5 libros para conocer a Marcelo Cohen

Una visita guiada por el Delta Panorámico
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27 de julio de 2016  • 16:46

De ser necesario definir una forma específicamente latinoamericana de la ciencia ficción actual, la obra de Marcelo Cohen (Buenos Aires, 1951) ocuparía un lugar central, acaso determinante, en la variante vernácula del género. Aunque en sus inicios su literatura podría definirse como realista, la experiencia traumática del exilio que vivió en Barcelona entre 1975 y 1996, lo llevó a buscar un espacio imaginario y un nuevo lenguaje en el que recuperar la mirada sobre un mundo distante. Así nació el Delta Panorámico, una geografía imaginaria de islas más o menos similares y distintas, en la que las variaciones políticas, sociales y económicas dan lugar a historias de distintos géneros y enfoques. En ese espacio se construye una apreciación particular de la realidad. Con resonancias a la obra de Philip K. Dick o J. G. Ballard, pero también de Franz Kafka, el futuro de un tiempo indefinido que imagina Cohen dista de ser utópico. He ahí su destino latinoamericano: la precariedad de sociedades más o menos caóticas y empobrecidas es la condición ideal para comprender que la promesa tecnológica no es tanto una herramienta de liberación como una trampa. El Delta Panorámico se convierte así en un teatro de las posibilidades imaginarias de lo real.

El país de la dama eléctrica

(1984)

“Vine a la isla porque tenía los sesos hechos pegamento” dice Martín Gomel, el protagonista de esta novela de iniciación, la primera de Cohen, publicada en su exilio español. El chico viaja a la isla donde vive su madre en busca de Lucinda, un amor que le robo, además de sentimientos, el dinero con el que piensa financiar su banda de rock. En compañía delos fantasma de Jimi Hendirx, Jim Morrison y Janis Joplin, el guitarrista busca experiencias significativas mientras ejercita sus instrumentos y la entonación del blues que le permita alcanzar la fama. Su contracara es Walter, un treintañero exiliado de la dictadura uruguaya que funciona como resistencia de los candores del joven cantante. Entre los viajes, destierros y restos del hipismo, la escritura de Cohen comienza a diseñar un extrañamiento fundamental de la lengua, entre las traducciones y citas de canciones de rock – Electric ladyland es el tercer y último disco de la Jimi Hendrix Experience– y el cronolecto más o menos de época, más o menos inventado, de Martín.

El fin de lo mismo

(1992)

En los cinco relatos de este libro, la atmósfera de paradoja opresiva y carcelaria propia de Kafka, pero también su humor oscuro, reaparecen en su mayor intensidad. Un hombre en busca de realizar sus sueños amorosos conoce a una mujer de tres brazos, otro se ve asaltado en medio de la noche por un grito de origen desconocido, un tercero encuentra un modo de salir de su destino de empleado comercial en una red de traficantes de fotos. Dos de las breves novelas que componen este libro de relatos anticipan ya la mirada sobre la relación entre la ley del Estado y las condiciones asfixiantes dela vida cotidiana que dominan en la literatura de Cohen. En “La ilusión monarca”, un grupo de presidiarios se encuentra encerrado en la más singular de las cárceles: en una playa abierta al mar, una serie de tabiques les cierran la mirada hacia la tierra firme pero no hacia la masa oceánica. Esa prisión a cielo abierto dibuja los límites externos, pero también psicológicos del encierro: la posibilidad de escapar está tan a la vista como la de morir ahogado, la libertad es una decisión condicionada. En “Lydia en el canal”, las leyes determinan en cuantos metros cuadrados y en qué lugar de la ciudad debe vivir cada ciudadano. A la muerte de su esposo, Lydia se encuentra no solo ante el pesar de enfrentar la pérdida sino ante el desclasamiento social que le produce su relocalización. Sin embargo, su nueva vida le otorgará la posibilidad de encontrar una alianza que quizá le brinde nuevas fuerzas.

