Con gusto a Gabo Ferro

Silvia Hopenhayn
Silvia Hopenhayn PARA LA NACION
Este es un libro atípico: Recetario Panorámico Elemental Fantástico & Neumático, del historiador, poeta y músico, Gabo Ferro, editado por Ciclo3
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25 de septiembre de 2015  • 00:13

¿Hay algún poeta a bordo? Esa no es pregunta común en un avión, o en viaje, cuando surge una emergencia o alguna descompensación. Mejor en manos de un médico, no importa su especialidad, más preferentemente cardiólogo o psiquiatra… Alguno capaz de acudir y recetar. Un calmante o un modo de sostenerse. Pero… ¿ha probado con la poesía? Se toma por los ojos y se anhela en todo el cuerpo. Es de efecto inmediato -más que sublingual, es lengua súbita- y enseguida el orden se reestablece. Como diría Charles Baudelaire, justamente en su poema Invitación al viaje: "Aquí todo es orden y belleza / Lujo, calma y voluptuosidad."

Esto que parece un simulacro de emergencia, es tan serio como la zambullida de Alicia en el espejo. Y sirve para presentar un libro atípico, resueltamente recetario, como su misma portada lo indica: Recetario Panorámico Elemental Fantástico & Neumático, del historiador, poeta y músico, Gabo Ferro, editado por Ciclo3.

Cada una de las recetas proviene de la poesía. O del poetizar. Son casi doscientas, tan irresistibles como morosas, o de liberación prolongada. Casi todas profetizan en infinitivo. Como ejemplo, la primera: "Poner la fruta frente al espejo/ Azucarar la sombra de la fruta/ El espejo comenzará a encarnarse/ Soplar si arde o suelta las estrellas/ Romper contra los ojos algunas vainas de vainilla y olerlas/ desde el lago/ Mirar arriba desde abajo/ Pronunciar su nombre por lo alto/ Enfriarlo." O una de mis preferidas: "Asfixiar doce huevos en un hombre agobiado en licor de ciruela/ Olvidarse del hombre/ Cubrir todo el espacio con bálsamo aterrado/ Coserle las dos puntas para los mismo lados, para arriba y/ Abajo/Que drene lo sangrado/ Hacer morcillas dulces/ Refritar todos los escenarios hasta hacerlos amargos/ Puede el hombre olvidado servirse solo o con pasas; pero /siempre pasado."

Leídos en voz alta, uno tiende a recitar en receta, con una leve monotonía para dar cuenta de los ingredientes y proporciones, en este caso, ontológicos

El infinitivo predispone la lectura. Leídos en voz alta, uno tiende a recitar en receta, con una leve monotonía para dar cuenta de los ingredientes y proporciones, en este caso, ontológicos; o como cela el título del libro "neumáticos". El tiempo infinitivo tiene algo de infinito en el estar del verbo (así como el gerundio abusa de lo circular). Decir en infinitivo es de por sí una constancia y una promesa, la posibilidad del para siempre ("amar", por ejemplo). El infinitivo es sin persona, es de todos… mientras no se lo conjugue. Conjugar ya es otra receta, de carácter distributivo y temporal que puede llegar a cuajar el verbo. Esto ocurre también en el exquisito cuento de Tununa Mercado, "Antieros", una receta doméstica, en infinitivo, para gozar de la limpieza...o de la sórdida soledad.

En la receta XIII del libro de Ferro se desliza otro tiempo, un imperativo que el autor convierte poética y amablemente en "invitativo": "Huela ya mismo cómo lloran las cosas/ Oiga/ Aprenda el equilibrio del cardo y del deshidratado (…) Mire sus manos/ Lleve su cuello al fin frente a sus ojos/ Fulmine las cucharas/ Desahogue las ollas hasta secarse en calma."

En la Introducción, Ferro explica su recetario donde "el universo mismo se presenta como una cocina perpetua atravesada por la naturaleza y la cultura." Sus pociones tienen algo de bitácora. Continúa: "el recetario está más interesado en los detalles del proceso y del paisaje que en el fin de su viaje (…) Llegar es estático. Aquí se disfruta más la capacidad de estirarse que la de poder alcanzar." El estiramiento es una gran propuesta. La lectura como elongación poética, ejercicio que debiera incluirse en las rutinas gimnásticas.

En otra receta se aclara (sin yema, porque hay que "destronar el huevo"): "Todo lo que está a gusto da buen gusto". De eso se trata, del gusto de la vida, del jugo de la existencia: amargo, sublime, mugriento, áspero, almibarado… Todo un menú para finalmente "mudarse a vivir al pensamiento."

Como frutilla del postre (y de esta columna), Gabo Ferro estará en el cierre del FILBA (Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires) el domingo a las 21:30, en el MALBA.

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