Tres preguntas a Matilde Marín, artista viajera

El diario de la mañana, de la serie Bricolage contemporáneo, 2001-2005
El diario de la mañana, de la serie Bricolage contemporáneo, 2001-2005 Crédito: Gentileza Matilde Marín
Daniel Gigena
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6 de julio de 2017  • 16:20

Setenta obras de diez series de distintas épocas y enfoques, realizadas por Matilde Marín (Buenos Aires, 1948) desde los años 90 hasta hoy, se congregan en el Espacio de Arte de la Fundación OSDE hasta el 22 de julio. Organizar la muestra antológica de una artista como Marín, que ha experimentado con el grabado, la fotografía, la serigrafía, el libro de artista, la instalación y la performance, no habrá sido tarea fácil. Sin embargo, con la colaboración conjunta de la artista, de la curadora Adriana Almada, el equipo de la fundación y Osías Yanov, a cargo del diseño del montaje, el resultado no podría haber salido mejor.

“Una antológica es la escenificación de un largo viaje, los episodios selectos de una travesía”, escribió Almada para el texto de sala. Los viajes de Marín son de varias clases: viajes a diferentes ciudades, desde Liubliana o Santiago de Chile hasta La Habana y Venecia, adonde llegó como invitada a encuentros y bienales o como viajera anónima. Otros son viajes temporales, trazados con el vehículo ideal de la literatura de diferentes épocas, de Shakespeare a Kavafis, pasando por Jorge Luis Borges y Virginia Woolf. Y figuran además los viajes introspectivos, que se filtran en todas las series de trabajos expuestas. En ese sentido, Matilde Marín. Arqueóloga de sí misma, tal es el nombre de la muestra, hace justicia al recorrido propuesto a los visitantes, también viajeros durante el tiempo de visita.

Hraunhafnartangi, de la serie Pharus, 2012
Hraunhafnartangi, de la serie Pharus, 2012 Crédito: Gentileza Matilde Marín

En la serie fotográfica Bricolaje contemporáneo, realizada entre 2001 y 2005, la artista se fotografió con elementos desechados que, para los cartoneros y otros recuperadores urbanos, se transformaban en medios de subsistencia en tiempos difíciles en el país. En una de esas obras se destaca un titular de un ejemplar de LA NACION: “El diálogo social se derrumba”. No era sólo el diálogo social lo que caía.

Otra serie destacada de Marín es Pharus, un conjunto de veinticinco fotos (de las que se exhiben sólo algunas junto con un video) que fueron apenas retocadas de manera digital de faros del mundo, en la Isla de los Estados o en Islandia. “Comencé con este trabajo cuando leí una noticia en el diario que decía que la luz de los faros se apagaría con la invención del GPS en las embarcaciones”, cuenta la artista. Muchos de los trabajos de Marín se pueden considerar poéticas tareas de rescate efectuadas en los umbrales de la historia.

Juego de manos (movimiento III), 1999
Juego de manos (movimiento III), 1999 Crédito: Gentileza Matilde Marín

En Juego de manos, conjunto de serigrafías con proceso fotográfico, la arqueología de sí misma que habita en Marín se manifiesta con claridad. Luego de un accidente, por recomendación médica debió ejercitar las manos con hilos durante la recuperación. Esa experiencia, de 1999, fue la bisagra entre la práctica del grabado y la fotografía en su obra.

Un espacio reservado a los libros de artista de la artista viajera se distingue en la exhibición. Yanov diseñó una vitrina para la pared y una mesa para albergar algunos de los libros de Marín (entre otros, los que hizo con textos de José Emilio Burucúa, como El viaje imaginario de Kasimir Malevich). La creación de libros, la importancia del papel y la lectura son vectores vivos en Arqueóloga de sí misma. En el centro de la sala se exhiben unos laberintos formados con rollos de papel de alto gramaje, a los que la artista les aplicó humo y fuego.

Una decena de obras fotográficas de dos series anticipan en tiempo presente nuevos rumbos. En una de ellas, la imagen de Marín como fotógrafa-espectadora se refleja en obras de otros artistas como Doris Salcedo y Olafur Eliasson. Convertida más en una agente del proceso artístico que en un mero personaje en obras ajenas, Marín fluye por las derivas del trayecto visual que su obra arriesga.

En otra serie, fotografía la palabra “arte”, hallada en esquinas, edificios y calles de ciudades del mundo. A cada imagen la acompaña con una frase forjada por un artista o un teórico contemporáneo. En una de las fotos se lee una línea del poeta y escultor Carl Andre: “El arte es para todos pero sólo una élite lo sabe”. Marín también lo sabe y quiere compartirlo con nosotros.

Manto de Próspero (detalle), 1996-2013
Manto de Próspero (detalle), 1996-2013 Crédito: Gentileza Matilde Marín

¿Cómo se vincula tu obra artística con la literatura?

Leo desde muy pequeña, y fui una curiosa lectora en la adolescencia. Actualmente tengo una práctica nocturna y constante de lectura. Cuando inicié mi trabajo a principios de los años 80, incorporé a mi obra mucha literatura y frases anónimas precolombinas. Luego, con el ingreso a la fotografía mi trabajo fue cambiando y se volvió más actual. Los disparadores para muchas de mis series partieron de autores como Eduardo Galeano, William Shakespeare, Jorge Luis Borges, Virginia Wolf y otros. Generalmente escribo primero algunos fragmentos literarios que me han interesado y esto da paso a lo que voy a desarrollar luego. Muchas veces siento que el autor que selecciono y los fragmentos literarios dan voz a mi obra.

¿Qué importancia tienen los viajes para tu trabajo?

He realizado largos viajes en mi vida, antes de una manera muy hippie y luego muchísimos por trabajo. El viaje y el trabajo se fueron relacionando espontáneamente y en cierto momento comencé a fotografiar no sólo lo turístico, que en realidad mucho no me interesa, sino también a armar series temáticas de fotografías. También he hecho viajes especialmente para producir obra y cerrar trabajos, como por ejemplo la serie Pharus, que me llevó a lugares muy interesantes y lejanos. Los viajes poseen la posibilidad de búsqueda y generan una apertura y versatilidad muy grande. Actualmente mi obra está totalmente ligada a ser producida de ese modo.

¿Cómo se perfila en la muestra el carácter arqueológico de una subjetividad?

Pienso que es la búsqueda que encaro durante años para realizar una serie de obras. Cuando la idea me ilumina, comienzo a buscar esas imágenes durante los viajes con mucha persistencia. Antes revolvía mucho en el pasado; ahora creo que hago más una arqueología urbana. Es cierto que mi trabajo es bastante subjetivo, creo que esa arqueología de construcción de obra que practico se vuelve muy personal. El resultado final es claramente mi mirada interna sobre ese final que es la obra.

El jueves 13 a las 18, la artista dialogará con el poeta y crítico cultural Guillermo Saavedra sobre el mapa ideal y los artistas viajeros.

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