Bergoglio pidió mayor sensibilidad social

En el Tedéum del 25 de Mayo, frente a Kirchner, el cardenal pidió "ponerse la Patria al hombro" y evitar la "disolución"
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26 de mayo de 2003  

Cuando el arzobispo de Buenos Aires pronuncia una homilía en un Tedéum frente al presidente de la Nación, se dirige a la sociedad pero, sobre todo, le habla al Presidente.

Si el cardenal Jorge Bergoglio pidió ayer sensibilidad social, cargarse "la Patria al hombro" y evitar una acechante "disolución nacional", se lo reclamaba, más que a ninguno, a Néstor Kirchner, que por primera vez lo escuchaba desde el primer asiento de la nave central de la Catedral Metropolitana, de cara al púlpito. Detrás suyo se ubicaba buena parte de los miembros de su flamante gobierno.

"Todos los días hemos de comenzar una nueva etapa, un nuevo punto de partida. No tenemos que esperar todo de los que nos gobiernan: esto sería infantil; sino, más bien, hemos de ser parte activa en la rehabilitación y el auxilio del país herido. Hoy estamos ante la gran oportunidad (...) de ser otros buenos samaritanos que carguen sobre sí el dolor de los fracasos, en vez de acentuar odios y resentimientos", exhortó Bergoglio.

Kirchner recibió las palabras de Bergoglio, que en otras oportunidades, y ante otros presidentes, han sido muy amargas, con evidente satisfacción. "Conjugó los mismos verbos que el Presidente conjugó esta mañana en su discurso ante la Asamblea Legislativa", dijo a LA NACION Sergio Acevedo, flamante secretario de Inteligencia y hombre de total confianza del nuevo Presidente, a la salida de la Catedral.

Durante la media hora que duró la homilía, Kirchner escuchó con expresión seria y tranquila. Tenía una delgada curita en medio de la frente por la herida que le abrió un camarógrafo, y su esposa, la senadora Cristina Fernández, sentada a su lado, se arrimó dos veces para acomodarle la banda presidencial, que, arrugada y torcida, estrenaba.

La parábola

El Tedéum, una tradición de cada 25 de Mayo, comenzó con la lectura de una cita bíblica, la parábola del buen samaritano (Lucas, 10, 25-37), que intenta arrojar una enseñanza sobre el amor al prójimo.

Cuenta el caso de un hombre que fue asaltado y arrojado, moribundo, al costado de un camino, fue ignorado por dos hombres que pasaron a su lado (un sacerdote y un levita) y, finalmente, auxiliado por un samaritano, que se compadeció de él.

Bergoglio recurrió a la historia bíblica para trazar una parábola de la situación argentina.

"Ante tanto dolor, ante tanta herida, la única salida es ser como el buen samaritano -dijo-. Toda otra opción termina, o bien del lado de los salteadores, o bien del lado de los que pasan de largo, sin compadecerse del dolor del herido del camino. Y "la patria no ha de ser para nosotros -como decía un poeta nuestro- sino un dolor que se lleva en el costado".

"No podemos vivir indiferentes ante el dolor, no podemos dejar que nadie quede "a un costado de la vida", marginado de su dignidad. Esto nos debe indignar. Esto debe hacernos bajar de nuestra serenidad para "alterarnos" por el dolor humano, el de nuestro prójimo, el de nuestro vecino, el de nuestro socio en esta comunidad de argentinos."

El cardenal describió la situación social del país en términos dramáticos: "Hoy, y cada vez más, ese herido es mayoría. En la humanidad y en nuestra Patria. La inclusión o la exclusión del herido al costado del camino define todos los proyectos económicos, políticos, sociales y religiosos".

"¿Nos inclinaremos a cargarnos al hombro unos a otros? -preguntó-. Este es el desafío de la hora presente, al que no hemos de tenerle miedo. En los momentos de crisis, la opción se vuelve acuciante: podríamos decir que en este momento, todo el que no es salteador o todo el que no pasa de largo, o bien está herido o está poniendo sobre sus hombros a algún herido.

"La historia del buen samaritano se repite: se torna cada vez más visible que nuestra desidia social y política está logrando hacer de esta tierra un camino desolado, en el que las disputas internas y los saqueos de oportunidades nos van dejando a todos marginados, tirados a un costado del camino."

Kirchner lo miraba inmutable. Movía apenas el bastón presidencial, que había apoyado sobre sus piernas y aferraba con las dos manos con la intensidad con que alguien toca un objeto que quiere. En medio de la homilía se llevó un chicle, o un caramelo, a la boca, y lo masticó muy lentamente.

"El punto de partida que elige el Señor es un asalto ya consumado -siguió Bergoglio, en uno de los tramos más duros de la homilía-. Pero no hace que nos detengamos a lamentar el hecho, no dirige nuestra mirada hacia los salteadores. Los conocemos. Hemos visto avanzar en nuestra Patria las densas sombras del abandono, de la violencia utilizada para mezquinos intereses de poder y división, también existe la ambición de la función pública buscada como botín. La pregunta ante los salteadores podría ser: (...) ¿dejaremos tirado al herido para correr cada uno a guarecerse de la violencia o a perseguir los ladrones? ¿Será siempre el herido la justificación de nuestras divisiones irreconciliables, nuestras indiferencias crueles, nuestros enfrentamientos estériles?"

Bergoglio criticó a quienes "se entregan al juego mezquino de las descalificaciones, los enfrentamientos hasta lo violento, o la ya conocida esterilidad de muchas intelectualidades para las que "nada es salvable salvo lo que yo pienso"". Fustigó a quienes en el pasado prefirieron "el ventajismo del contrabando, la especulación meramente financiera y la expoliación de nuestra naturaleza y, peor aún, de nuestro pueblo". También a aquellos que se "alían para satisfacer su ambición de poder".

"Todos, desde nuestras responsabilidades, debemos ponernos la Patria al hombro, porque los tiempos se acortan", insistió.

"Que otros sigan pensando en lo político para sus juegos de poder; nosotros pongámonos al servicio de lo mejor posible para todos."

Recordó que, en pasadas homilías, en otros Tedéum por el 25 de Mayo, alertó sobre un proceso de "disolución nacional", pero su reclamo, remarcó, no fue oído y aquella desgracia "sigue amenazándonos". Exhortó al nuevo gobierno a escucharlo esta vez.

Puntos principales de la homilía

Marginados: "Nuestra desidia social y política está logrando hacer de esta tierra un camino desolado, en el que las disputas internas y los saqueos de oportunidades nos van dejando a todos marginados, tirados a un costado del camino."

Función pública: "Hemos visto avanzar en nuestra Patria las densas sombras del abandono, de la violencia utilizada para mezquinos intereses de poder y división. También existe la ambición de la función pública buscada como botín."

Responsabilidades: "Todos, desde nuestras responsabilidades, debemos ponernos la Patria al hombro porque los tiempos se acortan."

Internismos: "Renunciemos a la mezquindad y el resentimiento de los internismos estériles, de los enfrentamientos sin fin. Dejemos de ocultar el dolor de las pérdidas y hagámonos cargo de nuestros crímenes, desidias y mentiras, porque sólo la reconciliación reparadora nos resucitará y nos hará perder el miedo a nosotros mismos."

Nueva etapa: "Se inicia hoy una nueva etapa en nuestra Patria signada muy profundamente por la fragilidad de nuestras instituciones, fragilidad de nuestros vínculos sociales. "

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