
El creciente miedo al disenso
Nadie puede negar -incluso desde el mismo gobierno nacional- que en estos momentos existe en la Argentina una sensación de miedo e inseguridad en buena parte de la población, que está acompañada de una necesidad colectiva de respuestas sensatas de parte del Estado frente al delito creciente.
Pero nada parece molestar más al Gobierno que la crítica y el disenso. Y sobre todo si provienen de alguien que es capaz de movilizar a la sociedad.
Los esfuerzos de la administración kirchnerista para neutralizar la convocatoria del ingeniero Juan Carlos Blumberg a Plaza de Mayo para reclamar por seguridad responden a esa lógica. Todo aquel que pueda elevar una voz de disenso frente al discurso oficial pasa a integrar, en forma automática, las filas del adversario.
Así, la preocupación de la Casa Rosada por la suerte de la movilización convocada por el padre de Axel, el joven asesinado en 2004, se ha traducido en un esfuerzo oficial por politizar la convocatoria, en un intento por cambiar el eje de la discusión.
En esto, y de acuerdo a cuanto se ha visto en las últimas horas, el oficialismo ha tenido éxito, pues la polémica pública se ha concentrado en las marchas y contramarchas. Sin embargo, la gran mayoría de quienes concurran hoy a Plaza de Mayo lo harán movidos por la preocupación frente al delito.
Cómo se explica, si no, el aliento surgido desde el despacho del subsecretario de Tierras y Viviendas para el Hábitat Social, Luis D Elía, estrecho aliado del presidente Néstor Kirchner, para movilizar a piqueteros oficialistas a concurrir a una contramarcha, a la misma hora y a pocas cuadras de la plaza histórica, donde estarán quienes reclaman por seguridad.
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La realización de concentraciones al mismo tiempo, luego de haber tensado tanto la cuerda y habiendo trazado una raya que divide a aliados de adversarios, conlleva también el riesgo de desbordes. Son menos de diez cuadras las que separarán a ambos actos.
Dos concentraciones al mismo tiempo, piensan en el Gobierno, uno frente a la Casa Rosada, y otro en el Obelisco, dividirá la atención pública y servirá también para medir la capacidad de movilización.
Al Gobierno siempre le preocuparon los movimientos de Blumberg, porque su discurso puede prender en una sociedad sensibilizada.
Todavía está en el recuerdo vivo de la gente la multitudinaria movilización frente al Congreso en 2004. Una repetición, aunque a menor escala, de aquella concentración, cuando el único capaz de movilizar a decenas de miles de personas en estos momentos es el Presidente, podría significar un mal trago para su gestión, cuando están haciéndose los primeros aprontes para la campaña presidencial del año próximo.







