Reseña: La muerte del comendador, de Haruki Murakami

Los enigmas sin solución de Haruki Murakami
Nicolás Mavrakis
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16 de diciembre de 2018  

La pregunta que enfrenta la obra de Haruki Murakami (Kioto, 1949) es una que enfrentan casi todos los grandes best sellers y que entusiasma a la filosofía desde sus orígenes. Reformulada en términos literarios, la pregunta es: ¿por qué parece haber algo en la obra de este japonés de 69 años "cuyo nombre suena reiteradamente como candidato al Nobel de Literatura", cuando no hay, más bien, nada?

Como en la filosofía, las respuestas surgen a partir de la intuición y se desarrollan a través del entendimiento. En tal caso, si lo "intuido" acerca de un autor es lo que dice en sus entrevistas, Murakami se presenta como un escritor ingenuo ("los escritores no tienen que ser inteligentes") y como un hombre simple (un ejemplo está en el título de una entrevista reciente: "Me gusta planchar"). Ahora bien, el entendimiento que demanda sumergirse en sus novelas, sus cuentos e incluso sus ensayos es lo que revela aquello de lo que Murakami resulta realmente capaz. Para esto, La muerte del comendador (Libro 1) es una buena puerta de entrada. Con una historia centrada en un retratista que sueña con un nombre como pintor, las apariciones fugaces de artistas plásticos talentosos y esposas infieles, y una fina mirada sobre el arte japonés, el libro cubre casi los tres géneros.

Parece lógico que si "los escritores no tienen que ser inteligentes" se deduzca que solo tienen que ser sensibles. ¿Pero qué pasa entre la inteligencia y la sensibilidad? Es la pregunta que sacude al protagonista de La muerte del comendador cuando su esposa le confiesa que está viendo a otro hombre. "Hasta ese momento, mi vida había transcurrido de una manera apacible, coherente, razonable", cuenta. Desolado, abandona su trabajo como retratista por encargo de los "pilares de la sociedad" (banqueros y empresarios) y se instala en una cabaña en lo alto de una montaña, donde vivió uno de los grandes pintores japoneses del siglo XX, Tomohiko Amada.

La muerte del comendador empieza así con la voz de un artista frustrado de 36 años que escucha a la cantante Sheryl Crow y que está dispuesto a reconocer que, a pesar de su discreto éxito comercial, "ya no pintaba para mí", y que, recién separado, intenta reavivar su existencia sexual con dos mujeres a las que les da clases de pintura. Aunque no cede nunca a la depresión, esa voz tampoco tarda en adelantar el desenlace de su historia: junto a su mujer, dice, "al final decidimos darnos otra oportunidad". ¿La inteligencia y el cálculo, entonces, han cedido a la sensibilidad y lo verdadero? Hasta ahí, Murakami plantea un excelente contraste entre el tono reservado y masculino del protagonista y las descripciones kitsch del paisaje que lo rodea: "Cuando arreciaba el viento, las nubes bajas y dispersas que había sobre las montañas flotaban como almas errantes que regresaran al presente desde tiempos remotos en busca de una memoria ya perdida".

El resto de La muerte del comendador se aparta de esa voz y de las reflexiones sobre el matrimonio, el sexo y el arte (y sobre una consagración fríamente calculada según las variables culturales de la época) y avanza hacia un cuadro oculto inspirado en la ópera Don Giovanni, un excéntrico millonario, un espectro que demanda un retrato aunque no tiene cara y el romance con una nueva mujer. El hecho central, aclara el protagonista, es que "en las costuras de la realidad debía de haberse producido un ligero desgarro". Y con la irrupción de este realismo mágico, Murakami riega la trama con preguntas que, por las dudas, contesta casi de inmediato, como si sospechara de la atención de los lectores. "¿Por qué tanto interés en que le hiciese un retrato? ¿Cuál era su verdadero propósito? ¿Acaso tramaba algo? ¿Por qué iba a interesarse en mí una persona como él? ¿Por qué se tomaba la molestia de dedicarme su tiempo a aquellas horas de la noche?" De este modo, la "experiencia literaria Murakami" regresa a la pregunta inicial: ¿hay algo en la mayoría de estas páginas o hay, más bien, nada? El Libro 2 de La muerte del comendador se publicará el año próximo.

La muerte del comendador

Por Haruki Murakami

TusquetsTrad.: F. Cordobés y Y. Ogihara. 476 págs./ $ 619

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