertencias necesarias para conocer qué es lo que haría la otra parte. Más allá de todos estos fondos sin precedentes, nunca antes vistos en la historia de las ciencias, no hubo un solo sovietólogo que haya predicho la forma en la que terminó el comunismo. Ni uno solo. Existían dos teorías al acercarse el final, hacia el momento en que Gorbachov fue elegido: una era la de las conversiones. Los espías capitalistas atraerían a los comunistas hacia nosotros y viceversa. Y entonces cada vez estaríamos más y más juntos, y finalmente tendríamos un híbrido entre los dos sistemas. Esa era una teoría. Y la otra teoría era la llamada DMA, Destrucción Mutua Asegurada. Dos teorías: o alcanzaríamos algún tipo de acuerdo entre los dos sistemas, como si fueran siameses, o se utilizaría la fuerza y el poderío de todo el armamento nuclear de ambos bandos. El hecho de que el comunismo se rendiría, no por la fuerza sino por sus propias contradicciones, por sus propias debilidades internas, no se le ocurrió ni a un solo sovietólogo. Y es por esto que siempre soy cuidadoso acerca de las llamadas predicciones científicas. Edward Clarence —probablemente usted escuchó hablar de él, el meteorólogo famoso por sus programas de computadoras— parecía que finalmente había descubierto la forma de predecir el clima. Hasta que un día Clarence llegó a su laboratorio y, con el solo objetivo de simplificar las cosas, de acelerar los procesos, redondeó 1 dígito de sus ecuaciones. Corrió 4 cifras a la derecha del punto. Es decir, la fracción de 1 sobre 10.000. La redondeó. Y para su propia angustia, descubrió que la predicción del clima había cambiado completamente. Sólo por un pequeño cambio. Él lo expresó en la forma famosa que hoy todos repiten: "Un aleteo de las alas de una mariposa en Beijing cambiará el mapa de los huracanes en el Golfo de México". Si ese es el caso, ¿cómo podemos imaginar que podríamos predecir el aleteo de las alas de todas las mariposas del mundo? Está más allá de las posibilidades, no puede hacerse. Por lo tanto, somos incapaces de predecir, no porque no poseamos los conocimientos suficientes, sino porque el mismo mundo es impredecible. Lo que llamamos "regularidad" es un producto secundario, o un efecto de muchas coincidencias, muchas contingencias, accidentes. Lamento mucho estar minando la idea de poder salvar al mundo a través de la planificación. Estoy muy seguro de que el mundo puede ser salvado, pero no porque nosotros planeemos las acciones del día, aquí en esta habitación.
Lanata: A su edad, el mundo lo sigue sorprendiendo.
Bauman: Sí, pero ya estoy preparado para ser sorprendido.Cuando era joven todavía pensaba que había leyes de la historia de las cuales podíamos depender. Estaba muy convencido, lo admito. Y eso fue lo que originalmente me atrajo hacia Marx, Karl Marx. Porque tenía tanta certidumbre de que todo lo que sucedía, en este momento, era temporario, era pasajero. Que la historia estaba, de alguna forma, del lado de la justicia, o del lado de la igualdad, de la sabiduría. Bien, resultó ser diferente. Seguí sorprendido durante toda mi vida, pero dejé de sorprenderme al sorprenderme. Esa es mi respuesta.
Infatigable humanista
Sociólogo, filósofo y ensayista, Zygmunt Bauman nació en Polonia en 1925 en el seno de una humilde familia judía. Tuvo que abandonar su país ante el ascenso del nazismo. Se formó en la Unión Soviética, regresó a Polonia tras finalizar la Segunda Guerra Mundial y militó en el Partido Comunista. En 1968 volvió a emigrar por causas políticas y se instaló en Israel. Fue profesor en Tel Aviv y luego en la Universidad de Leeds, en Inglaterra, donde es profesor emérito en sociología desde la década de 1970. Reconocido teórico de la posmodernidad "caliente", en oposición a las teorías débiles o "frías" de autores como Vattimo, Lipovetsky o Baudrillard, Bauman es conocido por acuñar y desarrollar el concepto de "modernidad líquida". Su obra comienza a publicarse en los años 50 y se ocupa, entre otras cosas, de cuestiones tales como las clases sociales, el socialismo, el Holocausto, la hermenéutica, la modernidad y la posmodernidad, el consumismo, la globalización y la nueva pobreza.





