
A los 60 años murió el ex jefe del Ejército Ricardo Brinzoni
Comandó la fuerza entre 1999 y 2003
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En esta ciudad, y tras una enfermedad terminal, falleció el teniente general retirado Ricardo Guillermo Brinzoni, el octavo jefe que tuvo el Ejército desde la restauración democrática del 10 de diciembre de 1983.
Brinzoni se desempeñó como jefe del Ejército entre las gestiones de Fernando de la Rúa y de Eduardo Duhalde, desde diciembre de 1999, cuando sucedió al teniente general Martín Balza, hasta mayo de 2003, cuando asumió el teniente general Roberto Bendini.
Hoy, a las 8.30, se realizará en el Regimiento I Patricios una ceremonia religiosa de cuerpo presente y la figura de Brinzoni será recordada por el teniente general (R) Juan Carlos Mugnolo. La familia solicitó que sólo los íntimos participen luego del entierro.
"Era un soldado valeroso, pero sabía que las fuerzas que venían por él eran de una magnitud desproporcionada para sus medios." La frase de Ricardo López Murphy, que trató al militar fallecido desde que asumió su puesto como ministro de Defensa, con el presidente Fernando de la Rúa en diciembre de 1999, hasta sus últimos días resume el enérgico carácter de Brinzoni.
Mejor compañero y mejor promedio de su promoción en el Colegio Militar de la Nación, de donde egresó como subteniente del arma de Infantería en diciembre de 1964, datos por demás elocuentes para definir un carácter. Brinzoni había nacido el 6 de octubre de 1945. Estaba casado con Lidia María Rosa Odino con quien tuvo tres hijos y dos nietos.
Defensor de la "memoria completa" de la década del 70, que no halló eco entre las organizaciones defensoras de los derechos humanos, pero sí en algunos veteranos líderes guerrilleros, dio un paso superador al de su antecesor en el cargo, el teniente general Martín Balza, quien en abril de 1995 había hecho una severa autocrítica de la responsabilidad militar en la lucha antisubversiva durante el Proceso.
"La memoria parcial es tan injusta como el olvido", dijo hasta el cansancio mientras intentaba convocar a una mesa de diálogo para deponer actitudes personales y superar las divisiones que generaron las sinuosas políticas vinculadas con la lucha antisubversiva.
Tuvo un traspié al sugerirle al periodista Héctor Timerman que leyera "El mercader de Venecia", de William Shakespeare -un "ejemplo paradigmático de literatura antisemita", según advirtió la DAIA- tras negarse aquél a disertar en el XI Curso de Comunicación Institucional al que había sido invitado. Brinzoni se disculpó públicamente: "Desde las convicciones más íntimas deseo presentar mis sentidas y formales excusas. Reconozco mi equivocación". Era un general democrático y había algunas razones para creerle.
Durante el gobierno de facto, Brinzoni pasó de desempeñar un cargo político en la gobernación del Chaco; fue denunciado por la llamada masacre de Margarita Belén, pero la Justicia no lo vinculó con esos fusilamientos.
Artillero y paracaidista militar, graduado con mención especial en los cursos de oficial de Estado Mayor Superior Conjunto de las Fuerzas Armadas y de la Escuela Superior de Lenguas de la República de Francia, Brinzoni estuvo siempre vinculado con los ámbitos logístico y de operaciones del Ejército. Durante la Guerra de las Malvinas, justamente se desempeñó como encargado del área de logística entre el continente y el archipiélago austral.
Condecorado por sus dotes militares por Estados Unidos, Francia, España, Chile, Colombia y Uruguay, Brinzoni dio sobradas muestras de subordinación al poder político y respeto por la Constitución.
Cuando el 6 de octubre de 2002 Carlos Alvarez renunció a la vicepresidencia de la Nación, Brinzoni y parte del Ejército se encontraban efectuando ejercicios de rutina en la Patagonia y no alteraron el calendario previsto. Lo mismo hizo en los febriles días en los que los argentinos vieron sucederse cinco presidentes, entre el 20 de diciembre de 2001 y principios de enero de 2002.
Sólo un mes después de la asunción de Eduardo Duhalde, en febrero de 2002, habló públicamente sobre la convulsión política que afectaba al país. "Hoy no existe el partido militar. Los problemas del país lo tienen que resolver los políticos que son los llamados a esa responsabilidad", dijo a LA NACION en un extenso reportaje. Y aconsejó a quienes difundían rumores sobre una posible desestabilización institucional liderada por militares que "toquen a la puerta de un psiquiatra y se hagan analizar".
Su férrea defensa del Ejército y su permanente preocupación por mejorar y modernizar el nivel educativo de los uniformados fueron cruciales a la hora de granjearse el respeto de sus subordinados.
Durante su gestión se diseñó una fuerza de despliegue rápido, se estableció un nuevo sistema de incorporación de subtenientes y se puso especial énfasis en el aprendizaje del idioma inglés, considerado vital para la interrelación con las fuerzas extranjeras con las que se suelen compartir misiones de paz de Naciones Unidas y ejercicios combinados de entrenamiento.
No le tembló la voz al cuestionar, en agosto de 2001, la ley de déficit cero, impulsada por el ministro de Economía Domingo Cavallo, por la cual se recortaron partidas presupuestarias y se redujo un 13% el sueldo a los militares, que en sus rangos menores bordeaban la línea de pobreza. "El país picanea al Ejército y cuando el país quiera reconstruir su Ejército va a tener que invertir cada vez más por no dedicarle ahora unos pocos pesos", se lamentó públicamente.
Tampoco ocultó su enojo por la decisión del presidente Néstor Kirchner de designar como su sucesor al general Roberto Bendini, lo que significó el pase a retiro de casi una veintena de generales.
En su discurso de despedida del Ejército, el 28 de mayo de 2003 en el Regimiento de Patricios, aseguraba que "la intriga cuartelera hacia la política fue erradicada de la vida argentina", pero advertía que "la intriga política sobre los cuarteles es tan riesgosa como la anterior y parece regresar después de 20 años. El árbol del rencor no da frutos. No es posible avanzar mirando por un espejo retrovisor".
En el corto período que medió entre su retiro del Ejército y su fallecimiento, Brinzoni se dedicó a la actividad privada y a escribir artículos de opinión sobre la actividad militar.
Queda pendiente realizar, como investigación periodística o de historiadores, la reconstrucción de los hechos que llevaron al presidente Kirchner de prescindir de los servicios de Brinzoni y de otros generales.
Hasta momentos previos al recambio dispuesto por el Presidente días después del 25 de mayo de 2003, el principal interlocutor de Kirchner en el Ejército había hablado con el entonces jefe del Estado Mayor General en términos que parecían asegurar la continuidad de la cadena de mandos.
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