Reseña. Diccionario amoroso del psicoanálisis, de Élisabeth Roudinesco

El psicoanálisis tiene quien lo defienda en tiempos de angustia
Nicolás Mavrakis
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30 de septiembre de 2018  

Crédito: Sebastián Dufour

¿El psicoanálisis necesita defensores? Élisabeth Roudinesco (París, 1944) sabe que, de todas las ciudades donde podría formularse esta pregunta, Buenos Aires, donde la disciplina creada por Sigmund Freud es "una suerte de cultura de masas y un verdadero fenómeno social", está entre las más improbables. A menos, claro, que la cultura y la sociedad porteñas quedaran bajo ataque de los "científicos recalcitrantes", como los llama la autora de este Diccionario amoroso del psicoanálisis, siempre preocupados por reducir al hombre "a una suma de circunvoluciones cerebrales".

Que la misma "Buenos Aires", a razón de sus numerosas asociaciones psicoanalíticas, sea una de las entradas del diccionario (entre "Budapest" y "La carta robada"), e incluso se la compare, de manera condescendiente, con una "nueva Viena", es también una de las curiosidades que explican la lógica del libro. En tal caso, ¿aman las ciudades al psicoanálisis? Es debatible, pero no como el amor de Roudinesco, cuya biografía Freud. En su tiempo y en el nuestro (2014) es un instrumento casi inapelable de su afecto. Documentada, hagiográfica y dispuesta a la polémica, la vida de Freud a través de Roudinesco sirvió, incluso, para desmantelar los errores (y miedos) de fustigadores atormentados como el filósofo francés Michel Onfray, cuyo best seller Freud: el crepúsculo de un ídolo (2010) se creyó, por un instante, capaz de terminar con la "cultura psicoanalítica".

En este diccionario, aquella devoción se disgrega en conceptos, objetos, ciudades y autores que repiten que el "amor" que el psicoanálisis pueda tener por el mundo y sus experiencias no se compara con el que todavía le reserva Roudinesco. "Amor", la primera palabra, es de hecho una excusa no tanto para navegar por cuestiones como la libido, la pasión, el Eros y el incesto, como para recordar de qué manera lo pensaban Jacques Lacan, Jean-Martin Charcot y, por supuesto, Freud, que consciente del amor que le profesaba su madre, "gustaba declarar que cuando se ha sido el preferido, uno conserva toda la vida la sensación de conquista, esa certeza de éxito que no es raro que termine conduciendo efectivamente al éxito".

Por otro lado, dispuesta a enfrentar las discusiones más vigentes, en la entrada dedicada a "Sexo, género y transgéneros" Roudinesco marca que el psicoanálisis siempre se ha separado de un enfoque puramente anatómico, genital o biológico de la sexualidad y, por lo tanto, de la sexología. A partir de ahí, los sucesores de Freud crearían un término con "un éxito considerable a partir de fines del siglo XX", el género, que determina una entidad moral, política y cultural, "es decir, una construcción ideológica". El argumento es claro: si existe un modo de entender que "las lesbianas, los gays, los bisexuales, los trans, los queer (LGTBQ) y demás minorías que reivindican un hipotético tercer sexo" no solo no colocan en peligro el "orden familiar" sino que, de hecho, solo siguen un deseo de integración a la sociedad, ese modo de entendimiento es el psicoanalítico, fundado en la concepción de un inconsciente humano en el que "hay siempre dos componentes, uno masculino y otro femenino". En una época donde la ilusión tecnocrática de la "transparencia" parece omitir el hecho de que la vida psíquica no se desenvuelve solo en la superficie visible, el Diccionario amoroso del psicoanálisis cumple así con la tarea de recordarnos que, como puede leerse en la entrada "Máximas de Jacques Lacan", el psicoanálisis "es un remedio contra la ignorancia, pero no hace efecto en la imbecilidad".

Si dejamos estas lecciones atrás, dice finalmente Roudinesco, se habrá instalado entonces el tiempo de la "angustia", que en su entrada, y otra vez con la cortesía de Lacan, puede ser pensada, también, como la angustia de haber dejado de sentir angustia, ya que "liberado de toda angustia, el ser humano sufre más por no sentirla que por movilizarla en una experiencia creadora".

Diccionario amoroso del psicoanálisis, Élisabeth Roudinesco, Debate. Trad.: A. Pauls, 539 págs./ 799

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