
En el refugio de Pino, la batucada de la derrota
En el búnker no admitieron el tercer puesto hasta entrada la noche; Solanas se cobijó en la calidez de su esposa, la brasileña Angela Correa
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Lo que importa es competir. Ese consuelo fue el que reinó en el entorno de Pino Solanas tras conocer los resultados que le dieron a su fuerza un 12,8 por ciento de los votos, muy lejos del ballottage que muchos habían soñado la noche anterior, a pesar de las encuestas.
Es que, tanto el líder de Proyecto Sur como su fiel y pequeño núcleo de seguidores, lograron extraerle a la derrota electoral, una victoria personal. "Hicimos todo sin recursos, frente a la polarización que instalaron el kirchnerismo y el macrismo con sus aparatos y la complicidad de los consultores. Más no podemos pedir", reflexionó uno de los jóvenes colaboradores cuando culminaba la velada.
Minutos antes, Pino Solanas le había levantado el ánimo con su discurso, en la que fue su única aparición dentro del local partidario. "Logramos ser el único proyecto alternativo a los dos gobiernos. Esta fuerza ha venido para quedarse", les aseguró el diputado al admitir el tercer lugar.
Fue entonces cuando la tensión aflojó, los gestos de tristeza cedieron y los militantes se abandonaron al ritmo del candombe con una batucada en medio de la calle Hipólito Yrigoyen al 800, frente al centro de campaña del Movimiento Proyecto Sur.
Allí, comandaba Flexa, hijo de la actriz brasileña y esposa de Solanas, Angela Correa, con quien el candidato permaneció refugiado durante las horas previas al cierre de urnas.

"Estoy tranquilo, ya no hay nada que hacer", había dicho el diputado a lanacion.com en horas de la mañana en su departamento del microcentro, después de un desayuno tropical y antes de emitir su voto. Su mujer, mucho más cercana a la veta artística de su marido que a las rencillas políticas, comentó que la noche previa se habían distendido con un espectáculo de blues.
"A Pino le cuesta estar quieto, pero traté de distraerlo y acompañarlo. El ya dio todo en esta campaña", dijo a esta cronista con un español con tintes cariocas.
A pulmón. Pero el movimiento en el entorno de Solanas retornó avanzada la tarde del domingo, de la mano de la militancia joven que irrumpió en el búnker de Proyecto Sur. No estuvo el despliegue del búnker de Mauricio Macri ni la comunidad artística que se reconoció kirchnerista en la campaña. Allí, la escasez de recursos se reemplazó con buena energía y el humilde catering se compensó con la mística de la mateada.
Ilusionados por la posibilidad de que el voto independiente los sorprendiera en el último minuto como ocurrió en 2009, entre los presentes quedó fuera del guión cualquier "boca de urna" o encuesta privada: en una oficina recluida en el interior del local partidario, un grupo de jóvenes convirtió al refugio en lo que denominó el "centro de cómputos".
Colaboradores recibieron datos de voluntarios desde distintos puntos de la ciudad y llevaron un recuento propio. "Vengo de onda, mañana tengo que laburar temprano pero acá estoy", comentó uno de los seguidores de Pino Solanas. A su lado, sus compañeros prometieron "dejar de fumar" y "caminar desde el Obelisco hasta Luján", si Pino lograba entrar al ballotage.
Faltazos. La militancia también llenó, en parte, el vacío que dejaron los endebles aliados políticos de Solanas. Ya desde temprano, en el círculo íntimo del candidato sabían que no contarían con la presencia de Hermes Binner en el búnker. A pesar de que lo había acompañado en un acto de campaña esta semana, el líder del partido Frente Amplio Progresista, que irá separado de Proyecto Sur para las presidenciales, no quiso estar presente en la derrota porteña.
Pero los faltazos no terminaron en el santafecino. Tampoco quisieron aparecer en la foto de la derrota los dirigentes del GEN, del socialismo o de Libres del Sur. Ni siquiera Claudio Lozano (de Buenos Aires para Todos) quien logró meter en la Legislatura a una de sus allegadas, Claudia Neira, gracias a los puntos que consiguió la lista de Solanas. "Los errores de Proyecto Sur impidieron conformar la propuesta política de mayorías que los porteños necesitaban", declaró desde otro punto de la ciudad el diputado, que este año tuvo que resignar la candidatura a jefe de gobierno porteño cuando Solanas abandonó la carrera presidencial.
"Flojísimo lo de Lozano, cuando estábamos bien ubicados nos apoyaban y ahora se borraron", comentó un colaborador de Pino, consultado por este medio. "Nos acompañaron cuando todo perfilaba bien y ahora no quisieron aparecer en la foto", acotó otro.
Solo la inminente aparición de Solanas, calmó los ánimos en el búnker, entrada la noche. Es que, en Proyecto Sur, se negaron a admitir el tercer puesto hasta muy avanzado el escrutinio oficial y, sin cifras de la evolución del conteo en las pantallas del búnker, la impaciencia se hizo sentir.
Pero Pino, aclamado apareció, escoltado por su candidata presidencial, Alcira Argumedo, sus postulantes a diputados nacionales, Vilma Ripoll y Mario Mazzitelli y su actual referente en la Legislatura, Julio Raffo. "Vamos a estar presentes en toda la Nación. Esta fuerza ha venido a gobernar no sólo a dar testimonio. Le dejo mi más emocionado abrazo a la militancia", alentó Solanas.
Fue entonces cuando retornaron algunas sonrisas, las banderas verdes de Proyecto Sur coparon la calle y los militantes salieron a festejar por las cuatro bancas conseguidas en la Legislatura, en un logro que asumieron como propio.
Allí, la independencia se resaltó más que nunca. "A votar en blanco", fue la consigna que murmuraron para la segunda vuelta del 31 de julio. Será una batalla de la que otros deberán ocuparse.





