Ambiciosa e irónica
Sobre Sudor, de Alberto Fuguet
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En los primeros tramos de Sudor, esta extensa novela del chileno Alberto Fuguet (1964), su protagonista, Alfredo Garzón, deja en claro de qué y sobre qué entorno hablará. El año será 2013; la ciudad, Santiago de Chile; el ambiente, el cultural y editorial, la fauna que se mueve alrededor de un sello como Alfaguara, donde, a sus 41 años, el personaje trabaja como editor literario. Habla de gente adicta a Twitter, Instagram o Tinder, que escucha muy poco a los demás y jura que "eran parte del jardín de al lado y de la fiesta interminable". Subraya: "Estábamos sobregirados, coludidos, ansiosos". Sobre ese mundo caerá un gran escritor del "boom", Rafael Restrepo Carabajal, acompañando a su hijo "Rafa" en la promoción de un lujoso álbum de fotos de familiares, conocidos y famosos.
En la mayor parte, el texto se mueve en forma de diálogos, ya sea en persona o a través de medios digitales. Y buena cantidad de esos diálogos tendrán que ver con los contactos rápidos, a veces violentos y sobre todo sexuales del ambiente gay. Lo que impide que se produzca una sobrecarga es el sentido del humor, la pericia técnica y, de hecho, la sensación de seguridad que transmite Fuguet, diez años mayor que su narrador, para que la trama profunda de Sudor se vaya construyendo sobre una aparente masa fluida de fragmentos.
La inspiración real tiene que ver con la gira que en 1998 Carlos Fuentes hizo por América Latina con su hijo Carlos Fuentes Lemus para promocionar el álbum Retratos en el tiempo, ocasión en la que Fuguet observó y absorbió la materia real para recrearla con total libertad en este libro. Les cambió el nombre a Fuentes e hijo, ubicó el hecho cuando ambos ya habían fallecido (Fuentes Lemus en 1999, Carlos Fuentes en 2012), y cambió de lugar cronológico algún hecho (la muerte de una hermana de Fuentes Lemus, posterior a la suya en la realidad, es aquí previa). A su vez el álbum de fotos pasa a llamarse El aura de las cosas. Un tercer plano de ablandamiento y circulación es la continua presencia de chismes y chicanas de todo tipo, personales o generales, nuevo factor de diversión para el lector. En cuanto al uso de la jerga o el dialecto chileno (o santiaguino), mantiene un equilibrio que no exige ir a consultar diccionarios, ya que suele explicarse por el contexto.
Se habla al pasar de José Donoso y su hija (que escribió una suerte de biografía del padre, y después se suicidó), de sudor literal y sexual en un verano excesivo, o hay algún apunte general: "Los argentinos no saben imprimir. Saben escribir pero no imprimir". A su vez aparecen repetidas veces personajes ya presentes en la extensa película Invierno, de la que Fuguet es director. Integran un grupo definido, donde destacan "el Factor Julián" (una relación pasada que dejó su marca), o el imaginario escritor Augusto Puga.
A partir de la llegada de los Restrepo aumenta directamente la temperatura argumental. No asombra que Raf (el editor), a quien le encargan la custodia y entretenimiento del joven fotógrafo hemofílico, tenga una relación con él y que la estructura toda, hasta allí muy sostenida en una variedad tipo Corte de los Milagros, empiece a sufrir sacudones más emocionales y desequilibrios ocultos en la propia composición de ese mundo. Allí, en particular en los recorridos que el editor y el joven autor-fotógrafo hacen por zonas específicas de Santiago, aparece un nuevo factor. La ciudad adquiere consistencia y espesor literario. Restrepo padre llega a proyectar un perfil siniestro, casi de villano gótico, y el hijo, adherido a un oso de peluche que le da confianza, va armando una figura tan vulnerable como por momentos cruel.
Cuando el recorrido termina, dramáticamente por cierto, el lector advierte que ha sido absorbido por una novela con personajes nítidos, y una ciudad construida más por el lenguaje que por el turismo o la mera experiencia personal. Como pasaba con la Lima del primer Vargas Llosa, con La Habana de Guillermo Cabrera Infante, con las distintas ciudades de Manuel Puig, uno de los maestros explícitos de Fuguet. Una especie de novela del "boom" corrida de lugar, menos mítica y grave, y que por eso mismo deja respirar su propio mundo, sin pretensiones de totalidad.
SUDOR
Por Alberto Fuguet
Random House
608 páginas
$ 369








