A todo o nada, en las inferiores de la política

Las campañas en la UBA son avasallantes y acaparan la actividad en las facultades; los partidos intervienen activamente en contiendas; crece el duelo entre la izquierda y el kirchnerismo
Gabriel Sued
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21 de octubre de 2012  

Todo ocurre de pronto: cuando Franco Alarcón, un estudiante de Historia, de 20 años, se arrima con timidez a la mesa de votación, es rodeado por cinco militantes universitarios que, sin prolegómenos, emprenden la batalla final para captar su voto.

Vestidos con camisetas de sus agrupaciones y provistos de folletos de propaganda, le hablan todos a la vez, casi sin mirarse. Salvo cuando discuten entre ellos; entonces sí, se lanzan miradas de fuego, intercambian acusaciones. El debate cuerpo a cuerpo sobrepasa la media hora, pero nadie abandona. Cuando finalmente Franco entra en el cuarto oscuro, los militantes se vuelcan sin respiro a su próxima batalla: la captura del voto del siguiente estudiante en la fila.

Con un ritmo frenético que no reconoce vedas ni descansos, finalizaba el tercer día de votación en las elecciones para el Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA (Cefyl). Los comicios terminaron anteayer, con el triunfo de La Juntada, un frente que reúne a cuatro agrupaciones de izquierda independiente. Detrás quedaron el Plenario de Izquierda, encabezado por el Partido Obrero (PO), y el Frente Universitario Popular (FUP), formado por La Cámpora, el Movimiento Evita y otras siete fuerzas kirchneristas.

Fue el desenlace de un capítulo de una disputa más amplia: la pelea por el control de los centros de estudiantes de las universidades públicas. Son momentos en que la política estudiantil entra en ebullición y capta la atención de la mayoría de los partidos políticos, que intervienen directamente en las disputas.

No está en juego sólo el gobierno de los centros de estudiantes: la agrupación vencedora se hace más fuerte en el movimiento estudiantil y desde allí gana espacio en las discusiones de la sociedad. Cuna de buena parte de la dirigencia del oficialismo y de la oposición, cada votación estudiantil es también una batalla por la hegemonía en las inferiores de la política.

Intensa en todas las facultades de la UBA, la campaña en Filosofía tiene una efervescencia única, que cambia la rutina de estudiantes y profesores, y modifica por completo la fisonomía del edificio, en Puan 480, Caballito.

Desde dos semanas antes de las elecciones, militantes de las distintas agrupaciones pasan continuamente por los cursos y, con permiso de los profesores, interrumpen las clases para transmitir mensajes de campaña. En simultáneo, otros grupos reparten volantes en el hall de entrada, en las escaleras, en los pasillos. Los afiches cubren por completo las paredes y las ventanas, incluso en el interior de las aulas y de los baños. Los carteles, impresos o pintados a mano, cuelgan de las barandas de las escaleras y caen como cortinas desde los techos, que obligan a agachar la cabeza para pasar. Además, hay calcomanías en los escalones y en los pupitres. Todo queda cubierto.

"En la campaña de 2010 se alfombraban los pisos con afiches, pero se dejó de hacer por quejas del personal de limpieza", cuenta Juan Manuel Corbalán, actual secretario general del Cefyl y candidato a presidente por Plenario de Izquierda, horas antes de la "afichada final". Así se conoce a la jornada del sábado previo a las elecciones en las que unos 200 militantes de todas las agrupaciones, algunos llegados desde otras facultades, se disputan, a veces con gritos e insultos, hasta el último espacio disponible para colocar sus carteles. Los sitios más apreciados son las paredes que bordean los pizarrones, únicos sitios donde no se pega ni un afiche.

"La universidad es un ámbito de disputa fundamental porque acá se forman los principales cuadros técnicos del sistema", justifica la presidenta reelecta del Cefyl, Florencia Oroz, estudiante de Historia, de 23 años. En la última semana, pasó más de ocho horas por día en la facultad.

En la conducción del Cefyl desde el año pasado, La Juntada es un frente encabezado por La Mella, una corriente universitaria que también gobierna los centros de estudiantes de Ciencias Sociales y de Ciencias Exactas de la UBA, y que comparte con el PO la dirección de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA). Con la perspectiva de construir una fuerza de izquierda popular que compita electoralmente, en la ciudad de Buenos Aires se presenta como Juventud Rebelde-Rebelión, realiza trabajo barrial y tiene presencia en gremios, en especial en el de docentes universitarios.

Incluso sus críticos más feroces le reconocen haber hecho un buen trabajo en los espacios de gestión del Cefyl: montó un comedor estudiantil con un menú de 6 pesos y estableció un sistema online para solicitar los apuntes por anticipado. Sin personería jurídica, en el Cefyl trabajan unos 60 estudiantes, la mitad, delegados políticos de La Juntada, y los restantes, elegidos por sorteo.

"Nos dicen que son medidas marketineras, pero tienen un fundamento político, que es garantizar el acceso y la permanencia de los alumnos en la facultad, porque si no, todos hablamos de la revolución y el socialismo y en el medio no hacemos nada", explica Oroz, ex militante del Partido Comunista que abandonó esa fuerza debido al alineamiento de la agrupación con el gobierno nacional.

Para Corbalán, estudiante de Historia, de 27 años, el problema es que La Juntada no tiene una actitud firme ante lo que denuncia como un "avance privatizador" del decano, el kirchnerista Hugo Trinchero, a quien critica por la reforma del sistema de becas de apuntes, uno de los principales ejes de la campaña. "La conducción del centro tiene una actitud de adaptación frente a la gestión, que pretende que un estudiantes sin recursos se arregle con $ 125 por materia."

El dirigente del PO acepta que la mayoría de los estudiantes no lee los carteles, pero explica que se apuesta al impacto visual, a marcar presencia. En esa caótica batalla cromática queda expuesta la fragmentación de las fuerzas políticas de la facultad: 328 estudiantes de más de 30 agrupaciones integraron las listas de 12 frentes electorales, todos en la mitad izquierda del abanico ideológico.

El alto número de candidatos se contrapone con el escaso interés que muestran la mayoría de los estudiantes cuando pasan los militantes por los cursos. La última asamblea general, máxima autoridad del Cefyl y espacio abierto a todos los estudiantes, debió suspenderse por falta de gente. En las elecciones, optativas, votó poco más del 50% de los estudiantes.

Esa distancia entre representantes y representados es el principal problema del Cefyl, según Emiliano Campos, estudiante de Filosofía, dirigente del Movimiento Evita y cocandidato a presidente por el FUP. "Es muy poca la cantidad de estudiantes que participan en relación con la matrícula. Es una especie de democracia restringida, en la que 200 personas deciden por 12.000", sostiene, y acusa por eso a las fuerzas de izquierda. "La rebeldía bien encauzada es ser oficialista y rebelde frente a los grupos de poder", refuerza el otro candidato a presidente del FUP, Juan Ernesto Gullo, estudiante de Letras, dirigente de La Cámpora e hijo del ex líder de la JP Juan Carlos Dante Gullo.

En la larga noche del escrutinio, siguen las discusiones acaloradas. Todas las agrupaciones ya fijaron su próxima batalla: ganar el centro de Psicología, que se pone en juego a partir de mañana.

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