Donde yo no estaba

(2006)

Si en Los Acuáticos (2001) nacía la geografía imaginaria del Delta Panorámico, en Donde yo no estaba alcanzó su máximo esplendor, su fuerza política y su lenguaje. En Isla Múrmora, Aliano D’Evanderey lleva una vida cómoda y sin sobresaltos, más o menos gris, como vendedor mayorista de lencería femenina. Ni siquiera la inminente muerte que puede caer al azar, acarreada por la Mota de Samblovit, una rara enfermedad, lo saca de su monocorde existencia, que registra minuciosamente en su diario. A través de él, y en muchas y morosas páginas, el lector puede acceder a ese extraño mundo en el que la gente viaja en flycoche, se comunica con farphonitos, bebe cafeto y puede acceder a la mente de otros a través del ingreso en la Panconciencia, o entregarse a la metafísica del Pensar, que alarga la vida de los seres queridos. También Aliano registra su soledad, entre el leve contacto con sus hijos Fiena y Sereno y el abandono de su mujer por su amante, que en vez de optar por el acostumbrado trimonio, lo deja solo luego de veinte años de relación. Hastiados de su pasividad, todos le piden que “tenga un gesto”. Un acto que D’Evanderey solo encontrará al establecer una extraña relación con Yónder, el veterano de una guerra cruenta cuya vida transcurre en los callejones más lúmpenes de Isla Múrmora y, sin nada que perder, posee la osadía desafiante de la que Aliano carece. En una tan extraña como natural alianza con Yónder, D’Evanderey comenzará su viaje interno y externo, y Donde yo no estaba se transformará en una apasionante novela de aventuras.

Entrevista realizada en 2005 para la Audiovideoteca de Escritores (www.audiovideotecaba.gob) Primera parte

En casa de Ottro

(2009)

Otra novela total, en la que Cohen se propone esbozar un mundo completo. En casa de Ottro es el relato en el que, quizá con mayor precisión, la política muestra sus versiones reales a partir de los ecos agigantados del mundo imaginario. Fronda Pátegher, quien fuera asesora del ex Regente de Isla Ushoda, Collados Ottro, es la heredera de la casa y los objetos del antiguo mandatario fallecido. Mientras desbroza el pasado político de su difunto jefe, ese espejismo que se desarrolla en un “teatrón” que oculta al público las costuras, Fronda comienza a convertirse en el centro de una nueva comunidad que surge en el entorno de la casa, integrada por la ciborgue Cañada y sus parientes, el jardinero, Riscos, el hijo rebelde de Ottro y un conjunto de inmigrantes de otras islas. Así, la práctica de esta inusitada convivencia la lleva a ensayar nuevas formas del “vivir juntos”, como contrapartida de las imágenes prefabricadas de la escena política.

Gongue

(2012)

Durante una inundación del Delta Panorámico, Gabelio Támper tiene la misión de custodiar los bienes de su patrón terrateniente. Lo hace desde una pila de basura, aterido y concentrado en los movimientos del agua, los objetos, los animales y los sobrevivientes, acompañado de su caballo de seis patas y su gongue, que tañe de vez en cuando para sostener la armonía social. En su monólogo, plagado de neologismos y giros poéticos, Támper desgrana su linaje subalterno y la arquitectura del orden que se le impone. En esta breve novela, es el lenguaje, que Cohen curva y pule buscando nuevos sonidos, el que diseña las formas de lo que existe.

“Estaba el campo íntegro inundado, y con él los techos, todo un timbal de olas que no avisaban serenarse. Yo he visto que el agua prefiere ser igual a sí misma que tener una forma. Pero las olas se le manifiestan más claras cuando el sol o la luna si los hay la despojan de unos montones de escamas. Y si aparece una cosa sólida ejemplo mi promontorio las olas se vienen para los bordes y cuando ya no pueden vencer la resistencia se desploman. Luego más aplacadas inician los preparativos para emprender el regreso. A veces varias olas se asocian en una ola mayúscula. De aquí no se divisa otro borde de cosa adonde puedan ir a desplomarse. Yo de aquí lo que veo es que esta inundación es redonda, y de a mediodías me parece que por ese disco se pudiera pasear sin irse a pique, tanto de ilusión sugestiona. Cuando en una mancha de aceita de una hilacha de sol, el fulgor deslumbra y a mí me entra la duda de que el agua marrón exista segura. Acto seguido se pone en entredicho que exista yo. Peor todavía me pregunto si existe lo que el agua cubre y yo estoy cuidando."

Segunda Parte

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