Reseña: Mañana no estás, de Lee Child

Nicolás Mavrakis
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1 de agosto de 2020  • 00:00

Para los lectores argentinos es una suerte que cada año, así como se repiten las cuatro estaciones, las fiestas y los aniversarios, también aparezca un nuevo libro de Lee Child (Coventry, 1954) con otra aventura de Jack Reacher. De hecho, es una suerte "extra" que esto ocurra incluso en un momento adverso como el actual, mientras un mercado editorial dañado por los efectos de la pandemia retrasa publicaciones o recorta el temario a variaciones desesperadas (y aburridas) del optimismo.

Reacher, en cambio, no suele ofrecer optimismo. Lo suyo son las soluciones prácticas y una esperanza precisa: los malos a su alcance, al menos, nunca dejarán de ser castigados. Este es el hábito que arrastra desde su época como investigador estrella de la Policía Militar en el Ejército de los Estados Unidos, una institución de la que se retiró cuando el final de la Guerra Fría y la disminución del presupuesto de Defensa convirtieron a las Fuerzas Armadas en una unidad de negocios con prioridades muy distintas del patriotismo. Como si fuera un disciplinado jesuita, y sin otro capital que su experiencia, un cepillo de dientes y el pasaporte, desde entonces Reacher recorre el mundo divulgando su obra de justicia, aun si eso lo obliga a romper las reglas (y los huesos) del mundo civil.

Esta vez, la historia lo lleva a Nueva York, donde un prometedor político con un historial militar oculto y una magnate ucraniana que trata de descubrir su pasado confluyen sobre Susan Mark, la intrascendente empleada del Pentágono que se suicida sin motivo aparente en un vagón de subte justo delante de Reacher.

Como de costumbre, Child confirma ser un maestro para hilar con criterio y humor la clase de eventos que, en otras manos, pueden sonar forzados. ¿El producto? Un thriller con lecciones de empatía ("las personas que acaban de perder a un familiar tienen el coeficiente intelectual de un perro labrador"), lecciones de pelea ("la mejor pelea es la pelea a la que no le das lugar"), lecciones sobre medios ("los periodistas pueden ser manipuladores y persuasivos, pero nadie les tiene miedo") y algunos deslices extraños en la traducción (para describir a una mujer hermosa, por ejemplo, se repite la frase "una bebé total", algo alejada del sentido sexual de babe). Como un noble vaso de gaseosa, sin embargo, Mañana no estás cumple su objetivo: refresca y sacia hasta el próximo trago.

MAÑANA NO ESTÁS

Lee Child

Blatt&Ríos/Eterna Cadencia

Trad.: Aldo Giacometti

485 págs./$1090

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