Alberto Fernández: cuanto mejor, peor

Carlos Pagni
Carlos Pagni LA NACION
Alberto Fernández
Alberto Fernández
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5 de mayo de 2020  • 02:20

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A continuación, la desgrabación de sus principales conceptos:

  • En la teoría militar hay un concepto referido a cuándo debe determinarse el momento cúlmine de una batalla. ¿Qué quiere decir esto? Que hay en la estrategia de cualquier comandante al frente del Ejército en un combate, la necesidad de identificar cuál es la instancia en la que la agresión debe ser llevada al extremo para resolver el conflicto y evitar, así, que su continuidad termine consumiendo la propia fuerza. Lo que puede ser una situación ganadora puede transformarse en una perdedora.
  • En ese momento, posiblemente, se encuentre Alberto Fernández en su relación con la cuarentena. ¿Por qué? Porque ha sido exitosa, es decir, los números que presenta hoy la Argentina son mejores que los que se había calculado que íbamos a tener en este momento.
  • Hay que plantear una idea importantísima, aunque sea obvia, y es que la cuarentena no es una terapia ni tampoco un método para evitar la enfermedad, sino que es nada más un procedimiento para reducir el nivel de contagios. Se trata de preparar al sistema de salud para cuando la demanda sobre el mismo aumente y darnos un método para administrar las actividades cotidianas sin contagiarnos y, sobre todo, un modo de concientizar a la población respecto del riesgo de contagio. Eso es la cuarentena. No es una cura. Es decir, que el hecho de que hoy no haya muchos contagios no implica que no haya enfermedad o que no estamos amenazados por el
  • Más allá de esto, los números son muy auspiciosos. Hay un profesional, que no es médico ni tampoco epidemiólogo, sino un experto en ingeniería que se llama Daniel Gerold que viene estudiando, con un modelo matemático y con la información que provee el Estado, la evolución de los casos de los contagiados. Puntualmente, observa en sus estudios la evolución de la relación entre contagiados y cantidad de tests que se van realizando; la presión que hay sobre el sistema de salud, es decir, el nivel de utilización de camas; las muertes efectivas en comparación a las previstas; y sobre todo la determinación- y esto es la clave- del índice de contagio, cuyo nombre técnico es Ro. En otras palabras, a cuántas personas contagia cada uno de los que adquirió el virus. Este es un índice que se extrae o se deduce de los demás números.

  • Miremos los números de Gerold. Por un lado, van pasando los casos positivos, de 149 a 103, esa es la última evolución que hubo. También es muy importante que en la proporción de casos sobre cantidad de exámenes baja.
  • La cantidad de camas de terapia intensiva utilizadas sobre casos positivos fue hace 10 días de 4,1 % y ahora es de 3,1%, es decir, cayó un punto porcentual. La cantidad de camas sobre el volumen general de tests fue de 0,32 % hace diez días y ahora es de 0,21 %. El número Ro, que nos indica la capacidad de reproducción del virus por contagio hoy sería, según este estudio de Gerold de 1,002.
  • Este dato es sumamente relevante porque el día que esta cifra sea menor a uno nos estaría indicando que una persona contagia a menos de una persona. Y ello nos estaría señalando que la curva va bajando y que la epidemia estaría desapareciendo. Todavía no estamos en ese momento.
  • Por otro lado, las camas de terapia intensiva ocupadas son el 3,1 por ciento sobre el total de camas disponibles para esta enfermedad, y las altas de los pacientes son muy superiores a las muertes. Por eso los médicos y epidemiólogos empiezan a no encontrar razones para decirle al Gobierno que siga encerrando a la gente.
  • ¿Qué quiere decir esto? Que para que la epidemia se supere va a haber que ir abriendo la cuarentena, y habrá que ver cómo circula el virus con esa apertura. De qué modo el ámbito de la salud asimila esa demanda y de qué forma se va pasando la curva, es decir, cómo se va superando esta epidemia con la menor incidencia o el menor estrés posible sobre el sistema sanitario.
  • Este último punto es de suma importancia ya que uno de los sectores de la economía más afectados por la cuarentena, es decir por la parálisis de la actividad que ha impuesto el Gobierno con tan buen resultado, es el ámbito de la salud, sobre todo, el privado. Hay una caída de los ingresos que dependen de operaciones programadas que se debe a la postergación de la gente que no consulta a los médicos o lo hace muchísimo menos, al igual que tampoco acuden a clínicas. Es por este motivo, que los especialistas suponen que debe haber más muertes o complicaciones inesperadas en muchas patologías por la falta de detección temprana de las mismas. Muchas personas prefieren dejar pasar síntomas por miedo a contaminarse con el coronavirus.
  • Todo esto implica una caída en los ingresos de las clínicas, médicos que no son consultados por sus especialidades, y además una disparada en los gastos. Porque hay que comprar más camas, respiradores, pagar la paritaria que obviamente implica un aumento de gastos en las clínicas en un momento de alta inflación, adquirir barbijos y todo tipo de insumos para prepararse para un pico que todavía no llega. ¿Qué puede pasar entonces? Que la instancia culminante de la batalla pase de largo y que la gente empiece a llegar a las clínicas en el momento en el que están más desgastadas por la misma cuarentena, que produjo una recesión en el sector sanitario.

