Papa Francisco: la metáfora del buen pastor

Alberto Bochatey
Alberto Bochatey LA NACION
Camina subiendo al monte, recogiendo y cuidando su rebaño. Busca especialmente la oveja perdida, presta especial atención a la herida, se fija en quién pasa y quién está ausente
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13 de marzo de 2014  • 12:04

Sería muy fácil hacer una evaluación, cronología, anecdotario o una síntesis de un año de pontificado de Francisco , pero es muy difícil reflexionar sobre el futuro que está construyendo el Santo Padre desde su profunda vocación de obediencia, por amor, a la misión y tarea que el Espíritu Santo le ha mandado.

Sin duda su llamado firme y ejemplar a vivir la pobreza evangélica que nos propone el Papa desde el primer día y con la elección de su mismo nombre es la verdadera bandera que ha izado en la cruz pastoral que utiliza en las celebraciones litúrgicas. Nos habla con sus gestos cotidianos de sencillez, austeridad y alegre esperanza y amor evangélico: la cultura del encuentro es la cultura en Cristo, donde todos nos encontramos porque Él es el verdadero Pastor y Salvador, Él es el camino, la verdad y la vida, es la piedra angular.

Francisco nos pide que salgamos de nuestra comodidad y seguridad para ir a las periferias existenciales, allí donde se encuentren. Que actuemos como una Iglesia-Hospital de Campaña, curando los heridos del relativismo, de la exclusión, de la esclavitud y del no amor que viola la dignidad humana. Que seamos promotores de la vida, contra todo tipo de eutanasia social o encubierta: "La falta de salud y la discapacidad no son nunca una buena razón para excluir, o peor para eliminar, a una persona; la privación más grave que padecen las personas ancianas no es un debilitamiento del organismo y la subsiguiente discapacidad, sino el abandono, la exclusión, la privación de amor" .(*)

Nos habla con sus gestos cotidianos de sencillez, austeridad y alegre esperanza y amor evangélico: la cultura del encuentro es la cultura en Cristo

Nos ha confesado, con sinceridad extrema, desnudándose ante la humanidad toda, que es pecador, que necesita de la las oraciones cotidianas de todos y que no puede quedarse indiferente ante la cultura del descarte, la doble vida y la falta de coherencia y testimonio en la Iglesia. La reforma de la Curia Romana y de algunas entidades del Estado Ciudad del Vaticano que tanta atención han despertado en los medios la está haciendo a pie. Casi todos los días camina desde su casa hasta el Palacio Pontificio y esto me hace pensar una metáfora: el buen pastor todos los días camina subiendo al monte, recogiendo y cuidando su rebaño. Busca especialmente la oveja perdida, presta especial atención a la herida, se fija en quién pasa y quién está ausente, se apoya en los otros pastores para hacer su trabajo en comunidad pero mantiene los ojos permanentemente puestos en el ‘dueño de la mies’ que le dio la autoridad por mandato de ser el Vicario de Cristo en la tierra.

Claro que no me puedo sustraer del hecho que es nuestro papa argentino... Nos provoca esa extraña sensación de ‘lo casero’ en ‘lo sagrado’. De hecho algunos aún miran a Francisco como aquellos vecinos de Jesús que se preguntaban: "¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?" (Mt 15,54-55) y confundidos por lo ordinario, no logran descubrir que "Dios ha hecho obras grandes" entre nosotros y que Francisco es el Pedro que frente a la interpelación del Señor responde seguro: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente" . Jesús le dice y nos dice a todos: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi iglesia y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos." (Mt 16, 16-19).

No me puedo sustraer del hecho que es nuestro Papa argentino... Nos provoca esa extraña sensación de ‘lo casero’ en ‘lo sagrado’

Como cristianos y argentinos es bueno que festejemos a nuestro querido papa Francisco no tanto haciendo flamear con orgullo la bandera argentina, sino haciendo flamear con amor tierno y misericordioso, el Evangelio de Cristo para que nadie sufra la exclusión de no conocer el amor de Dios.

¡Felicidades Santo Padre! Rezamos por usted y le pedimos su bendición del "Buona sera" y la de la sonrisa del encuentro en la Plaza de San Pedro para poder, junto a María, caminar, edificar y confesar a Cristo Jesús.

(*) Francisco: Mensaje a la XX Asamblea Plenaria de la Pontificia Academia para la Vida, Ciudad del Vaticano, 19 de febrero de 2014

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