
En todo el mundo hay obispados castrenses
Una excepción es Uruguay
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Motivados por la fuerte asistencia espiritual que requieren las situaciones extremas y el contacto diario con la muerte, y también por los tradicionales vínculos que unen el poder del Estado y la Iglesia, en América latina los obispados castrenses existen en la mayoría de los países de la región.
En Chile, por ejemplo, el vicario castrense es designado por la Santa Sede independientemente del gobierno de turno y de las propias fuerzas armadas. El prelado recibe el grado de general de Ejército y participa en esa condición en las reuniones militares.
Desde que la Iglesia se separó del Estado, en 1925, no se recuerda que un gobierno chileno haya entrado en conflicto con un obispo castrense, a pesar de que durante la dictadura de Augusto Pinochet los roces con la Iglesia fueron frecuentes. Así, aunque durante su gobierno mantuvo un duro enfrentamiento con el arzobispo de Santiago, monseñor Raúl Silva Henríquez, Pinochet sólo logró que el Vaticano lo reemplazara por otro obispo al cumplir los 75 años.
En Brasil, la función de vicario castrense fue creada en 1990, cuando el gobierno de José Sarney hizo un acuerdo con la Santa Sede para crear un seminario militar en ese país.
Allí tampoco hay antecedentes de polémicas entre autoridades políticas con el arzobispo militar. Por otro lado, la Iglesia brasileña también tiene capellanes evangélicos pentescostales.
Una de las excepciones que confirma la regla es Uruguay, donde desde 1917 -cuando entró en vigor una reforma constitucional que desligó totalmente la Iglesia del Estado- no existe presencia religiosa alguna en los organismos estatales, incluidas las Fuerzas Armadas. Así, en el Uruguay, el Vaticano es tratado como un Estado extranjero más.
Italia, en cambio, tal vez el país europeo con mayor tradición católica, cuenta con un "ordinario militare", como se llama allí al vicario castrense. El obispado militar -organizado sobre la base de una Constitución Apostólica firmada en 1996- fue erigido para asegurar la asistencia espiritual a los fieles con actividades ligadas a las Fuerzas Armadas, y cuenta con la colaboración de capellanes militares.
En Estados Unidos, la arquidiócesis para los servicios militares existe desde 1939, cuando el papa Pío XII designó al cardenal Francis Spellman, arzobispo de Nueva York. Hoy, esa arquidiócesis sirve a unos 1.400.000 católicos, que incluyen 375.000 en uniforme y unos 900.000 familiares, además de otros que están en la reserva, en la guarda de las costas o en los hospitales de veteranos de guerra. El servicio comprende a unos 1000 sacerdotes, acompañados por laicos.






