
Violencia de género
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La vida es más fácil con los ojos cerrados, decía aquel himno con una invitación que hoy es menester. Abrirlos. Al fin y al cabo, es ésta, la nuestra, una época de despertares.
En Argentina y en el mundo están, efectivamente, pasando cosas. El movimiento de mujeres que como feliz marea no para de crecer, los distintos colectivos, las banderas levantadas que anuncian, entre otras cosas, ese "ya no nos callamos más" abren puertas, ventanas; levantan las alfombras bajo las que durante tanto, pero tanto tiempo, se escondieron miserias y violencias infinitas.
En ese contexto, este febrero llegó con un comunicado de parte de una red de mujeres de las fuerzas de seguridad que empezaba a conformarse, no por deseo, sino por necesidad. Cuando llegó a nosotras, cuando llegó al mundo de lo público, el énfasis estuvo puesto en ese "pedido" de repensar su rol como policías mujeres en el marco de marchas y manifestaciones.
En aquel comunicado, las mujeres de las fuerzas anticipaban "pedir por el cese de la violencia repetimos ´no es delito " y no tenemos que estar allí y si estamos será para levantar el cartel Ni una menos acompañando... jamás reprimiendo". Y eso ya era mucho; algo más de lo que está cambiando, otra foto en movimiento ya no de lo que somos sino de lo que queremos ser.
Ellas son Mercedes, Beatriz, Carina, y Viviana. Mujeres valientes, dispuestas a sentar precedente sin taparse la cara, apremiadas por la circunstancia que las asusta, que las desvela: ellas están en sus casas, con licencias psiquiátricas usadas casi como excusa, con bajas injustificadas, con licencias forzadas, separadas todas, de una manera u otra, de esa institución de la que eligieron ser parte a fuerza de lucha y vocación
El texto completo, fue una especie de secreto a voces que circuló en las redes y estaba dirigido con firmeza a las autoridades del ministerio del Seguridad.
Lo que no se contó es que en esa presentación se escondía también un grito ahogado de ayuda, de socorro... un grito urgente, desbordado de inmediatez, que volvía a pedir justicia. Un grito que develaba, como nunca antes, muchas de las cosas que pasaron, que pasan, que siguen pasando, al interior de las distintas fuerzas. Abusos, acosos, maltratos: injusticias.
Y entre todas ellas, entre todas las que se están repensando, interpelando, contando, expresando, una distinta, con sus especificidades, con sus miserias y agravantes propios. Un tipo de violencia que sale por primera vez a la luz, así, con nombres propios, con historias en primera persona que son, a la vez, la voz de muchas otras -o, acaso, el comienzo de algo mucho más grande-.
Aquel puñado de palabras empezó a convertirse así en el preludio de las que pronunciaron después, cuando tuvimos la oportunidad de conocerlas y escucharlas. Cuatro mujeres y un hecho sin precedentes: las mujeres de las fuerzas de seguridad deciden ponerle palabras a la violencia que sufrieron y sufren por parte de la misma institución y ejecutada por sus superiores. Y eso que viene después: el desamparo, la pregunta en forma de afirmación que salió de las entrañas de cada una de ellas; y el Estado, dónde está?
La experiencia no fue sencilla, ni sin lágrimas, ni sin cicatrices. La empatía, necesaria, se volvió ineludible. Otra vez batallando con el oficio, con la indolencia. En medio de sollozos, esas cuatro mujeres describieron la violencia física, psicológica, sexual y laboral de la que fueron y de la que siguen siendo víctimas.
Después de todas las denuncias presentadas, incluso estando procesados, muchos hombres de las fuerzas de seguridad han sido ascendidos, es decir premiados
Ellas son Mercedes, Beatriz, Carina, y Viviana. Mujeres valientes, dispuestas a sentar precedente sin taparse la cara, apremiadas por la circunstancia que las asusta, que las desvela: ellas están en sus casas, con licencias psiquiátricas usadas casi como excusa, con bajas injustificadas, con licencias forzadas, separadas todas, de una manera u otra, de esa institución de la que eligieron ser parte a fuerza de lucha y vocación. Ellos, casi todos ellos, no solo en funciones, sino en cargos superiores.
Si. Después de todas las denuncias presentadas, incluso estando procesados, han sido ascendidos, es decir premiados.
Y ellas ahí, acá, con el uniforme guardado, pero sin ánimos de esperar, dispuestas a dar la batalla en el plano que sea necesario. En la justicia, en las calles, acá, a fuerza de coraje. El uniforme espera. Ellas no.
Apenas unos días antes de un nuevo 8M, Las mujeres policías denuncian abusos generalizados en las fuerzas de seguridad de la Nación, mientras tratan un histórico proyecto de ley: La Red de Mujeres Policías con Perspectiva de Género avanzan con el Ante-Proyecto de Ley de Género en Fueras de Seguridad de la Nación, en el que participaron referentes de diversas organizaciones de todo el país, así como diputadas y diputados, legisladoras y legisladores y representantes de distintas instituciones defensoras de los derechos humanos.
Ellas hablaron. Nos abrieron las puertas de sus casas, de sus pasados, de sus presentes. Ahora, nos toca elegir qué rol nos toca. Ahora, nos toca cuidarlas, acompañarlas, hacer resonar sus voces hasta que algo se ponga finalmente en el lugar que, creemos, corresponde.
Ellas hablaron. Es hora de que hablemos nosotros también.
* Las autoras produjeron el informe "Machos con pistola" emitido en Telefe.
Andrea Schellemberg y Miky Lusardi
