Reseña. Océano de sonido, David Toop

Gabriel Caldirola
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29 de enero de 2017  

Como una costa con los restos de un naufragio, la música del siglo pasado recibió los materiales que resultaron del resquebrajamiento de las formas musicales relativamente cerradas que habían culminado con la modalidad sinfónica. Algunas de esas piezas se utilizaron para la construcción de nuevas unidades sonoras, pero otras quedaron flotando en la indeterminación.

En 1975 apareció en Obscure, sello discográfico de Brian Eno que se inclinaba hacia estas últimas, el disco New and Rediscovered Musical Instruments , en el cual los ingleses David Toop y Max Eastley trabajaban con esculturas sonoras e instrumentos intervenidos para producir una música que sonaba al mismo tiempo primitiva y vanguardista. Desde ese disco liminar, Toop se dedicó a la exploración sonora de texturas flotantes y formas abiertas que piden del oyente una escucha inmersiva. En Océano de sonido aborda la deriva de esa clase de músicas que, como la suya, persiguen una cualidad etérea y aspiran "a la condición del perfume"; músicas cuyas ondulaciones conectan, entre otros, con compositores o intérpretes de distintas épocas (Erik Satie, Sun Ra, La Monte Young y Aphex Twin) o géneros (jazz, música contemporánea, rock, electrónica, grabaciones de campo).

En una nota preliminar a esta edición, Toop -del que Caja Negra ya había publicado Resonancias siniestras. El oyente como médium - se excusa por lo que considera un optimismo excesivo en el tono de algunos pasajes, atribuido a dos fenómenos que coexistieron hacia mediados de los años noventa, cuando escribió el libro: la aparente difuminación de los géneros musicales y, sobre todo, el pensamiento utópico que proponía el crecimiento vertiginoso de Internet. La escritura del ensayista se comporta como el objeto al que se refiere: una música porosa que busca responder a las fluctuaciones del entorno inestable mediante su incorporación o zambullirse en él para desdibujar los límites que separan el sonido ambiente de lo que se considera propiamente música. Para ello, se vale de procedimientos inspirados en el sampling , el collage , las posibilidades del hipertexto y las técnicas de cortar y pegar utilizadas en la edición de audio. Como el de un DJ, su trabajo es en cierta medida curatorial.

Además de datos llanos, esos materiales incluyen entrevistas realizadas por el autor a figuras como Brian Wilson, Brian Eno o Terry Riley, anécdotas, diarios de viaje, reflexiones personales y toda clase de citas y referencias. La colección de fragmentos que compone Un océano de sonido entreteje una red de relaciones nunca evidentes, a menudo improbables. Salta de época y de lugar, por ejemplo, para rastrear un proceso no lineal de apertura y expansión de la música que se inicia, de manera simbólica, el día en que Claude Debussy escuchó un concierto de música javanesa en la Exposición de París de 1889. La música a la que se refiere Toop anticipa, con su intangibilidad, interconexión y fluidez (cualidades alternativamente alarmantes o fascinantes), la era de la información que se terminó de consolidar hacia el final del milenio.

Registros acuáticos del canto de las ballenas, grabaciones de campo de tribus amazónicas, conversaciones telefónicas capturadas con escáneres, la escena de clubs ambient , los intonarumori del futurista Russolo, la improvisación no idiomática de grupos como AMM, el dub jamaiquino, el diseño sonoro de los espacios públicos japoneses, la música de mobiliario de Erik Satie, la ciencia ficción sonora de Sun Ra, la escucha profunda de Pauline Oliveros. Éstos son algunos de los vectores que apuntan a un entramado sonoro que, más que objeto definido de forma fija, deveno estado, ambiente o impresión. Se trata de músicas que constituyen una manera de escuchar, más que un estilo único e identificable; paisajes, espacios psicoacústicos que propician lo que el autor llama un "desarraigo positivo" y que habilitan diferentes niveles de atención.

En un ensayo reciente, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han llamó "disincronía" a la atomización y dispersión que caracterizan la temporalidad contemporánea. Océano de sonido , publicado en su original inglés hace veintiún años, entrevé los modos en que la experiencia sonora es capaz de hacerse eco de dicho fenómeno, con una escritura que replica, a su vez, los procedimientos que signaron la música de las últimas décadas.

OCÉANO DE SONIDO. David Toop, Caja Negra. Trad: Tadeo Lima. 350 págs., $ 350

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