Historias de novela detrás de un escándalo que sacudió al mundo

Una imagen de "Nada es privado", el documental de Netflix sobre el escándalo de Cambridge Analytica
Una imagen de "Nada es privado", el documental de Netflix sobre el escándalo de Cambridge Analytica Crédito: Netflix
Hugo Alconada Mon
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20 de septiembre de 2019  • 19:35

Bajo reserva de sus nombres, quienes trabajaron para Cambridge Analytica junto a Alexander Nix cuentan historias de novela que niegan en público. Hablan de supuestos vínculos con la CIA y la KGB o el servicio de espionaje británico. Detallan cómo plantaron micrófonos en una casa en Guatemala. O sobre cómo trabajaron encubiertos en países tan disímiles como Estados Unidos, Paraguay, Egipto, Haití o Uganda. Pero luego, bajo la presión de las preguntas, retrucan que el documental "Nada es privado", que estrenó Netflix, está "muy inflado" y que no fue para tanto. "La gente lo que quiere es show", indicó a LA NACION una fuente que conoce a Nix, o "Bertie", desde hace más de 20 años.

Esa dicotomía entre las palabras públicas y privadas de Nix y sus acólitos -inmortalizadas en una cámara oculta del canal 4 del Reino Unido- es una de las razones que impulsó a Damian Collins, como presidente del "comité selecto" del Parlamento Británico, a investigar qué es, qué hizo y que hay detrás de Cambridge Analytica. Pero reclama que lo mismo ocurra en otros países donde Nix desplegó sus operaciones.

"Es importante que se desarrollen investigaciones alrededor del mundo para destapar el alcance del trabajo de Cambridge Analytica", indicó Collins a LA NACION. "Eso incluye precisar qué hicieron, quiénes trabajaron en sus campañas y cómo se financiaron. Eso nos ayudará a todos a comprender cómo estaban recolectando información sobre los votantes y cómo los estaban bombardeando con mensajes personalizados", precisó.

Miembro del Partido Conservador, Collins planteó: "Es necesario garantizar que nuestras leyes electorales estén actualizadas para que nadie pueda abusar de la tecnología para modificar el resultado de una elección sin que la sociedad sea capaz de ver quién lo está manipulando y quién está pagando por esa manipulación".

Ese argumento -es decir, la falta de regulación legal de las tecnologías utilizadas- fue uno de los argumentos recurrentes de todas las fuentes de Cambridge Analytica o cercanas a Nix consultadas por LA NACION durante los últimos meses. Una y otra vez plantearon, por separado, que solo se movieron por una "zona gris que entonces no estaba regulada".

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