Comedia para tiempos amargos

Sobre Francamente, Frank, de Richard Ford
Armando Capalbo
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14 de febrero de 2016  

Richard Ford (Mississippi, 1944) se afianza como uno de los mejores escritores vivientes de Estados Unidos con Francamente, Frank, una novela fraccionada en cuatro relatos enlazados por la angustia del paso del huracán Sandy por Nueva Jersey. El prestigioso autor de Un trozo de mi corazón y Canadá, ganador del Pulitzer y del PEN/Faulkner, hace lucir el regreso de su personaje Frank Bascombe, en esta comedia amarga, como testigo irónico de la insensibilidad social de su país en el nuevo milenio.

El primer relato, "Aquí estoy yo", presenta al jubilado Frank intentando sobreponerse al escepticismo cuando comienza la reconstrucción luego de los terribles daños del huracán, después del segundo triunfo presidencial de Barack Obama. Su segunda esposa, Sally, atiende psicológicamente a las víctimas aunque el antiguo agente inmobiliario debe hacer lo mismo con un viejo amigo al que le vendió una casa de la que sólo quedan los cimientos. La problemática del desarraigo prepara el terreno para el segundo relato, "Todo podría ser peor", en el que una madura mujer afroamericana, que también ha perdido su propiedad, le pide permiso a Frank para visitar su casa, en la que vivió de adolescente. La nostalgia trasunta, en verdad, la rememoración de la tragedia que la expulsó de aquel lugar. El tema del desarraigo deviene en marca anímica profunda. "La nueva normalidad", el mejor de los cuatro magníficos relatos, es la visita de Frank a su ex mujer, enferma de Parkinson, alojada en un geriátrico de lujo de inspiración new age. El rapto emotivo de Frank al comprobar el deterioro de su antigua esposa se condice con su reflexión sobre la precariedad de la existencia, afianzando la idea de que la auténtica normalidad en el ser humano es su condición transitoria. En cambio, "Muertes de otros" es la toma de conciencia de la propia mortalidad a través de un viejo amigo, Eddie, quien lo convoca ante el estado terminal de su enfermedad para que lo ayude a imaginar alguna trascendencia.

En las historias, el paso devastador del huracán Sandy por la Costa Este ha hecho estragos en Ocean County. Frank Bascombe se ha salvado de perder su patrimonio aunque no de quedar atrapado en un universo signado por la difícil supervivencia y por la pérdida, en un contexto de indiferencia e individualismo. Su voz se erige como un discurso de la resistencia a la adversidad, que una y otra vez se enardece con mordacidad para trazar una perspectiva narrativa en la que las ruinas de lo que antes fue espléndido son metáfora del estado anímico de la nación.

El rol de Frank, en buena medida, difiere del ácido transgresor, inconformista y políticamente incorrecto de la trilogía novelística que lo tuvo de protagonista, El periodista deportivo, El Día de la Independencia y Acción de Gracias. Ahora es el testigo privilegiado de un mundo cambiante y sórdido, el heraldo del reino de la imprevisibilidad, en el que la tecnología y el hedonismo han tomado el poder. La voz de Frank abre la brecha de un humor amargo pero certero, en el que la empatía por las víctimas del desastre natural no impide el implacable recuerdo de las injusticias sociales. Es un yo atenazado por el presente, urgido por el furor de una naturaleza que, sin proponérselo, ha dejado expuestas heridas y carencias que pasan del individuo al colectivo.

Más viejo y más sabio, narrando con minuciosidad descriptiva pero también con un fuerte sentido teatral, Frank entona su voz para invocar los sueños perdidos de una generación y para violentar la inconsciencia del presente, que parece inmune a su propio fracaso humanista.

De algún modo, los cuatro relatos de Francamente, Frank se unen en la peripecia sentimental de captar el misterio de la pulsión vital, que sobrepasa la infelicidad y el pesimismo, que debe enfrentar la abrupta comprensión de que aquello que es sólido puede desvanecerse en el aire. Intuyendo que no le queda mucho tiempo, el personaje se apropia con ambigua distancia de las cuatro historias ajenas que lo asaltan para refugiarse en una fluidez equidistante entre la decepción y la tibia esperanza, a través de un yo discreto, moderado y mordaz, paradójicamente implacable, pero también piadoso.

FRANCAMENTE, FRANK

Por Richard Ford

Anagrama

Traducción: Benito Gómez Ibáñez

228 páginas

$ 275

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