Fuerte malestar en España por la ausencia de Cristina

No cayó bien la decisión presidencial de no ir a Cádiz, pero más disgusto generó que no avisara previamente
Martín Dinatale
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12 de noviembre de 2012  

Las excusas de "prescripción médica" no convencieron a España y un fuerte malestar se instaló en Madrid no sólo por la decisión de Cristina Kirchner de faltar a la Cumbre Iberoamericana de Cádiz , que se hará el próximo viernes, sino también por las formas en que la Casa Rosada manejó el anuncio del desplante. Ningún funcionario del Gobierno avisó previamente a la diplomacia española sobre la ausencia de la Presidenta, y Mariano Rajoy se enteró por la prensa sobre la decisión de la jefa del Estado de no ir a la Península Ibérica.

A pesar de los gestos de distensión que trató de ofrecer luego el embajador argentino en España, Carlos Bettini, con una "carta cariñosa" dirigida al canciller José Manuel García-Margallo, la administración de Rajoy está muy molesta con la Argentina. La misiva que envió Bettini sólo fue una muestra del fracaso de sus gestiones en Buenos Aires para tratar de convencer a la Presidenta en persona que viaje a Cádiz.

"La embajada nunca recibió un comunicado oficial sobre la decisión de la Presidenta de no ir a Cádiz. Nos enteramos por los medios", explicó a LA NACION el vocero de la sede diplomática española en Buenos Aires. El comunicado de la Unidad Médica de la Presidencia que explicaba que Cristina Kirchner no irá a Cádiz para "evitar un esfuerzo adicional" de salud nunca llegó a las manos del embajador Román Oyarzún, que se enteró por la prensa, y ello se evaluó como "una falta de cortesía elemental". Para España, la Argentina no sólo tensó más la cuerda de una relación ya crispada con Madrid, sino que a la vez no respetó las reglas mínimas de la diplomacia que exigen avisar previamente por los canales oficiales sobre las decisiones de alto nivel.

Tampoco para Madrid resultó satisfactoria la excusa que dio el Gobierno para eludir el viaje. En el comunicado de la Unidad Médica de la Presidencia, que dirige Luis Buonomo, se dijo que Cristina Kirchner no podrá ir a España por "la realización de alrededor de 40 horas de vuelo para una permanencia en Cádiz de sólo 36 horas junto al padecimiento de jet lag por la diferencia horaria existente entre la Argentina y España". Ante ello, un funcionario de La Moncloa se preguntó con ironía: "¿Tantas horas tarda un avión de Aerolíneas Argentinas para ir y volver a España?".

Menos aún comprendió la diplomacia española que los médicos que aconsejaron a la Presidenta no ir a Cádiz avalaron al mismo tiempo que viaje a Brasilia y a Lima para reuniones que tendrá a fines de este mes.

Fuentes calificadas de la diplomacia española dijeron que en los próximos días habrá un duro mensaje de España hacia la Argentina. No hay más detalles por ahora.

El embajador Oyarzún no quiso hablar con LA NACION. Su silencio graficó claramente el clima de malestar que hay en la administración española con la Argentina. Hace apenas dos semanas, el diplomático había expresado: "Hice todo lo que estuvo a mi alcance para lograr un reencuentro de la Presidenta con España porque estoy convencido de que hay que superar las diferencias y mirar hacia adelante". Ese esfuerzo incluyó un amplio recorrido del embajador por todos los ministerios para ajustar la agenda de la cumbre y darle una hilada fina al documento final de la reunión de presidentes con la clara intención de no herir orgullos de un lado u otro del Atlántico.

Otro intento fallido

Tampoco fue suficiente el esfuerzo de la administración de Rajoy de enviar a Buenos Aires el jueves pasado a Fernando López-Amor, el diputado del Partido Popular (PP), para dar muestras de distensión. El legislador que responde al gobierno español estuvo en un encuentro de la Fundación Época, que dirige el ex funcionario menemista Roberto Dromi, y se reunió con funcionarios de la Cancillería. En todos lados mencionó sin más vueltas que "el hecho de que haya habido desencuentros puntuales [entre España y la Argentina] no significa que no exista ese afecto. Es importante saber que no hay rencor de uno y de otro, ni espíritu de revancha, sino que hay un espíritu de futuro", expresó. No hubo caso: el desplante presidencial ya estaba decidido.

Como adelantó LA NACION hace diez días, finalmente irán a la Cumbre Iberoamericana el vicepresidente, Amado Boudou, y el canciller Héctor Timerman. Según se supo, la Presidenta no quería encontrarse con Rajoy en el mismo momento en que Repsol presentará los reclamos de indemnización por la expropiación de YPF en el tribunal internacional del Ciadi. Aunque, según la diplomacia española, este problema estaba subsanado con antelación: los funcionarios españoles habían acordado con los directivos de Repsol postergar esa presentación judicial para esperar un gesto de Cristina Kirchner en la cumbre de Cádiz. Pero la decisión presidencial de pegar un faltazo responde precisamente al tema de fondo: el Gobierno no está dispuesto a pagar a Repsol la indemnización y recurrirá a los tribunales internacionales para dar allí la pelea como lo hizo con otras empresas.

Repsol ya oficializó la ejecución de un 5,38% de acciones de la petrolera YPF que el grupo Petersen, de la familia Eskenazi, había puesto en garantía por un préstamo de 1500 millones de euros que le concedió para comprar un 25% de YPF. El próximo paso de Repsol será ir al Ciadi para reclamar al Gobierno.

La ausencia de Cristina Kirchner en Cádiz será imitada sólo por sus pares de Venezuela y Cuba. En la cumbre, los presidentes discutirán sobre la previsibilidad política ante una economía mundial en crisis, un tema que al parecer España conoce muy bien de la Argentina.

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