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Reseña. Bailarinas, de Yasunari Kawabata

Verónica Boix
Verónica Boix PARA LA NACION
Un relato marcado por la delicadeza
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17 de marzo de 2019  

No es extraño que Yasunari Kawabata (1899-1972) se haya convertido en el primer escritor japonés en ganar, en 1969, el Premio Nobel de Literatura: lo extraordinario es que su escritura haya impuesto un tono que en el imaginario occidental se volvió sinónimo de Japón. En Bailarinas -novela de 1955, que se edita por primera vez en español, en traducción directa del japonés- el ritmo, los gestos mínimos y cierta nostalgia del pasado destruido por la Segunda Guerra Mundial marcan el pulso de la historia.

Al igual que sucede en La bailarina de Izu y en la celebrada País de nieve, la pureza de la juventud vuelve a ser el centro del deseo. Namiko dedica su vida al ballet clásico occidental, pero la guerra le impide consagrarse; Shinako, su hija, también baila desde niña y procura alcanzar el mismo sueño. Las dos mujeres son bellas y talentosas, pero parecen atrapadas en un ideal de perfección. Algo similar les va a suceder con el amor. Sus vidas se mueven entre los límites que les imponen un marido frustrado que descarga en ellas su veneno, y un amante sensible pero cobarde.

La elegante prosa de Kawabata cuenta una tragedia familiar para dejar a la vista la alianza entre madre, hija y amigas. Las mujeres se unen a lo largo de la historia y poco a poco se convierten en refugio unas para las otras, a la vez que se impulsan para lograr lo que desean. Como si danzara alrededor del vacío, la narración recorre el borde de cada detalle, deja en las sombras algunos sucesos centrales y, en ese movimiento, consigue que la realidad de los personajes se intuya como una respiración irresistible.

Bailarinas, Yasunari Kawabata, Emecé, Trad.: A. Sato y M. Goda, 221 págs./ $ 599

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