Chimangos
Las cotorritas, simpáticas y coloridas, suelen despertar con sus estridentes cantos a habitantes y turistas de Pinamar con los primeros claros de la madrugada veraniega.
Pero resulta evidente que, últimamente, en algunas zonas se han replegando y se cuidan más.
¿La razón? La llegada sin pausa de chimangos, pájaros rapaces, amarronados y poco amistosos.
Las comadrejas podrían haber tenido a raya la reproducción de los verdes pajaritos, pero como arman sus desordenados nidos en las copas de los eucaliptos y estos tienen una corteza alisada por la que resbalan aquellos depredadores, las cotorritas y sus crías zafaron de ser el sabroso plato de la cadena alimenticia.
¿Consecuencia?: superpoblación de loritos que, además de ser ruidosos, son plaga agrícola. Una leyenda urbana local cuenta que productores de kiwi de la zona trajeron a los chimangos para poner las cosas en su lugar. Sea cierto o no, esta ave carroñera empieza a ser parte del paisaje pinamarense. Se los puede avistar fácilmente en cualquier paseo.
Ciertas cotorritas muy prevenidas se han mudado a las aún más altas copas de algunas palmeras. Todo sea para no convertirse en almuerzo o cena fácil del nuevo invasor carroñero.
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