
El Presidente recibió una herencia de 150... ahijados
Esperaban su medalla desde la administración de De la Rúa
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Además de la inseguridad, los piquetes, la devaluación, una Corte cuestionada y una abultada deuda externa, Néstor Kirchner recibió otra herencia de sus antecesores inmediatos: 150 ahijados presidenciales a la espera de un padrino que pudiera comprarles la medalla de rigor.
La tradición que desde 1907 dice que los padres de un séptimo hijo varón pueden solicitar que su padrino sea el presidente de la Nación había quedado en suspenso desde junio de 2001, cuando se realizó la última ceremonia, por falta de presupuesto para comprar las medallas de oro, el regalo acostumbrado del mandatario hacia su ahijado.
"Cuando llegamos había 150 pedidos atrasados. Licitamos, compramos 200 medallas y ya estamos empezando a ponernos al día", explicó a LA NACION el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, a cargo del tema por expreso pedido del Presidente.
"Fue una linda herencia, hubo otras más pesadas", bromeó Parrilli, que contó que para Kirchner el tema "tiene una importancia afectiva muy relevante".
En el Departamento de Padrinazgos Presidenciales de la Casa Rosada, una oficina que se ocupa especialmente de este tema, explicaron que la situación comenzó a normalizarse en diciembre, cuando hubo 23 ceremonias y prevén 13 más para estos días, que se realizarán en Formosa y en el conurbano bonaerense.
Algunos de los futuros ahijados son bebes recién nacidos, pero otros llegan hasta los 12 o 13 años, porque muchos padres sólo se acercan cuando simpatizan con el presidente en ejercicio. "Antes los padres esperaban al presidente radical o peronista, ahora la afinidad es con la figura presidencial", analizaron en la oficina de Padrinazgos.
También contaron a LA NACION que mientras el promedio habitual era de entre 15 y 20 pedidos al mes, en la actualidad esa cifra se duplicó, como suele pasar ante el entusiasmo que trae un nuevo presidente.
Pero además, como los nombres en la lista se acumulan desde 2001, algunos que requirieron el padrinazgo de Fernando de la Rúa o de Eduardo Duhalde finalmente serán ahijados de Kirchner, puesto que el beneficio sólo se efectiviza al momento del ser bautizado.
"Me manda el Presidente"
Entonces un delegado presidencial, que puede ser el gobernador provincial, el intendente o hasta el jefe de correos del lugar, oficia de padrino en la ceremonia de bautismo y entrega la medalla enviada por el primer mandatario.
Actualmente, el beneficio incluye además una beca para la escolarización primaria, secundaria y terciaria del niño.
La mayoría de los ahijados provienen de las zonas más pobres del país, con familias de muy pocos recursos. Por eso, el Departamento de Padrinazgos se convirtió en una suerte de oficina de ayuda social, donde tratan de canalizar los pedidos de toda índole de esas familias (vivienda, trabajo, alimentos, medicamentos) a instituciones u organismos que puedan ayudarlos.
Por el momento, Buenos Aires encabeza el ranking de distritos más prolíficos en ahijados presidenciales, con cerca del 30% de los pedidos. Le siguen Tucumán, Santiago del Estero y Salta, y más atrás, Córdoba, Chaco, Entre Ríos y Santa Fe.
Mi padrino, el zar
Los antecedentes del beneficio pueden buscarse en la "hidalguía de bragueta" que España otorgaba al padre de siete hijos varones, o el padrinazgo de Juan Manuel de Rosas para algunos séptimos hijos de las familias negras, presumiblemente para ahuyentar el temor a que el niño se convirtiera en lobisón.
Sin embargo, según documentación del Museo de la Casa de Gobierno, el padrinazgo presidencial surgió por pedido del agricultor ruso Enrique Brost, quien en 1907 le solicitó al presidente José Figueroa Alcorta que apadrinara a su séptimo hijo varón, de acuerdo con la costumbre de la Rusia zarista.
El bautismo fue en Coronel Pringles, donde vivían los Brost, y el presidente delegó su representación en el jefe municipal del lugar.
El cura que celebró la ceremonia se apellidaba Alfonsín, y nadie sabe si era familiar del que luego se convirtió en presidente.
Sin embargo, sólo en 1973, durante el tercer gobierno de Perón, el padrinazgo presidencial se instituyó oficialmente mediante el decreto 848 y desde entonces se amplió a la séptima hija mujer. Y para seguir con la igualdad de los sexos, en 1974 se estableció el "madrinazgo presidencial", durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón.



