Reseña: Fassbinder por Fassbinder, de Robert Fischer (ed.)

Pedro B. Rey
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28 de abril de 2019  

"Ya dormiré cuando esté muerto" era el repetido mantra de Rainer Werner Fassbinder (1945-1982) cuando le preguntaban por qué filmaba tanto. El paso por la vida del cineasta alemán, meteórico e insomne, se tradujo en más de cuarenta películas. Si se calculan sus años de actividad, filmó en promedio una cada cien días.

Fassbinder por Fassbinder. Las entrevistas completas propone un arco que va del primer reportaje (en 1969, tras El amor es más frío que la muerte, su primer largometraje) al último (en 1982, terminada Querelle), realizado el día previo a su temprana muerte. No son todas las entrevistas, a pesar del subtítulo: "completas" se refiere más a la reposición de lo que en más de una había quedado fuera al momento de la publicación original.

El volumen -que busca recuperar la voz directa del creador de Berlin Alexanderplatz con sus opiniones contundentes, siempre transitorias y transgresoras- funciona como un telón en movimiento, siguiendo de año en año una obra que podía ser hoy informalista, mañana esteticista, después barroca, casi siempre melodramática. La excepción es el diálogo con Corinna Brocher, centrado en la actividad teatral comunitaria de Fassbinder, decisivo para explicar su voracidad creativa.

No es una autobiografía, pero en cada línea pueden rastrearse las claves de un temperamento. Tampoco hay mayores definiciones teóricas: el alemán no es Godard (a pesar de su admiración por Vivir su vida) y su comprensión del cine pasa, sobre todo, por la praxis. ¿Cómo aprendió a hacer películas?, le preguntan. "Haciéndolas -contesta RWF-. Solo el que toca la lira aprende a tocarla". Fassbinder por Fassbinder es, en pocas palabras, maná para cinéfilos.

Fassbinder por Fassbinder

Robert Fischer (ed.)

El cuenco de plata

Trad.: Ariel Magnus

540 págs./ $ 760

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