Reseña: Según venga el juego, de Joan Didion

El lado oscuro del glamour
Débora Vázquez
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16 de abril de 2017  

Joan Didion (Sacramento, 1934) siempre tuvo claro qué es lo que estaba escribiendo. Empezó joven, publicando notas en la revista Vogue para un público femenino, colaboró después en The Saturday Evening Post y The New York Times y sus artículos, compilados en Slouching Towards Bethlehem, la convirtieron en la cara femenina del "nuevo periodismo" de Truman Capote, Tom Wolfe y Gay Talese. También redactó guiones con su marido, el escritor John Gregory Dunne, y publicó novelas y ensayos, dos géneros que consideraba diametralmente opuestos: "Escribir una novela es como adentrarse en una noche larga y oscura. El ensayo es luminoso, su escritura tiene lugar a pleno sol. No quiero decir con esto que el ensayo sea un género fácil, sino que es una actividad racional, mientras que escribir una novela es muy parecido a soñar". Según venga el juego pertenece a a la segunda categoría y nada tiene que ver con la biografía de Didion, algo que no está de más aclarar, ya que en sus últimos libros, El año del pensamiento mágico y Noches azules, la autora explora sin atenuantes el dolor que le provocaron la muerte de su marido y de su hija, respectivamente.

Según venga el juego es una suerte de espejo estrellado, un conjunto de fragmentos filosos, el rompecabezas de una vida, la de Maria Wyeth, una actriz de dos películas casada con un director que prefiere filmar exteriores en el desierto a convivir con ella. El pasado remoto de la protagonista es oscuro: joven de un pueblo de Nevada que decide probar suerte en Nueva York y termina siendo modelo de segunda línea, y una novia infalible para el error, antes de consumar un matrimonio destinado al fracaso con domicilio en Beverly Hills. El pasado cercano hace foco en la ruptura con su marido, un aborto clandestino y la restricción de visitas a su hija Kate, internada en un centro de cuidados especiales. Del presente sólo se sabe que transcurre en un neuropsiquiátrico de California hacia fines de los años 60.

El libro está sembrado de elipsis que mantienen en vilo al lector y admite varios puntos de vista. Empieza con tres textos en primera persona, el de Maria, el de una de sus amigas, devenida en enemiga, y el de Carter, su ex marido. Luego toma la palabra un narrador en tercera persona -no la clásica y distante que lo mira todo desde un ojo abierto en el cielo, sino una muy próxima a la psiquis de Maria- que sólo hacia el final alterna con la voz de la protagonista. El foco, sin embargo, nunca está puesto en lo que Maria dice sino en lo que se oculta detrás de sus pequeños gestos, el modo en que reacciona socialmente, sus actos. Maria duerme en una reposera en el jardín, maneja sola a alta velocidad por las autopistas, mezcla alcohol con barbitúricos, hace escalas en moteles, discute con Carter desde cabinas al borde de la ruta y termina volviendo a su casa en Beverly Hills, exhausta, para soñar con serpientes, cañerías, coágulos de sangre y con el cadáver de su madre desgarrado por coyotes.

El estilo de Didion, admiradora indeclinable de Hemingway, es económico, crudo más que realista, y en su aparente facilidad se inscribe un ritmo epiléptico, estructurado en capítulos breves de fragmentos inconclusos. Sus diálogos son banales y lacónicos y sus silencios cargados de violencia. El lector no puede pretender decodificar todo a la vez. Hay que ir armando e imaginando, sorteando los agujeros negros del relato.

Según venga el juego explora el lado oscuro del glamour californiano, denuncia la frivolidad y promiscuidad que se practica en las fiestas del ambiente adinerado del cine. Y sobre todo el machismo. En el caso de Maria, por ejemplo, es su marido quien decide internar a la hija, su marido quien le restringe las visitas y también él quien la obliga a abortar un hijo ajeno. Maria no sabe lo que es tomar decisiones. Se siente oprimida y paralizada por el hastío que le provoca el ambiente en el que se mueve. El aborto es un clímax en el relato y una herida de la que la protagonista no se recupera. Sin embargo, en esa caída libre que emprende con cierto grado de conciencia es donde finalmente encuentra su independencia, por más que esa libertad se halle presa en un neuropsiquiátrico.

SEGÚN VENGA EL JUEGO Por Joan Didion Random House Trad.: Cruz Rodríguez Juiz

190 páginas, $ 500

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