El caso Faggionatto ahondó el debate en los tribunales
Los jueces más veteranos temen que los use el poder; no quieren ser árbitros de la pelea política
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La destitución del juez federal de Zárate-Campana Federico Efraín Faggionatto Márquez no sorprendió a sus colegas de los tribunales federales de Comodoro Py 2002, en Retiro. Venían siguiendo el trámite del juicio político y entendían que, por más que se hubiera jugado con audaces medidas para favorecer al Gobierno en plena campaña electoral, era mayor la repercusión que habían alcanzado las denuncias en su contra que los favores políticos que pudiera haber realizado.
El fiscal que acusó a Faggionatto Márquez en el juicio político, el senador radical Ernesto Sanz, aseveró que después de esta sentencia "los jueces malos debían poner las barbas en remojo". Afirmó que la destitución era un mensaje para los jueces genuflexos con el poder.
El mensaje llegó con algunos ruidos a Comodoro Py 2002. Entre los magistrados del fuero federal más veteranos, con más de 20 años en el cargo, no causó mayor preocupación. Con la piel curtida, vieron pasar varios presidentes por la Casa Rosada. Si en los 90 eran los jueces del menemismo, sienten que ahora se sacaron ese estigma de encima. Pero al mismo tiempo advierten que no van a ser funcionales al juego político de la oposición para usarlos en su batalla cotidiana con el kirchnerismo. Tampoco, según prometen, van a ser generosos con los kirchneristas para permitirles dañar a los opositores.
Se imaginan que éste va a ser un año de campaña electoral abierta, pero les preocupa más el 2011, cuando esa lucha pueda trasladarse a sus estrados judiciales de manera solapada, mediante la presentación de denuncias que sólo pretendan perjudicar al adversario político.
"Lo que tenemos que evitar es el esmerilado cotidiano que hacen de los jueces. Eso no nos hace bien ni le hace bien a la Justicia", se sinceró un magistrado que está en el cargo desde hace más de una década.
Nostalgias
Los jueces federales entienden que mirar la destitución de Faggionatto Márquez como una anotación en el tanteador de la oposición en la cuenta diaria que llevan en su lucha con el oficialismo en el Senado o en la Cámara de Diputados perjudica a la Justicia y a la institución del Consejo de la Magistratura. Saben que están en sus manos no tanto por la posibilidad que tiene el oficialismo de evitar un dictamen que implique un juicio político, sino porque es más fácil votar en contra de un juez que jugarse para salvarlo. Por eso, recuerdan con nostalgia cuando un juez de la Corte presidía el Consejo de la Magistratura, lo que les garantizaba una mirada judicial para analizar su conducta.
Otro magistrado, que ya peina canas, pero conserva la elegancia, analizó que el actual panorama político obliga a la Justicia y a la Corte en particular a colocarse como el árbitro último de los conflictos que involucran al poder. Esto en última instancia es así, pero la Corte supo fallar con cautela para no intervenir en la puja de poderes. Además, envió un mensaje: no se debe judicializar la lucha política.
Los jueces quieren evitar que la Corte asuma este rol, que, además, desnudaría la falta de capacidad política del Poder Ejecutivo y del Legislativo como para llegar a acuerdos de convivencia política que les permitan limar sus diferencias. Si la Corte no está dispuesta a hacerlo, menos los jueces federales.
Los magistrados más nuevos que llegaron al fuero con el kirchnerismo, en cambio, acusaron recibo del mensaje que significó la destitución de Faggionatto. Consultado uno de ellos por LA NACION, dijo que estaba satisfecho: entiende que sanea al Poder Judicial, pero al mismo tiempo es una señal para el resto de los jueces, sobre todo para los que fueron designados por este gobierno.
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