  • Claro que no es tan fácil salir de la cuarentena y en este problema se encuentra no solo el gobierno nacional, sino todos los gobiernos.
  • El primer problema reside en que para conseguir una salida administrada hay que lograr identificar primero al contagiado y, si fuera posible -porque hay lugares por ejemplo como Corea del Sur donde se ha hecho de manera espectacular a través de tecnología- a todos aquellos con los que ha estado en contacto durante los 15 días anteriores, tiempo durante el cual se presupone que incubó la enfermedad.
  • En Corea del Sur todo esto lo hicieron con una tecnología que detecta los contactos o las posiciones de las personas a través del seguimiento de los teléfonos celulares. Aquí, en cambio, hemos realizado y hacemos muy pocos tests, porque hay pocos reactivos. Lo que significa que si abrimos la puerta vamos a estar bastante a ciegas respecto de quiénes están contagiados. Bueno, todo este problema se reduciría y facilitaría la rehabilitación de la vida económica si tuviéramos más chequeos.
  • El Gobierno empieza a preocuparse por el problema económico. Ustedes saben que el que elige el consejero elige el consejo. Si yo consulto solamente a epidemiólogos e infectólogos sobre la pandemia, me van a decir que siga con la cuarentena. Ahora bien, si yo a esa mesa incorporo economistas, seguramente, empezaría a haber un equilibrio. Sabría cuánto daño le estoy causando a la sociedad a través de la cuarentena. Cuando el Gobierno empiece a equilibrar las dos balanzas estará más ansioso por salir de la cuarentena.

