Reseña: Historia de la violencia, Édouard Louis

Simulacros de un ego herido
Nicolás Mavrakis
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25 de noviembre de 2018  

La historia moderna de la literatura francesa incluye varios nombres en la amplia tradición de la transgresión. Charles Baudelaire, Émile Zola, Louis-Ferdinand Céline y Michel Houellebecq, por citar algunos, todavía marcan un estándar entre las sanas infracciones a una idea de la literatura condenada a lo pueril, o al menos tan inquietante para el mundo a su alrededor como una clase de croché. Es por esto que Édouard Louis (nacido como Eddy Bellegueule en 1992) obliga a medir con cuidado los motivos por los que Historia de la violencia debería figurar "entre las obras más representativas de nuestro tiempo", como dicen sus editores.

En su primera novela, P ara acabar con Eddy Bellegueule (2014), Louis contaba en clave autobiográfica la vida en Picardía, lejos del espíritu ilustrado que se importa al resto del mundo desde París y cerca de donde emergen, en cambio, los votantes ultraconservadores del Frente Nacional. A ese cóctel de desempleo, vandalismo y violencia familiar en la Francia profunda, Louis le añadía la intolerancia de su padre frente a su homosexualidad, completando un cuadro vivo del cual emergía como víctima y redentor.

En esa historia, gracias al idealizado liceo de Amiens, donde los chicos de clase media "se besan para decirse hola", Eddy Bellegueule renacía como Édouard Louis y les devolvía a los franceses angustiados por el potencial colapso de su bienestar la confianza en que la educación, todavía, podía salvarlos del desastre. En el balance, sin embargo, lo que se presentaba como una revelación "estremecedora" sobre la auténtica sociedad francesa solo era un mensaje de orden, enmarcado en una trama exitosa de ascenso social y un rediseño psicológico y físico casi milagroso.

Historia de la violencia, por su lado, repite el esquema autobiográfico. Pero esta vez explota el "exhibicionismo y la total impudicia", como escribe Louis, para contarnos sus tratos con quien lo violó e intentó matarlo durante la Navidad de 2012. Si estos eventos ocurrieron como dice Louis, todavía es motivo de serias sospechas en Francia, donde la categoría de best seller lo "persigue". Pero, de una manera u otra, Historia de la violencia es más que otro ejercicio de heroica victimización. También es una prueba de que, aunque las lágrimas sean falsas, el dolor es real. Pero ¿cuál es el dolor?

Contada por Louis y su hermana Clara, la trama gira sobre la reconstrucción de la noche en la que Reda, un joven pobre y de aspecto argelino, termina en la cama con "un francés de pura cepa", como le cuenta el escritor a la policía. Lo que empieza como una conversación casual se transforma en sexo consentido y, a partir de ahí, "hacer el amor cuatro, cinco veces" se convierte en un robo, un intento de asfixia y una violación.

Pero lo que preocupa a Louis, en realidad, no es la manera en que Reda lo ataca y desaparece, sino el hecho de que hubiera sido engañado. ¿Cómo que Reda no lo deseaba? ¿Cómo que era una estrategia? Incluso mientras las amenazas de su amante lo desengañan, el narcisismo de ?Louis es tan fuerte que cree que es Reda quien quiere convencerse a sí mismo "de que no estaba haciéndote el amor, sino que estaba ya robándote desde el inicio".

A lo largo de una extensa reflexión insustancial acerca de lo que llama "violencia", Louis insiste así en enmascarar bajo una insólita capa de altruismo sociológico lo que no es más que un ego herido. Pero no por la terrible gravedad de los hechos, acerca de los cuales él mismo dice que es "la verdad de la forma la que me interesa y no la del contenido", sino por la alarmante posibilidad de que el gran simulador, esta vez, haya caído en el simulacro de otro.

Historia de la violencia, Édouard Louis, Salamandra. Trad: José Manuel Fajardo, 187 págs., $ 220

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