El peor de los impuestos
Las cifras oficiales confirman que no hay política social que pueda compensar la alta inflación. Que emitir alocadamente dinero sin respaldo y gastar las reservas del Banco Central para seguir gastando por encima de las posibilidades termina por perjudicar a quienes se quiere beneficiar con partidas sociales. El Gobierno impone a los jubilados actuales y futuros que asistan a los más desamparados, financiando la Asignación Universal por Hijo. Y luego el BCRA emite a más no poder y hace todo lo posible para generar alta inflación y cobrarles el peor de todos los impuestos justamente a los más pobres. La Presidenta tiene razón cuando dice que de nada sirve el crecimiento si no se mejora la distribución del ingreso. Tiene razón. Hay numerosas explicaciones acerca del "crecimiento empobrecedor", en el cual la economía es cada vez más grande, pero los pobres son cada vez más pobres. Las economías cerradas y protegidas, con mercados fuertemente regulados, como el argentino, suelen incubar y desarrollar esta clase de inequidades.
Los trabajos de Oscar Altimir, por ejemplo, muestran que durante la "década perdida" para América latina en los años 80 la excepción fue Brasil, que siguió creciendo. Y, sin embargo, aumentaron las desigualdades.
La Argentina tiene un modo de recaudar que no es muy progresivo. Grava excesivamente el trabajo registrado y se tolera además casi un 40% de empleo en negro. El impuesto que más recauda es el IVA, que es proporcional al nivel de gasto, no progresivo con relación a los ingresos. Los pobres gastan todo lo que reciben y ni siquiera así cubren sus necesidades, y, por lo tanto, no aumentan su capital. Esas distorsiones pueden corregirse con un gasto que sea progresivo y compense el sesgo del sistema impositivo, pero las cifras argentinas muestran que no es así.
¿Por qué las partidas para financiar a la deficitaria Aerolíneas Argentinas crecen a un ritmo que más que supera lo que el Gobierno destina a ciencia y tecnología o a programas de capacitación laboral en el Ministerio de Trabajo?
Y algunos programas que supuestamente son igualadores, en realidad profundizan las brechas. Conectar Igualdad, que reparte gratuitamente netbooks a estudiantes secundarios, muestra muchísimas debilidades. La más obvia es que, de nuevo, se financia con dinero de la Anses, que luego se niega a pagar sentencias en favor de los jubilados porque no tiene dinero.
La propia Anses paga por anticipado las máquinas, que son técnicamente muy pobres, y luego las reparte con criterios discutibles. ¿Por qué todos los alumnos de secundarios de Barrio Norte las reciben, cuando es evidente que muchos en sus domicilios tienen máquinas mejores? Es obvio que algunos de esos estudiantes pertenecen a familias que no tienen los recursos ni siquiera para adquirir esas pobres máquinas, encarecidas además por la política de protección y subsidios a las armadurías de Tierra del Fuego. Pero entonces convendría que el Estado se ocupara sólo de ellos y no de todos los alumnos. Los demás, cuyos padres pueden costearles las computadoras, sólo necesitan que el Estado no las encarezca con barreras exageradas o que directamente prohíba las importaciones.
Subsidios distorsivos
Las actuales restricciones cambiarias y fiscales que llevan a reducciones del gasto público y profundizan la recesión son producto de haber aplicado cientos de miles de millones de dólares a subsidios a la oferta de servicios públicos.
Otro resultado es la catástrofe ferroviaria de Once, en la que las víctimas no pertenecían justamente a clases acomodadas. Los subsidios entregados sin saber quién es el destinatario, con fondos fiduciarios millonarios que escapan a los más elementales controles presupuestarios, han profundizados las brechas. Cuando se subsidia el consumo de energía eléctrica, gas y agua, incluso cuando se alcanza a familias pobres, no se llega a los más necesitados, que ni siquiera cuentan con esos servicios.
Las cifras de disminución de la pobreza que exhibe la Presidenta son, además, más que discutibles. Parten de la base de que la inflación es la que dice el Indec. La realidad es, tristemente, muchísimo peor.
Y la recesión con inflación que el Gobierno no hace más que impulsar, garantiza que cada día todo será peor para los más necesitados.
1El juez federal de Campana quiere quedarse con todas las causas que investigan a la AFA
2El lujoso y extraño hotel de Toviggino: sin huéspedes y a disposición sólo del negocio del fútbol
3Una ex Gran Hermano aseguró haber sido novia de Alberto Fernández y que la ayudó a gestionar licitaciones de Procrear
- 4
Karina Milei frena la creación de la Agencia de Seguridad Migratoria y deja a Diego Valenzuela sin cargo en el Gobierno






