
El gobernador sorpresa
Si se confirma el recuento de votos en Tucumán, un sindicalista sucederá en el poder a un general retirado
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El virtual gobernador electo del PJJulio Miranda parece no llevarse bien con las matemáticas.
Al menos, así quedó demostrado en la elección provincial del 6 de actual cuando cometió una imprudencia política que sus partidarios aún no logran explicarse: se apresuró a admitir su derrota y luego, con los números oficiales en la mano, tuvo que desdecirse para anunciar su triunfo.
"¡Que cuente Miranda! Para él, cuatro votos valen dos", sugirió en broma el legislador menemista Jorge Yoma, el miércoles último, en el Senado, mientras esperaba la resolución de una votación reñida. Miranda se acomodó en su banca y acompañó la carcajada general.
Sus amigos van a tener que acostumbrarse a llamarlo gobernador y no senador, como hasta ahora.
Este hombre, que intensificó su militancia peronista en los años setenta, será quien aleje del máximo sillón tucumano a una de las figuras más controvertidas de la provincia: el general (R) Antonio Domingo Bussi.
El desafío de haber quebrado una sucesión que según los opositores apuntaba al nepotismo le llega a Miranda a los 52 años, luego de haber mantenido interminables duelos dialécticos con el militar, con su hijo, Ricardo Bussi (el candidato perdedor), y con casi todos los sectores del oficialista partido Fuerza Republicana.
"Gustazo"
Miranda admite que se dio "un gustazo". Que no sólo es un orgullo haber recibido el apoyo popular para ser el gobernador de Tucumán hasta el 2003, sino que semejante responsabilidad tiene el agregado de ver desde adentro de la Casa de Gobierno el ocaso de los Bussi y su alejamiento del poder.
Se regodea con la imagen porque tuvo que soportar algunas ofensivas descarnadas en nombre del democrático fragor electoral. Miranda fue tildado de "negro" y de "aborto" por el general Bussi, calificativos que el senador peronista prefirió minimizar a pesar de que calaron hondo en su espíritu.
Dicen sus colaboradores que se puso muy mal. Por él, claro, pero sobre todo por sus tres hijos y sus tres nietos. "El Negro (por Miranda) está acostumbrado a tratar con gente brava; se lo banca, por la familia...", insistieron, para ponerlo a salvo de semejante agresión.
Por eso la gente que tuvo a cargo la campaña de Miranda (la empresa porteña Equipo de Difusión, encabezada por Enrique "Pepe" Albistur), buscó "golpear" al general y dejar entrever que el joven candidato sólo era una "marioneta" del padre, argumento al que también se sumó la Alianza, sin que mediara acuerdo.
Pícaro, llano y cultor del bajo perfil, Miranda sorprendió con su triunfo a muchos compañeros de su partido. Nació, quizá como un sino, el 17 de octubre de 1946 -en el primer aniversario de la fecha más amada por el peronismo- en García Fernández, un pequeño pueblo del centro de la provincia.
Su manera de hacer política tiene el sello de los caudillos provinciales, de los típicos punteros que no se olvidan de las promesas personales, de los que tienen el mapa en la cabeza.
La militancia de su padre como uno de los hombres fuertes de los ferrocarriles en la región y su posterior amistad con el sindicalista petrolero Diego Ibáñez lo acercaron al gremialismo. Fue durante cuatro períodos consecutivos secretario general de la Federación de Petroleros y Gas Privado.
Al morir Ibáñez muchos lo apuntaban como su sucesor, pero Miranda nunca formó parte del Sindicato Unico de Petroleros del Estado (SUPE), en el que su amigo muerto hizo y deshizo. Debido a su extracción gremial, fue uno de los protagonistas del debate de la ley de flexibilización laboral que se discutió en el Senado.
Desembarco en el Congreso
Llegó por primera vez a la Cámara de Diputados de la Nación con el restablecimiento de la democracia, en 1983; fue reelegido en 1985 por cuatro años más, hasta 1989, año en que Carlos Menem entró en la Casa Rosada.
Sus amigos no dudan en calificarlo como "un negro bueno que cuando puede hacer un favor lo hace". Y agregan una palabra que en la política adquiere cada vez mayor valor: fidelidad.
En eso parecen no equivocarse. Miranda siempre fue fiel al peronismo. Así logró una banca en la Cámara alta, en 1992. Si se confirma su éxito electoral, deberá abandonar el Senado, en el que tenía mandado hasta el 2001.
Por su escaño ya hay intensas disputas. Son varios los que lo desean. Por ejemplo, la ex senadora y enemiga política de Miranda en Tucumán, Olijela del Valle Rivas. Ella fue víctima de dos jugadas con el sello de Miranda: por un lado, con el corte de boleta, le impidió competir con posibilidades por la gobernación contra Bussi en 1995. Y, por el otro, ayudó a Ramón "Palito" Ortega para birlarle su asiento en el Senado.
Es pública la estrecha vinculación del nuevo gobernador con Ortega, pese al desacuerdo que los separó cuando el cantautor saltó a las filas del duhaldismo.
Su otra pasión, el fútbol, es la que más dolores de cabeza le trae. Cuando habla de Atlético Tucumán, equipo de sus desvelos y que preside desde 1997, fuma un cigarrillo tras otro.
El 12 del actual, en la cancha de Tigre, el humor del tablón se mezcló con la política. El equipo de Miranda perdió el partido. Cuentan que un hincha del club local lo reconoció y se acercó a saludarlo. Con tono jocoso y en abierta alusión a la situación que había ocurrido en la madrugada de las elecciones, después del apresurado festejo de Bussi, advirtió: "Gobernador, mire que ganamos nosotros. No sea cosa que mañana nos levantemos y nos hayan cambiado el resultado..."
Textuales de Miranda
- A horas del cierre de los comicios del 6 del actual: "Con el 35 por ciento de los votos, Ricardo Bussi estaría siendo el gobernador de Tucumán, a pesar de que el 65 por ciento de los tucumanos no lo quiere".
- El día después: "Que la familia Bussi se vaya. Lo más importante es que el 65 por ciento de los tucumanos le dijo no a una familia monárquica. Vamos a investigar las acciones irregulares del gobierno de Bussi".
- Nueve días más tarde: "Espero que Bussi no esté en la transmisión del mando. Tiene que aceptar que perdió, eso abrirá la puerta del diálogo para la transición".
- A diez días de las elecciones: "La democracia, por más lenta que parezca, siempre implanta la justicia. Los peronistas dedicamos esta victoria a quienes sufrieron las consecuencias de una dictadura que los tucumanos llevamos dentro. En el gobierno nacional no creían en el PJ tucumano".





