Cuando Cristina era opositora y accesible

Gustavo Ybarra
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1 de septiembre de 2011  

Hubo un tiempo en el que Cristina Kirchner era amiga de la prensa, la alababa y defendía, la consideraba uno de los pilares fundamentales de la democracia y apelaba a ella como testigo de maniobras irregulares y canal para formalizar sus denuncias contra el poder establecido.

Como bien lo indica el uso del verbo, eran otros tiempos. Tiempo pasado. Epocas en las que aseguraba que "no era la recluta Fernández" para cumplir órdenes de un jefe de bloque que reclamaba verticalismo puro de los senadores oficialistas.

Eran tiempos en los que el presupuesto de Santa Cruz sirvió para financiar la necesidad de Cristina Kirchner de trasladar a una decena de cronistas parlamentarios para mostrarles la belleza de los Hielos Continentales que la Argentina se disputaba con Chile.

Epocas en las que ese mismo presupuesto sirvió para comprar varios miles de ejemplares de una publicación especializada en la cobertura de la actividad legislativa, que la había elegido "parlamentaria del año", con el único objetivo de distribuirlas en Santa Cruz.

Algunos cronistas parlamentarios aún recuerdan a aquella senadora que en pleno juicio político contra uno de los magistrados de la "mayoría automática menemista" convocó a los periodistas acreditados en el Senado a revisar los videos de la sesión porque sospechaba que intentaban invalidarle el proceso con un "senador trucho".

Es curioso, porque muchos de esos periodistas que la acompañaron a revisar aquellos videos fueron cuatro años después, el 7 de julio de 2006, acusados de "burros" por la entonces senadora por Buenos Aires cuando, sin demasiados argumentos para explicar su giro de 180 grados, salvo el uso de la agresión y la diatriba política, defendió durante cuatro horas el mecanismo de la "sanción ficta" (aprobación por falta de pronunciamiento del Congreso) de los decretos de necesidad y urgencia del presidente.

También hay periodistas que recuerdan a aquella Cristina Kirchner que atendía consultas por teléfono en noches de domingo disculpándose de antemano por si no escuchaba bien alguna pregunta ya que se encontraba preparándole la comida a su hija Florencia.

Algunos periodistas de aquel momento forjaron una buena relación con Miguel Núñez, quien entonces era su jefe de prensa y visitaba de manera regular las salas de periodistas de ambas cámaras pidiendo que le publicaran alguna breve declaración de su jefa o invitándolos a su despacho porque "Cristina tiene algo para decir". O que en abril de 2003 fueron agradecidos testigos de cómo la senadora oficiaba como una suerte de "agente de prensa" de un Néstor Kirchner que se resistía a hablar con los periodistas mientras vivía en Río Gallegos las horas previas a los comicios que lo llevarían a la Presidencia, renuncia de Carlos Menem al ballottage mediante.

Hoy, según la estrategia oficial, algunos medios parecen haber cambiado y ya no son dignos de confianza, sino "desestabilizadores de la democracia". En realidad, la diferencia es que aquella Cristina Kirchner senadora era opositora a la conducción del PJ y criticaba la teoría de "la prepotencia de los votos" que había esbozado un encumbrado funcionario menemista tras la reelección del riojano, en 1995, porque le garantizaba cobertura periodística.

En otras palabras, aquella Cristina Kirchner lejos estaba de pensar que algún día llegaría a ser la dirigente política con más poder del país.

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