En Tribunales piensan que la decisión de Rafecas diluyó el impulso de la marcha del 18-F

Colegas del magistrado opinan que su sentencia debilita la posición de otros jueces con causas que involucran a funcionarios del gobierno nacional
Hernán Cappiello
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27 de febrero de 2015  

Minutos después de las 13 de ayer, el juez Daniel Rafecas y el fiscal Gerardo Pollicita se encontraron frente a frente. El magistrado había convocado al fiscal a su despacho para explicarle su resolución. No trascendió lo que se dijeron a puertas cerradas: sólo que Rafecas afirmó que el fallo fue el producto de su sincera convicción, y dijo que cuando Pollicita respaldó la denuncia de Nisman no había tenido ante sus ojos otros elementos que le aportaron el Gobierno y la Unidad AMIA, que a juicio del magistrado quitaban entidad a la acusación contra la Presidenta.

Pollicita salió del encuentro en el tercer piso de Comodoro Py 2002 visiblemente golpeado por el efecto de la resolución judicial. Subió por la escalera los dos pisos que lo separaban de su propia oficina y se puso a trabajar con sus tres secretarios en la apelación. Palpó en ese momento su vulnerabilidad y lo expuesto que, tras la sentencia, había quedado a un pedido de jury.

En su fiscalía analizaban dos escenarios posibles para la apelación: uno técnico y casi ascético, que era fundarla en que el fallo de Rafecas es prematuro porque no se hizo ninguna medida probatoria. Otra opción que se analiza es contestarle los argumentos de fondo, uno a uno.

El fallo del juez Rafecas conmovió a Tribunales. No había quien no lo comentara y sugiriera soluciones alternativas a las que tomó el magistrado: podría haberse excusado, delegado el caso en el fiscal, haber ordenado medidas de prueba y meses más tarde desestimar la denuncia; haber dejado afuera a la Presidenta y a Timerman, y seguir investigando al resto; podría haber...

Nada de esto hizo Rafecas, que prefirió cortar de cuajo la denuncia de Nisman con la misma vehemencia que utilizó Nisman al redactar su denuncia contra la Presidenta.

Los efectos de su fallo se proyectaron al instante sobre la política: el nuevo gabinete y su jefa ayer sonrieron, y también sobre Tribunales, donde se interpretó que la sentencia diluyó de un plumazo el efecto de la Marcha del Silencio en homenaje a Nisman, debilitó a los jueces y fiscales que avanzaron los últimos meses contra el Gobierno y desarmó el argumento oficial sobre la existencia de un "Partido Judicial".

"Rafecas gastó de una cuenta que no era la suya. Dilapidó lo que otros consiguieron", dijo uno de sus colegas, que ironizó: "Se olvida de que después de marzo de 2015 viene un enero de 2016".

Rafecas, que hasta ahora había sido aplaudido por la comunidad judía, pues se convirtió en un experto en el Holocausto, lo que lo llevó a escribir un libro y dar conferencias en todo el mundo, ahora se enfrentó con un sector de la AMIA y la DAIA. Y con respecto a sus colegas, el fallo no hizo más que alejarlo un poco más de lo que estaba hasta ahora.

Rafecas siempre se jactó de estar lejos de los sectores de la Justicia que se dejaban influir por el ex agente de la Secretaría de Inteligencia "Jaime" Stiuso y de no comulgar con operaciones que vinieran de ese sector.

Impulsado por el ex procurador Héctor Righi, fue puesto en funciones por Néstor Kirchner. Llegó a Tribunales como la "esperanza blanca" que iba contribuir a purificar el fuero federal. Trabajó en causas de derechos humanos y se ganó la simpatía de un sector del Gobierno.

Hasta que intervino en el caso Ciccone, cuando su carrera se ensombreció. Ordenó a pedido del fiscal Carlos Rívolo allanar el departamento del vicepresidente, pero al poco tiempo unos mensajes de texto que intercambió con un abogado allegado a Amado Boudou lo pusieron en problemas.

El vicepresidente, defendido por el estudio de Darío Richarte, ex número dos de la SIDE y cercano a los servicio del inteligencia del ala de Stiuso, eligió defenderse de las acusaciones por Ciccone haciendo públicos los mensajes de texto que Rafecas envió al abogado allegado al vicepresidente. Boudou incineró esa Semana Santa de 2012 a Rafecas en el Senado, forzó su apartamiento del caso Ciccone y la renuncia de Righi. Ese día, el juez se ganó una denuncia en el Consejo de la Magistratura, aún abierta.

El otro enfrentamiento con el sector de la SIDE de Stiuso ocurrió tras la causa de las coimas en el Senado. Rafecas había investigado el caso y procesado al ex presidente Fernando de la Rúa y a su ex jefe de la SIDE Fernando de Santibañes, defendido por el estudio de Richarte. Pero el Tribunal Oral Federal N° 3 los absolvió en un fallo en el que mandó a investigar a Rafecas.

Colegas suyos comentaban ayer estos antecedentes y decían no recordar haber desestimado una denuncia que hubiera tenido impulso del fiscal.

La oposición , entre la crítica y la resignación

Elisa carrió

Diputada Coalición Cívica

"Todo cierra, Wado debe haber negociado con Rafecas para que no investigue a Cristina"

Ernesto sanz

Senador UCR

"La denuncia de Nisman merecía otro final. Un mínimo de compromiso a producir pruebas antes de desestimarla"

Graciela ocaña

Legisladora porteña Confianza Pública

"Rafecas decretó la segunda muerte de Nisman. Lo recordaremos por eso"

Patricia bullrich

Diputada Unión PRO

"Más allá de que nos guste o no lo que dice Rafecas, aceptamos lo que la Justicia diga"

Margarita stolbizer

Diputada GEN

"El pacto con Irán, las escuchas son elementos reales que merecen ser analizados (...) Es respetable (el fallo)"

Gerardo morales

Senador UCR

"Es el mismo juez que cajonea una contundente denuncia por enriquecimiento ilícito de Milani"

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