  • Hubo una reunión hace algunas horas en Olivos, donde fueron empresarios, dirigentes sindicales y representantes del Gobierno, entre ellos, Alberto Fernández, el ministro de Economía, Martín Guzmán, el Secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz, y una persona de muy bajo perfil que es clave al lado de Alberto Fernández, Juan Manuel Olmos, su jefe de asesores. Entre los sindicalistas había varios que, por rango etario, deberían haber participado desde sus casas.
  • Luego de la reunión, hubo un comunicado que habla casi exclusivamente del problema de la deuda. Es una especie de cable redactado por el Gobierno, que no menciona el problema de la cuarentena. Según parece, el Gobierno no quiere hablar de la salida de la cuarentena y solo llamó a los empresarios y a los sindicalistas para obtener una adhesión a su estrategia en relación con la deuda.
  • Por lo menos hay un sector de la vida pública que se reactiva: el Congreso. Sergio Massa, cuya carrera es un espectáculo de luz y sonido, va a presidir mañana una reunión psicodélica, con el recinto revestido con un sistema de pantallas led. Es una novedad porque los principales parlamentos del mundo sesionan de manera presencial.
  • Pero regresemos a la reunión de Olivos. Hay un detalle interesante: hay un tuit que acaba de aparecer, de una persona muy cercana a Alberto Fernández, que es la secretaria Legal y Técnica de la Nación, Vilma Ibarra, quien volvió a insistir en por qué no se convoca a mujeres a este tipo de reuniones. Es muy interesante que Ibarra lo diga, generando tal vez un malestar con ella misma, porque no creo que a Fernández le guste que manifieste esto. Pienso que debe ser alentado y aplaudido que alguien insista con un principio, aun cuando esa insistencia pueda resultar molesta al poder que esa misma persona integra.
  • En el comunicado sobre el encuentro con empresarios y sindicalistas aparece esta frase: "En tanto los empresarios enfatizaron que 'estamos en el mismo barco, somos la misma argentina, necesitamos un escenario de previsibilidad y un acuerdo para crecer'". Quieren que no haya default. Pero agregan: "Tenemos un gobierno que habla de industria y de trabajo. Vamos a acompañar ciegamente al Gobierno nacional". ¿Ciegamente? En general, ningún empresario acompaña ciegamente nada. Es interesante que Fernández tenga la habilidad de haber arrancado esta declaración a los empresarios que lo fueron a ver, al Grupo de los Seis.
  • Los empresarios alientan el acuerdo y creo que en eso están alineados con el Gobierno. Si uno mira de cerca toda la operación Guzmán, está la intención de no ir al default. No solo porque dista de ser una propuesta bolivariana sino también porque hoy emitió un comunicado que no sólo repudia a los que dicen que la oferta es inaceptable.
  • En ese comunicado del Ministerio de Economía hay dos detalles que dan la idea de que su postura podría ser más flexible de lo que dice. La primera es que los acreedores deberían presentar un proyecto alternativo. Es decir, que no se limiten a repudiar lo que la Argentina les ofrece. El segundo concepto de Guzmán sería llegar a un común denominador, lo que está diciendo que esta no es la última palabra.
  • Es posible que Guzmán esté pensando o suponiendo, con bastante realismo, cuál es la posición de los acreedores. Aquí hay una ambivalencia porque en este mundo de pandemia, donde nada tiene precio por el nivel de incertidumbre de la economía global, uno podría decir que los acreedores van a esperar que se despeje la situación. Mientras otros creen que no. Un operador de bonos en estos días está dando malas noticias todo el tiempo a sus clientes y, sobre todo, a sus jefes. Si en ese contexto de derrumbe de todos los activos, les presento una oferta de la Argentina que representa una ganancia del 30%, posiblemente preste mucha atención a esa oferta. La alternativa de la oferta de Guzmán no es un juicio donde puedo recuperar todo. Es un modelo de acuerdo que ya existe. Es el acuerdo que llevó adelante el gobierno de Macri con Prat Gay en 2016, el acuerdo con los holdouts. Pero aquel acuerdo, si uno lo mira en la letra fina, es más duro que éste que está ofreciendo Guzmán, porque fue el valor del bono más la tasa del bono de Estados Unidos que hoy es 0%. Guzmán posiblemente está jugando contra algún grado de desesperación del acreedor. Daría la impresión de que se podría llegar a un acuerdo. No están tan lejos. Sería una irracionalidad que la Argentina en estas circunstancias entre en default.
