Azucena Villaflor, a 20 años del secuestro

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11 de diciembre de 1997  

"Vos siempre tan miedosa, nena, ¡no vas a dudar de todos!", le dijo Azucena Villaflor de Devincenci, una madre que buscaba a su hijo, a una prima hace exactamente 20 años. Dos días después, el 10 de diciembre de 1977, ella desaparecía. Para siempre.

Azucena tenía 53 años, esposo, cuatro hijos y dos nietas, y fue, sin saberlo, una de las fundadoras de las Madres de Plaza de Mayo.

A principios de 1970, Néstor, uno de los hijos de Azucena, decidió convertirse en militante de la Juventud Peronista, en la Facultad de Arquitectura. Selló su destino y el de su madre. El 30 de noviembre de 1976 lo secuestraron junto con su novia, Raquel.

La desesperación se apoderó de Azucena, como de tantas otras madres que recorrían por entonces los cuarteles, las comisarías y cualquier otra dependencia oficial que pudiera ayudarlas a encontrar a sus hijos.

En aquella época, lejos de la politización en la que luego cayó el organismo, eran madres que buscaban a sus hijos, más allá del cruel "algo habrán hecho".

Azucena logró convencer a otras madres de que se reunieran en la Plaza de Mayo. La primera cita se realizó el 30 de abril de 1977. Desde la Casa de Gobierno mandaron a un grupo de policías que les ordenaron: "Circulen..." Y ellas, con Azucena a la cabeza, obedecieron. Desde entonces, "circulan" alrededor de la Pirámide de Mayo.

Ese año, para el Día de la Madre, realizaron una misa en San Nicolás de Bari. Un joven se acercó a Azucena con la excusa de tener un hermano desaparecido. Dijo llamarse Gustavo Niño. Era Alfredo Astiz. La prima de Azucena le dijo que desconfiaba de él, pero ella le contestó que no se podía dudar de todos.

El día de la Virgen, el 8 de diciembre, estaban reunidas en la iglesia de la Santa Cruz. Astiz habría dado la señal y secuestraron a 8 personas, entre ellas, a la monja francesa Alice Domon, militante del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos. Azucena no estaba allí, salvó su vida apenas 48 horas.

Pero ella sabía que la vendrían a buscar. Y fueron: la esperaron en la esquina de su casa, en Sarandí, dos días después. Simultáneamente, secuestraron a Léonie Duquet, otra monja francesa cuyo "pecado" fue compartir la casa con Alice Domon. Ayer, a 20 años de su desaparición, el organismo que ella ayudó a crear les entregó un proyecto a los legisladores porteños Aníbal Ibarra y Marta Oyhanarte para que se haga un paseo en la Costanera Norte con un monumento que incluya el nombre de todos los desaparecidos. El de Azucena incluido.

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