Mónica Spina, la mujer que trabaja para concientizar sobre las habilidades de la discapacidad
Dirige Audela, una ONG que trabaja con el compromiso de desestigmatizar lo diferente.
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“No creo en las causalidades. Cada vez que me preguntan por el inicio de Audela, cuento una historia diferente. Para mí, las cosas no tienen una explicación; soy más de la idea de que hay sucesos que te marcan y te hacen involucrarte en algo”, explica Mónica Spina mientras recuerda aquellas primeras experiencias que la iniciaron en el camino de la solidaridad.
Por ser la menor de siete hermanos, tuvo que construirse su lugar en una familia numerosa que muchas veces la hacía a un lado. “Si no me integraba yo, no me incluía nadie. Éramos muchos hermanos y siempre surgía el ‘Mónica no sabe, no puede, es chiquita’. Podría haber sido una dependiente y sumisa total, pero elegí ser la rebelde”.
Filosofía y deporte
Después de terminar el secundario en un colegio “bien” de Zona Norte, se anotó en la carrera de Filosofía en la UBA y empezó paralelamente a enseñar tenis, un deporte que la apasionaba. “Esa fue otra forma de emprender e innovar. Eran dos ámbitos muy opuestos: en la facultad me señalaban como el ‘bicho raro de San Isidro’ y en las clases de tenis, como ‘la loca que no paraba de hablar de filosofía’”, recuerda risueña. Esos fueron años en los que transitó el mundo del deporte y conoció el compañerismo y el valor de lo grupal.
El punto de quiebre en su vida fue el día que una amiga de la infancia la invitó a sumarse a un evento solidario. Se trataba de una práctica deportiva integrada en la que participaban personas con discapacidades físicas. Esa experiencia le removió otra más antigua, que guardaba como uno de sus tesoros desde la adolescencia: el momento en que un profesor de la secundaria les propuso visitar un cotolengo. Ella se ofreció para ir, sin saber de qué se trataba y solo porque le interesaba perder horas de clases. Así fue como eso que empezó como una picardía inocente la transformó íntegramente y la comprometió con la discapacidad y la forma en que es rechazada por la sociedad. “Fue un quiebre emocional muy fuerte. Tomé contacto por primera vez con la exclusión y la soledad que provocan la ceguera o la sordera”. Y sin buscarles causas a los hechos –como ella prefiere seguir creyendo–, la semilla de su necesidad de “estar para los otros” estaba sembrada. “Ahí entraron en tensión mis dos pasiones: el deporte y lo teórico, lo intelectual”. Finalmente, sus pasiones se retroalimentaron y así tomó la decisión de armar la ONG.
Mejor vivirlo
Entre todos los proyectos de Audela, hay tres que lograron mayor visibilidad y son sueños cumplidos para Mónica: la enseñanza de lengua de señas en escuelas primarias, la exhibición de hockey “Desafío Pumas-Leonas” que se realiza desde 2010 a beneficio de la institución y el Gallito Ciego, un restaurante instalado en un micro donde se come a oscuras y según las reglas de las personas no videntes. Porque tanto la elaboración de los alimentos como la atención al público están a cargo de no videntes. La experiencia completa su sentido luego de la comida, cuando se comparte un momento de diálogo y reflexión con los cocineros, con la idea de quebrar prejuicios y desconocimientos sobre la temática.
Hoy, con 51 años, Mónica sigue generando ideas, porque recientemente –junto con la ex leona Charito Luchetti – desarrolló una novedosa propuesta educativa para personas sordas. Lo innovador es el abordaje, que no está centrado en la discapacidad sino en la consideración de esta población como miembros de una comunidad lingüística minoritaria.
En definitiva, todos los proyectos que Mónica encara son diferentes estrategias para la integración social en las que la vivencia es lo central. Porque, como ella misma dice: “No existe la enseñanza o la toma de conciencia sin la vivencia. Para hacerte carne de un tema, necesitás la experiencia. Ahí cobra fuerza la parte deportiva. Podés entender la temática, pero al vivirla te cae la ficha realmente”. Y las fichas no tardan en caer cuando se come a oscuras y se siente incertidumbre e inseguridad; o cuando se comparte un deporte con alguien que no puede ver o escuchar. En definitiva, cuando –como hizo Mónica en su vida– se experimenta la realidad del otro.
Cómo colaborar
El objetivo de Audela para 2016 es trasladar a nivel nacional los talleres vivenciales de lengua de señas junto con la ex leona Charito Luchetti. Para colaborar con ellos, podés hacer donaciones a través de la web. Si querés comer en el Gallito Ciego, hacé tu reserva en info@audela.org.ar, www.audela.org.ar.•
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