Elecciones: por qué el Movimiento Popular Neuquino parece imbatible en las urnas
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NEUQUEN (de un enviado especial).- Los resultados de la elección a gobernador de Neuquén ratificaron la hegemonía del Movimiento Popular Neuquino (MPN), un partido que, pese a que en los últimos años demostró señales de debilidad, logró conservar el poder que ostenta en la provincia desde 1963.
Dueño de la mayor estructura partidaria de la provincia, de origen histórico peronista y con un comportamiento sinuoso a lo largo de los años, el MPN volvió a ratificar que la mayoría de los neuquinos está conforme mantenerse al margen de los partidos que gobiernan la Nación.
El espacio que hoy lidera el gobernador Omar Gutiérrez tiene un archivo de orientaciones políticas variopintas que de alguna manera justificaron por tantas décadas su permanencia en lo más alto del poder provincial.
El partido suele ser señalado por sus opositores por históricamente mantener buenas relaciones con los oficialismos nacionales, sean del color político que sean. Durante el gobierno de Cristina Kirchner , por ejemplo, el gobernador de ese momento, Jorge Sapag, se mantuvo en el mismo carril que el kirchnerismo, con quien incluso acordaron medidas conjuntas para el desarrollo de Vaca Muerta . Hoy, el gobernador Gutiérrez mantiene un vínculo fluido con el presidente Mauricio Macri , quien lo recibió en Villa La Angostura en plena campaña, al igual que al candidato propio de Cambiemos, Horacio "Pechi" Quiroga.
Pero además del comportamiento del partido puertas afuera, el MPN tampoco tiene una línea única en sus entrañas. Es más, algunas posturas incluso pueden tildarse de antagónicas. Eso quedó evidenciado a fines del año pasado, cuando se llevaron a cabo internas abiertas en el partido para definir al candidato que competiría por un nuevo mandato. Y esas diferencias no se dieron entre fuerzas con una exagerada asimetría de poder, sino entre el propio gobernador, Gutiérrez, y su vice, Rolando Figueroa.

Con cierta exclusión de la política del día a día en el gobierno provincial, Figueroa hizo campaña enfrentándose a su jefe político por la gestión de Vaca Muerta. Mientras Gutiérrez se muestra en sintonía con el macrismo para el desarrollo del yacimiento de petróleo y gas no convencional, Figueroa cuestionó que la gestión dejaba una amplia mayoría de la renta petrolera y gasífera fuera de Neuquén y planteó un modelo de trabajo distinto en la región. Dentro de un mismo partido, había propuestas para todos los gustos.
Otra muestra de los vaivenes del MPN: Sapag fue el padrino político de Gutiérrez en 2015, cuando accedió al gobierno, y todavía mantienen un vínculo cercano.
Pero al factor político del MPN también se le debe sumar el peso histórico, simbólico y estructural que hoy tiene el partido en esta provincia. La posibilidad sistemática de retener el poder elección tras elección se explica en la dimensión que adquirió el espacio, que existe en Neuquén desde que el territorio se convirtió en provincia, en 1954. Desde ese año hasta 1963, atravesando distintas dictaduras y la prohibición del peronismo, el MPN comenzó a abrirse paso como posible partido de gobierno. Estaba a cargo de Felipe Sapag, un peronista.
Al llegar al poder, Sapag dio el puntapié inicial para el desarrollo ininterrumpido del partido. Hoy, el MPN controla la totalidad de los recursos públicos, tiene una base alta y en expansión de empleados estatales y de receptores de asistencia social y utiliza todas las herramientas disponibles de su aparato partidario para mostrarse como un gigante al lado de los partidos de la oposición.
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