Reseña: No es un río, de Selva Almada

Fuente: LA NACION
Una historia gótica con fondo litoral
Verónica Boix
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31 de octubre de 2020  • 00:00

Las voces del río y el monte resuenan en los personajes de No es un río, la tercera novela de Selva Almada (Entre Ríos, 1973), una historia que construye el mito de una región en el espacio mínimo de una isla, y más extraordinario aún, conjuga en su universo dos tradiciones a primera vista inconciliables: la poética del litoral y el gótico latinoamericano.

En la escena inicial parece cifrarse toda la trama. Enero Rey, Tilo y el Negro pelean contra una raya gigante. El bicho se resiste, la vencen con tres disparos de revolver. Ya muerta e inútil, unos días más tarde, la devuelven al río. El mismo río donde se ahogó el padre de uno de ellos. Esa escapada a pescar a la isla, tan habitual en la zona, más que sacarlos de su rutina, los traslada a un tiempo donde el presente cristaliza el pasado y el futuro.

En la isla, por supuesto, ocurren eventos extraños. Los tres hombres se cruzan con los habitantes del lugar; los vivos y los muertos. El monte y la naturaleza que los rodea tienen una presencia material poderosa, que se escucha, se huele, se cierra y abre sobre ellos y también se palpa en la textura exuberante de las plantas, el graznido de un pájaro, el reverberar del sol sobre los árboles.

Al mismo tiempo el lenguaje alcanza la condensación de la poesía. Las frases son brevísimas, las descripciones, ajustadas, las imágenes, exactas. "Hay un ruidito de pájaros, de bichos chicos. Un bisbiseo de yuyos. Aperiás, comadrejas, vizcachas se escurren entre los pastos". El ritmo hipnótico enmarca el silencio de los personajes, que apenas conversan, más bien recuerdan los tramos de sus vidas que no terminan de resolver.

En No es un río vuelven los temas que Almada ya había abordado en sus novelas anteriores, pero esta vez se aventura también a lo sobrenatural. Al igual que en El viento que arrasa y Ladrilleros aparecen los vínculos entre hombres, el amor y la violencia, pero la autora pone en el mismo plano el espacio físico y las fuerzas invisibles que lo habitan. Los personajes en la isla atraen los ecos del pasado: el ahogado y su historia, las chicas lindas, la culpa, los muertos, la locura de un personaje por el fuego.

Almada no es costumbrista, pero, aun así, sabe captar la idiosincrasia de una región. Sus personajes revelan, en su parquedad, una vida interior densa, azotada por inquietudes existenciales. Quizás el silencio y las voces de la naturaleza ocupen el lugar de una respuesta posible.

NO ES UN RÍO

Selva Almada

Random House

144 páginas

$899

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