
El silencioso y poderoso secretario
Ramón Hernández llegó a ser más influyente que un ministro
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Desde que comenzó su relación con Carlos Menem, hace más de 20 años, hizo de la discreción un dogma. Fue la sombra del ex presidente durante sus diez años de gobierno. Cultivó el segundo plano y desde allí se convirtió en un hombre poderoso, que alcanzó más poder que cualquiera de los ministros que tuvo el menemismo.
Nadie podía hablar con Menem, salvo sus familiares, sin pasar por el filtro de Ramón. Manejaba el teléfono celular de su jefe. Era hasta el que elegía el color de las medias que usaba el entonces presidente. Fue el personaje más influyente de la llamada "carpa menemista" (como se le decía al grupo de hombres de confianza del ex presidente que pasaban con él los fines de semana en Olivos, viendo fútbol o jugando a las cartas).
Desde que su "jefe" entregó la banda presidencial a Fernando de la Rúa, él dejó de hacer su trabajo. Pero siempre estuvo cerca. Desde que el juez Jorge Urso detuvo a Menem por la causa de la venta ilegal de armas a Croacia y Ecuador durante el menemismo, Hernández fue el primero en visitarlo en la quinta de Don Torcuato.
Siempre está bronceado, con sus anteojos negros y el pelo corto. Trata de que no lo vean. Nunca habla con los periodistas. No le gusta. Sin embargo, durante el gobierno menemista aparecía en las revistas del espectáculo rodeado de modelos y famosos, como Diego Maradona, Guillermo Cóppola, y Ricardo Piñeiro, dueño de una importante agencia de modelos.
En su juventud fue agente policial en La Rioja. Conoció a quien años después sería su jefe jugando al básquetbol. Hernández mide 1,90 metro y fue basquetbolista varios años. En 1978 se mudó a Buenos Aires.
Siempre juntos
De Menem nunca se separó. El entonces presidente lo nombró su secretario privado; cobraba 3300 pesos. Primero compartió la función con Miguel Angel Vicco, que debió dejar el cargo cuando quedó sospechado de vender leche en mal estado.
Hernández siguió. Siempre se jactó de no haberse metido directamente en política. "Trabajo muchas horas para lo que el Presidente me indique", era su definición sobre su trabajo. Su figura estuvo ligada a personajes de la farándula y la noche. Estuvo tenso cuando detuvieron a Cóppola, su íntimo amigo, en una causa de drogas, y cuando cenó con el empresario Poli Armentano la misma noche en que éste fue asesinado. Nada lo alejó de su función. Llevarse mal o bien con él significaba para los menemistas tener o no llegada al ex presidente.
Para Zulema Yoma, ex esposa de Menem y madre de su hija Zulemita y del fallecido Carlitos, era un personaje nefasto, a quien acusó de "ocultar el crimen" de su hijo. Hernández nunca contestó sus acusaciones.
Hoy, al descubrirse su supuesta cuenta millonaria en Suiza, rompió una tradición de años y por primera vez redactó un comunicado para negar el hecho. Para un hombre como él, eso significa mucho.