  • Hay que decir algo muy relevante: el default no lo decide Guzmán sino el Presidente. No es una cuestión técnica, es una cuestión política, respecto a qué orientación le quiere dar el Presidente al país. Y acá está el problema central, que se ha visto más agudizado en los últimos días. Como todos hemos visto, hay una presión muy fuerte sobre el liderazgo de Alberto Fernández de su propio frente interno. Esa presión no es a pesar de sino porque Fernández está muy bien en las encuestas. Daría la impresión de que en el kirchnerismo que rodea a Cristina, aquellos que creen que son los accionistas de este modelo de poder, de este Gobierno, Cristina Kirchner y el grupo que la rodea, se sienten bastante incómodos porque Fernández, por la carambola de la cuarentena, termine teniendo el 75 u 80% de imagen positiva. Nadie lo preveía. A partir de ese dato empieza un avance sobre el gobierno de Fernández. Para Cristina Kirchner, para La Cámpora, es decir, para los accionistas del poder, que lo ven como un gerente que tiene que normalizar la situación durante cuatro años para que vuelvan sus verdaderos dueños, aparece la necesidad de avanzar sobre la administración.
  • Primer avance: la designación de Sergio Affronti como CEO de YPF, un hombre de Miguel Galuccio, puesto por Cristina. Galuccio es un empresario privado, presidente de la compañía Vista, enemistado con Alberto Fernández.
  • Otro tema sensible para el kirchnerismo: los roces en el área de Justicia con la ministra, Marcela Losardo, a quien se le atribuye, con bastante verosimilitud, desgastar a través de los diarios a su segundo, Martín Mena, que fue a hacerse cargo del conflicto carcelario en Devoto. Mena tiene, además, otro problema. Porque Losardo le asignó, sin que él la pidiera, la Inspección General de Justicia, donde se brinda o no información a los periodistas que están investigando determinadas sociedades ligadas a los Kirchner. Losardo está en la mira de La Cámpora y de Cristina Kirchner.
  • El avance más obvio se dio sobre la Anses. Es curioso que La Cámpora que es una institución de jóvenes se interese tanto por las agencias que controlan grandes cajas que tienen que ver con los jubilados, como el PAMI, la Anses. Es bastante llamativo ese amor por los abuelos. Lo cierto es que María Fernanda Raverta termina reemplazando a Alejandro Vanoli. Al parecer, tiene que ver con que Vanoli era bastante reticente a designar a alguien de La Cámpora en el directorio de Telecom, empresa que tiene como accionista al grupo Clarín. La de Clarín parece ser una batalla que no se liquidó. Llegó Raverta a la Anses y ya hay 125 despedidos. La Cámpora se queda con algo que no es solamente una caja fenomenal sino también una estructura territorial muy importante que, desde el Estado nacional, se extiende por todo el país. Y algo más importante todavía, la Anses es una gran base de datos para aquellos que quieran conocer detalles de la sociedad. Para eso se requiere tecnología. Pero Raverta es hija del empresario Mario Montoto, quien sabe de datos, es proveedor de tecnología y seguramente le dará una mano desinteresada a su hija.
  • No son las únicas zonas del estado donde avanza La Cámpora sino que hay una zona de la administración o del sector público muy sensible, pero casi invisible, que es el control del sistema informático del Poder Judicial. Es el sistema que procesa los concursos de las causas judiciales; con el que se puede acceder a toda la información de esas causas; y con el que se administran en términos reales las elecciones. Todo eso fue tomado en las últimas horas por militantes ligados a La Cámpora, la mayoría con pocos antecedentes en materia de tecnología; dos de ellos fueron fiscales informáticos del Frente de Todos en las últimas elecciones. Pueden dar pocas garantías de imparcialidad en un tema tan sensible como es el sistema nervioso informático del Poder Judicial, de las elecciones, del acceso de tal o cual causa en materia de información.
  • ¿A dónde conduce todo esto? A que cuando llegó este Gobierno al poder se suponía que representaba la conciliación de dos visiones del país: Cristina y Alberto. Se suponía que Fernández tenía la intención de convertirse en líder de este proyecto y en todo caso diluir al kirchnerismo en una unidad superior. Hasta ahora no hay señales de eso. Hasta ahora la orientación conceptual de la política exterior, de los resortes importantes del poder político, sabremos dentro de poco si también de la economía, la imponen Cristina y su grupo. Y esta es la verdadera novedad: Fernández está cómodo. Este dato, que es crucial en la encrucijada de la recesión, es el que está detrás de la negociación de la deuda y de cualquier apuesta que hagan los inversores, especulativos o reales, sobre la economía argentina.

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