La confusa e ineluctable batalla contra el coronavirus

Sandra Choroszczucha
Sandra Choroszczucha PARA LA NACION
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16 de marzo de 2020  • 03:53

Frente al escenario de tensión y pánico social que atraviesa hoy la Argentina por un virus que entró para instalarse, llegó el momento de velar por la salud pública, ante un flagelo que no tenemos certezas sobre la gravedad que acarrea, porque lamentablemente, nuevamente nos invade una nueva Argentina partida, esta vez en torno a la gravedad o la no gravedad del coronavirus.

Al parecer, como en toda disputa, cada parte busca encontrar su sesgo de confirmación, de tal modo, aquellos que piensan que dicho virus es de extrema gravedad se encargan de replicar sin pausa, las noticias sobre "el coronavirus y el fin del mundo", mientras que aquellos que consideran que simplemente se trata de un virus más, se encargan de replicar mensajes sobre "el coronavirus y el fin de la cordura". Vale aclarar, que ambos lados de esta Argentina partida por un coronavirus considerado terrorífico o controlable, no están dirigidos por influencers u opinólogos sin conocimiento de la temática, sino que quienes se encargan de difundir estos mensajes tan contradictorios sobre un mismo virus, son médicos, virólogos, bioquímicos, profesionales de la salud, personalidades altamente reconocidas de la comunidad científica y sanitaria a nivel nacional y mundial.

Un detalle que no deja de sorprender, es que cuando hablamos de un virus, de un "microorganismo compuesto de material genético protegido por un envoltorio proteico, que causa diversas enfermedades…" no debería caber demasiado lugar para la duda, y uno esperaría que los expertos nos sentencien que determinado virus es peligroso o no lo es. Sin embargo, al existir esta disputa médico-científica sobre la peligrosidad o inocuidad del virus, se llega a una relativización sobre la amenaza de este, y entramos en una zona de incertidumbre, y desde ahí al pánico hay un paso mínimo. Y es el pánico, ese "macroorganismo" de alta peligrosidad, aquello que nos lleva a actuar con desesperación y a correr todos juntos, al mismo tiempo y sin rumbo.

Finalmente, al no poder conocer a ciencia cierta cuál es la verdad sobre la peligrosidad del coronavirus, y entendiendo que en algunas latitudes se ha comportado más malvadamente que en otras, aparece la necesidad de enmarcarnos en este cuadro de situación. Así, recibir y respetar las indicaciones de un gobierno que debe tomar cartas en el asunto frente a una situación presentada como de emergencia sanitaria parece ser la mejor opción. Las directivas dadas el último jueves 12 de marzo, a través de un decreto presidencial, fueron sin duda muy atinadas. A través de estas, Alberto Fernández nos explicó sobre los cuidados básicos que debemos respetar para prevenir el virus y nos expuso aquellas prohibiciones que son necesarias cumplir, para evitar mayores contagios y controlar que la curva ascendente del virus no se desbande y colapse nuestro sistema de salud.

Las indicaciones fueron claras y hay que cumplirlas. Sin embargo, cabe reclamar a las autoridades políticas, algunas cuestiones imprescindibles y pendientes, necesitamos una hoja de ruta de mayor precisión, que nos indique qué hacer si aparecen síntomas del coronavirus. Para tal fin, el gobierno ha brindado dos números telefónicos, 107 para la Ciudad de Buenos Aires y 0221-4255437 para la Provincia de Buenos Aires, y nos comunicó el presidente que "… el decreto hace obligatorio a cada persona reportar síntomas compatibles con el coronavirus..." Sin embargo, estos teléfonos suenan y nadie los atiende, o se atienden luego de repetidos y repetidos intentos. ¿Será porque las líneas de emergencia colapsan por los llamados interminables asociados a otras dudas que necesitamos evacuar? Probablemente. Existen múltiples interrogantes sobre cuestiones que nadie parece poder respondernos. Así, un pedido impostergable, es que el gobierno pueda incluir otras líneas telefónicas para poder auxiliarnos

frente a interrogantes vitales. Otra demanda a un gobierno que llama permanentemente a la solidaridad, es que evalúe medidas de control para almacenes, supermercados y farmacias que venden cantidades indiscriminadas de productos básicos para una sola familia, impidiendo que el resto de la población pueda abastecerse de los insumos más elementales. Sobre este punto, cabría asimismo destacar la importancia de que la misma sociedad pueda aplicar de una vez la solidaridad, al margen de la fuerza de la ley que ya empezó a correr a partir de varias de las indicaciones que diera a conocer el presidente el jueves último.

Así, frente a una situación de alta incertidumbre, se torna un imperativo ordenarnos y cumplir con un deber ciudadano y humanitario, el de poder seguir las indicaciones del presidente, quien nos comunicó literalmente "… le pido a cada ciudadano y a cada ciudadana que también tomen las medidas de prevención que estamos difundiendo… tenemos que hacerlo entre todos y todas, tenemos que demostrarnos una vez más que en los temas importantes estamos unidos…". Al presidente, por su parte, cabe pedirle, que cumpla con su palabra de que "… en situaciones de alarma generalizada es imprescindible el rol del Estado para prevenir, tranquilizar y brindar protección a la población …". Así, debe recordar el presidente de los argentinos, que el equipo de gobierno destinado a auxiliarnos en esta batalla contra el coronavirus, tiene el deber de cumplir con los protocolos correspondientes y responder ineludiblemente a nuestras urgentes demandas en tiempo y forma.

Politóloga y Profesora (UBA)

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